Bienestar de los demás

Bienestar de los demás
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Bienestar de los demás

El sano auto-interés incluye la preocupación por el bienestar de los demás, mientras que el egoísmo hace caso omiso de los otros. El interés propio no es destructivo para los demás y por lo tanto es íntegro y aumenta la autoestima. El egoísmo es separatista y busca ganar a costa de los demás, dando lugar a una pérdida de la autoestima interna. Es por tanto, vulnerable, no íntegro, y una ilusión de auto-inflación que lleva a la pérdida del auto-respeto.

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Una ilusión que impulsa el deseo y el ansia es que el objeto del deseo se ha vuelto imbuido de una exagerada importancia y significación, que resulta en un valor inflado y atractivo. Una vez que el objeto ha sido adquirido, pierde su aura mágica y esa seductora imagen que es ahora proyectada hacia el siguiente objeto de deseo. Esto es bien conocido en el ámbito de las relaciones sexuales donde conquistar es la meta y el atractivo del objeto deseado por capricho se desvanece rápidamente.

El objeto perseguido, por tanto, no existe en Realidad, y lo que se persigue es la promesa ilusoria del valor inflado. El glamour seductor de la atracción es una proyectada inflación del ego que utiliza el objeto deseado como una fuente de felicidad. Cuando la verdadera fuente de la felicidad proviene del interior, lo deseado o el deseo no pueden ser satisfechos debido a que son una proyección constante de lo especial sobre el exterior y por tanto la persecución de una fantasía. Cuando un deseo se vuelve realizado y satisfecho, el foco se desplaza al siguiente objeto de deseo en una procesión interminable, como la zanahoria y el palo.

A medida que la conciencia evoluciona a través de la entrega progresiva de los posicionamientos, el mecanismo del deseo con el tiempo desaparece y la satisfacción surge de la realización de las metas interiores. El sentimiento de autosuficiencia reemplaza las necesidades cuando la fuente de la felicidad se encuentra en el interior. Lo que necesita ser entregado no son los objetos de deseo, sino la cualidad del deseo y el imbuir los objetos con inflación mágica de valor. Bajo investigación, esta inflación será descubierta simplemente una energía animal. Para sobrevivir, el animal está en constante búsqueda externa. La mayoría de los comportamientos supuestamente humanos no se diferencian de la muestra que uno puede observar en cualquier comunidad de primates. La principal diferencia que verás es que aunque los primates vocalizan, dependen en mayor medida del lenguaje corporal para comunicarse.

David R. Hawkins: Yo, Realidad y Subjetividad, cap. XIV

 

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