Cambio del ser

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Cambio del ser

Las cuestiones correctas, los problemas correctos son los que se refieren al ser y al cambio del ser, cómo hallar los lados débiles de nuestro ser y cómo luchar contra ellos. Debemos entender que, antes de adquirir conocimiento nuevo, debemos darnos cuenta de nuestras limitaciones y del hecho de que nuestras limitaciones son realmente limitaciones de nuestro ser. Nuestro conocimiento permanece en el mismo nivel. Crece en cierta dirección, pero este crecimiento es limitadísimo. Debemos ver en qué campo restringido vivimos, siempre engañándonos, siempre imaginando cosas que son diferentes de lo que somos. Pensamos que es facilísimo cambiar algo, pero sólo cuando lo intentamos sinceramente nos damos cuenta cuan difícil, cuan casi imposible es. La idea del cambio del ser es la idea más importante de todas. Las teorías, los sistemas, los diagramas son sólo una ayuda; ayudan a la concentración y a pensar bien, pero sólo puede haber un solo objetivo real, y ese es cambiar nuestro ser, pues si queremos cambiar algo en lo que entendemos del mundo, debemos cambiar algo en nosotros mismos.

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Se formula una pregunta sobre quién es capaz de subir esta escalera, ascenderla y llegar al Camino. El señor Gurdjieff respondió usando una palabra rusa que puede traducirse como «Amo de Casa». En la literatura india y budista este es un tipo muy definido de hombre y un tipo de vida que puede llevar a uno hasta el cambio del ser. «Snataka» o «Amo de Casa» significa simplemente un hombre que lleva una vida corriente. Tal hombre puede tener dudas sobre el valor de las cosas corrientes: puede tener sueños sobre posibilidades de desarrollo: puede acudir a una escuela, después de una larga vida o al comienzo de la vida, y puede trabajar en una escuela. Sólo de entre tales hombres provienen los que son capaces de subir por la escalera y alcanzar el Sendero.

Las otras personas se dividen en dos categorías: primera, los «vagabundos», y segunda, los «lunáticos». Los vagabundos no significan necesariamente personas pobres; pueden ser ricas y, sin embargo, ser «vagabundas» en su actitud para con la vida. Y un «lunático» no significa un hombre privado de la mente corriente: puede ser un estadista o un profesor.

Estas dos categorías no son buenas para una escuela y no se interesarán por ésta; los vagabundos, porque en realidad no se interesan por nada: los lunáticos, porque tienen valores falsos. De modo que, si intentan ascender la escalera, sólo se caen y rompen el cuello.

Primero es necesario entender estas categorías desde el punto de vista de la posibilidad de cambiar el ser, de la posibilidad del trabajo de la escuela. Esta división significa sólo una cosa: que las personas no están exactamente en la misma posición en relación con las posibilidades del trabajo. Hay personas para las que existe la posibilidad de cambiar su ser; hay muchas personas para las que esto es prácticamente imposible, porque llevaron su ser a un estado tal que, en ellas, no hay punto de partida; y hay aún personas pertenecientes a una cuarta categoría que, por diferentes medios, ya han destruido toda posibilidad de cambiar su ser. Esta división no es paralela con ninguna otra división. Pertenecer a una de las tres primeras categorías no es permanente y puede ser cambiado, pero uno puede llegar al trabajo sólo desde la primera categoría, no desde la segunda o la tercera: la cuarta categoría excluye todas las posibilidades. De modo que, aunque las personas nazcan con los mismos derechos, por así decirlo, pierden sus derechos muy fácilmente.

«Lunático» significa un hombre que corre siempre detrás de valores falsos, que no tiene discriminación correcta. Es siempre formativo. El pensamiento formativo es siempre defectuoso, y los lunáticos se consagran particularmente al pensamiento formativo: esa es su principal afición en un sentido, u otro. Hay muchos modos diferentes de ser formativo.

«En el mundo no hay valores», «Nada vale nada», «Todo es relativo»: esas son las frases favoritas del vagabundo. Pero, en realidad, el vagabundo no es tan peligroso. El lunático es más peligroso, puesto que significa valores falsos y pensamiento formativo.

