Actividades cotidianas

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Actividades cotidianas

Cuando el Maestro que vive en nuestro Corazón está presente y nos encontramos en estado de coherencia, los placeres normales del ego no son negados o desvitalizados, ni siquiera el placer sexual. Al contrario. Son acogidos y transformados, revitalizados, enriquecidos, clarificados y, en consecuencia, llevados a un grado de intensidad mucho más elevado que aporta a nuestras vidas un inmenso gozo, una profunda satisfacción y una gran libertad en lugar de decepción, cansancio y agotamiento. El placer sexual vivido con el único objetivo de la reproducción o de satisfacción sensual egoísta resulta bien pobre comparado con el placer vivido en la unión y el amor. Lo mismo ocurre con todas nuestras actividades, cualesquiera que sean, profesionales, familiares, de colaboración o de creación.

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Según el camino que tome la conciencia, las actividades cotidianas pueden ser vividas en medio del gozo y la felicidad del alma o en el ciclo de insatisfacción y del “nunca es bastante” del ego.

El hecho de vivir lo cotidiano a la luz del alma, hace que vivir sea en sí mismo un gran placer y, además independiente de las circunstancias. Ya no dependemos de los mecanismos exigentes del ego para sentir un poco de gozo. Lo tenemos siempre, cualesquiera que sean las circunstancias. ¡Somos libres!

En general no asociamos el placer con la actividad profesional. Sin embargo, como bien sabemos, uno no es verdaderamente feliz más que si realiza un trabajo que le gusta, porque sólo entonces está implicado el Corazón. Entonces el trabajo alimenta, inspira, da energía. Ahora bien, en la sociedad actual no parece que el criterio fundamental para elegir un trabajo sea que a uno le guste. A la gente joven le decimos: “la vida es difícil y tu prioridad ahora es ganarte el pan. Busca un trabajo que te dé dinero (seguridad y placeres del ego) y poder”. Son criterios horizontales verdaderamente catastróficos, que nunca aportarán felicidad. Ahora ya sabemos por qué. Pero a la masa se la mantiene en esa especie de hipnosis colectiva haciéndola creer que estamos en un mundo de carencia y que el trabajo sólo sirve para asegurar la supervivencia. El poder establecido manipula conscientemente los mecanismos del ego para hacer trabajar a la gente en su provecho. Pero elegir un trabajo cualquiera simplemente para tener un sueldo es “perder la vida ganándola”. Es no confiar en el poder creador del Maestro que reside en el Corazón. Cuando nos conectamos con ese poder, como sabemos ahora, se presentan magníficas sincronicidades, y todos los milagros son posibles. En la actualidad hay muchas personas que se encuentran en ese punto; personas que cambian radicalmente de profesión dejando atrás una (falsa) seguridad y muchas pseudos-ventajas para hacer “lo que les gusta”. Requiere mucho valor, porque supone un grandísimo desapego frente al ego. Pero es un paso importante hacia la manifestación de esa presencia silenciosa que es el Maestro del Corazón.

Si la alegría desaparece de nuestro trabajo, es porque no actúa el Corazón. Hemos vuelto a caer en el mundo ordinario.

Pasamos la mayor parte de la vida en el trabajo. Realizar un trabajo que nos guste nos lleva de modo natural al estado de coherencia en lo cotidiano, con todos los beneficios que eso reporta. De modo que elegir el trabajo siguiendo ese criterio no es un capricho sino una necesidad vital, no sólo para ser felices sino también para que el mundo se beneficie de nuestras posibilidades de creación y de colaboración.

Aprender a celebrar la vida, cultivar el verdadero gozo que procede del alma y de un profundo amor a la vida en medio de la alegría, la serenidad y el buen humor tanto en las grandes como en las pequeñas cosas permite ofrecer al mundo un “pan” que alimenta realmente. Así, en cada instante, en medio del gozo, nos aproximamos cada vez más al Maestro que reside en el Corazón.

Para que las prácticas de desarrollo espiritual resulten eficaces (sobre todo ellas, podríamos decir) deben hacerse con gusto, como cualquier aprendizaje, sin tensión, con alegría, pues eso es lo que favorece la circulación de la energía y lo que abre el Corazón. Y cuando abrimos el Corazón, todas las actividades, cualesquiera que sean, se convierten en un gran juego porque ya no hay apego ni carencia, ya no hay miedo ni tensión ni estrés (algunas personas de las que se llaman “espirituales” son a veces un poco extrañas. Parecen haber perdido el placer profundo de vivir… que es, sin embargo, la intención fundamental del alma). Ni siquiera se trata ya de alcanzar un objetivo personal, por espiritual o elevado que pueda parecer. ¡Cuántas personas en busca de iluminación se dejan atrapar y manipular por todo tipo de enseñanzas sobre el tema! El secreto del Maestro que reside en el Corazón es que todo está disponible en cada instante y que, para obtener lo que necesitamos, basta abrir el Corazón, con serenidad, sin tensión, y disfrutar plenamente de los beneficios del universo, aquí y ahora… Entonces podremos irradiar generosamente al mundo nuestra luz… con una actitud de apertura y flexibilidad nada fácil para la mente, que quiere comprenderlo todo para, una vez más, controlarlo todo…

En el corazón es donde se integran el gozo y la aspiración espiritual.

Annie Marquier: El Maestro del corazón, cap.  18-I

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