Hoy pensaba o más bien recordaba, a las personas que han pasado por mi vida y qué pocas, realmente, se han quedado en ella. Podríamos verlas como chispas de luz que, en un momento determinado, iluminan nuestra alma, también nosotros la suya. No elegimos quienes vendrán, simplemente llegan a nuestro lado dejando una impronta, una huella que se disuelve poco a poco, al igual que las olas diluyen las marcas de la arena en la orilla del mar. Pero no hay duda, llegan en el momento oportuno y necesario. Algunas cumplen su misión y cuando esta acaba, desaparecen. Otras pueden quedarse para siempre.

La amistad es un gran regalo de la vida. Es como encontrar otro yo con quien te identificas pero sin tu yo, es decir sin egocentricidad.

No existe dos yoes sino uno solo, pura simbiosis. Dicen que “amigo proviene de la palabra latina amicus que en latín arcaico fue ameicus y amecus, se deriva sin duda del verbo amare (AMAR). Amicus y amica son aquellos relacionados  con el amor, aquellos que te aman” (1). No puede haber mejor ni mayor definición sobre la amistad y sobre los amigos.

Entonces la Amistad real y verdadera está relacionada con el puro amor. Amor sin exigencias. Amor sin demanda. Amor hecho de empatía y altruismo. Es verse en el otro en olvido de uno mismo.

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Esto significa que, cuando alguien así, penetra en mi presencia permite claridad en la visión. El amigo verdadero no se abstiene de decir lo que realmente siente y piensa aunque a veces no sea lo que queramos oír. Simplemente muestra el camino que me conviene a pesar de mis reticencias. Me ayuda a ver, sus ojos son los míos, su corazón late a mí compás. Y llega el momento en el que las palabras, a veces,  son innecesarias.

Encarna Penalba

 

 

 

(1) http://etimologias.dechile.net/?amigo.