Rutina y hábito

La totalidad de la conciencia es mecánica en el sentido de que es un movimiento, una actividad constante dentro de los límites del placer y el dolor. Para ir más allá de estos límites el hombre ha intentado muchas vías diferentes. Pero pronto de reduce todo a la monotonía del hábito y el placer; y si uno dispone de energía, se vuelve exteriormente muy activo. Ahora bien, todo el sentido de esto es ver, de hecho, no verbalmente, qué es lo que de verdad ocurre. Ver no verbalmente significa ver sin el observador, porque el observador es la esencia del hábito y la contradicción, que son memoria. De modo que el ver jamás es habitual, porque el ver no se acumula. Cuando vemos desde la acumulación, vemos a través de los hábitos. Por lo tanto, el ver es acción sin hábito.

Así que el acto de ver es la única cosa natural; ver la natural herencia animal en nosotros, que es violenta, agresiva y competitiva. Si uno puede comprender esta única cosa que es realmente de importancia primordial –el acto de ver–, entonces no hay acumulación como el “yo”, lo “mío”, entonces no hay formación de hábitos, con la rutina y el fastidio que todo ello implica. Por consiguiente si logramos, ver lo que es, podemos amar.

El deseo de dominar

El deseo de dominar, de imponerse y ser obedecido, parece muy íntimamente ligado al hombre. Uno observa esto en un niño pequeño y en lo que llamamos el hombre maduro, el deseo con todas sus sutilezas, sus fealdades y su crueldad. Los dictadores, los sacerdotes y el jefe de familia, ya sea hombre o mujer, todos parecen exigir esta obediencia. Asumen la autoridad que han usurpado o recibido de la tradición, o que les otorga la circunstancia de ser más viejos. Este patrón se repite en todas partes.
El intelecto es consciente de este temor pero no hace nada al respecto, y así construye una sociedad, una iglesia, donde este temor con sus múltiples escapes se alimenta y sostiene. El temor no puede ser vencido por el pensamiento porque es el pensamiento el que ha engendrado el temor. Sólo cuando el pensamiento se halla en silencio, hay posibilidad de que el temor llegue a su fin. El hombre competidor que tiene poder, obviamente carece de amor aunque pueda tener una familia e hijos a los que afirma amar.

Es éste, realmente, un mundo de gran dolor y, para amar, tiene uno que estar fuera de él. Estar fuera es estar solo, no comprometido con el mundo.

Jiddu Krishnamurti: Encuentro con la Vida

Morir para todo lo de ayer

Morir para todo lo de ayer. Sólo aquel que muere cada día, está más allá de la muerte.

Morir es amar. La belleza del amor no se encuentra en los recuerdos del pasado ni en las imágenes del mañana. El amor no tiene pasado ni futuro; la que los tiene es la memoria, que no es amor. El amor con su pasión está más allá del orden de la sociedad que somos cada uno de nosotros. “Uno” muere, y el amor está ahí.

Plenitud del amor

Plenitud del amor Era una cosa extraña experimentar una sensación tan grande de afecto, afecto no por alguna cosa o por alguien, sino la plenitud de lo que puede llamarse amor. Lo único que importa es sondear en la profundidad misma de ello, no con la pequeña mente tonta y sus incesantes murmullos del pensamiento,

Krishnamurti – La crisis está en el interior

Krishnamurti – La crisis está en el interior   Uno representa , como ser humano, el resto de la humanidad. Mi conciencia es la conciencia del resto de la humanidad. Si terminara el sufrimiento en un ser humano, quién representaría a toda la humanidad, eso afectaría la totalidad de la conciencia del hombre.