Lo que determina a qué categoría pertenece un hombre es cierta actitud hacia la vida, hacia la gente, y ciertas posibilidades que uno tiene. Es lo mismo para todas las otras tres categorías. La cuarta categoría es separada.

Sobre esta cuarta categoría, le daré tan sólo unas pocas definiciones. En el sistema, esta categoría tiene un nombre especial, consistente en dos palabras turcas: «Hasnamuss». Una de las primeras cosas sobre un «Hasnamuss» es que nunca vacila en sacrificar a la gente o en crear una enorme cantidad de sufrimiento, tan sólo por sus propias ambiciones personales. Cómo es creado un «Hasnamus», es otra cuestión. Empieza con el pensamiento formativo, siendo un vagabundo y un lunático al mismo tiempo. Otra definición de un «Hasnamuss» es que está cristalizado en los hidrógenos equivocados. Esta categoría no puede interesarle prácticamente, porque no tiene nada que hacer con tales personas; pero se encuentra con los resultados de la existencia de ellas.

Como dije, para nosotros es importante entender las categorías segunda y tercera, porque en nosotros encontramos rasgos de ambas, especialmente de la tercera. A fin de luchar contra la segunda, que es el vagabundo, se necesitan la disciplina de la escuela y una disciplina interior general, porque en un vagabundo no hay disciplina. En un lunático puede haber una gran cantidad de disciplina, sólo que de clase equivocada: toda formativa. De manera que la lucha con el pensamiento formativo es lucha contra lo lunático que hay en nosotros, y la creación de la disciplina y la autodisciplina es lucha contra el vagabundo que hay en nosotros.

En cuanto a las características de un hombre de la primera categoría, es la del amo de casa: para empezar, es un hombre práctico; no es formativo; debe tener cierta cantidad de disciplina, de otro modo no sería lo que es. De manera que el pensar y la autodisciplina son características de la primera categoría. Tal hombre tiene bastante de éstas para la vida corriente pero no bastante para el trabajo, de modo que en el trabajo estas dos características deberán aumentar y crecer. El amo de casa es un hombre normal, y un hombre normal, dadas las condiciones favorables, tiene la posibilidad de desarrollo.

Sabemos que, en el trabajo, uno debe tener la capacidad para el pensamiento práctico y la actitud práctica, y uno debe tener suficiente autodisciplina para aceptar la disciplina de la escuela.

El vagabundo no tiene valores; todo es lo mismo; para él no existen lo bueno ni lo malo; y debido a eso, o en conexión con eso, no tiene disciplina. El lunático valoriza lo que no tiene valor, y no valoriza lo que tiene valor. Estas son las principales características, no es una descripción. El amo de casa tiene por lo menos ciertos valores desde los cuales puede empezar y cierta actitud práctica hacia las cosas. Sabe que si quiere comer, debe trabajar.

Las personas pueden saber muchas palabras bellas, hablar muy fácilmente y, sin embargo, estar muy lejos de la posibilidad de desarrollo.

Lo importante es que en cada uno de nosotros, aunque descubramos que tenemos algunas actitudes prácticas y ciertos valores, una parte importante de nosotros tampoco tiene valores o tiene valores falsos, como el vagabundo y el lunático.

El cambio del ser comienza, en la mayoría de los casos, con volvernos conscientes de algo de lo que antes no éramos conscientes. Pero el ser mismo puede crecer y desarrollarse; nuestro nivel del ser puede cambiar, y paralelamente con eso, crece nuestro conocimiento. El trabajo real es el trabajo sobre el ser, pero el conocimiento ayuda. Al mismo tiempo, el trabajo sobre el conocimiento es también importante, y entonces el ser ayuda, porque, en el estado en que estamos, ni siquiera podemos adquirir mucho conocimiento: será despedazado y dividido entre los diferentes «yoes». A veces, las personas trabajan durante varios años, adquieren información, pero no trabajan sobre su ser. Entonces abandonan, pero no pueden olvidar el conocimiento que adquirieron y éste trabaja en ellas; pero su ser no guarda correspondencia con ello y de ese modo su conocimiento se deforma.

P. D. Ouspensky: El Cuarto Camino, cap. XII