Transacción

En el Transurfing hay muchas cosas increíbles, como la transacción, pero te invito, no a creer, sino a comprobar. Por supuesto, para comprobarlo son necesarios tu intención, cierto esfuerzo y paciencia, puesto que los resultados no se revelan enseguida. En la mayoría de los casos, la intención exterior trabaja lentamente y de modo imperceptible. Te resulta difícil creer en la existencia de esa fuerza misteriosa e invisible, que actúa sin que el ojo lo perciba, sobre todo si de momento solamente lees, sin intentar aplicar el Transurfing a la práctica.

Manejar tu destino II

Los errores que hayas cometido son tu capital. Si aceptas tal pos­tura, te espera un éxito brillante. Todos los que han logrado el éxito han atravesado un bosque entero de fracasos. No en vano se dice que «un hombre escaldado vale por dos». Todas las personas pro­minentes, las que han logrado el éxito, tuvieron que pasar por todo tipo de dificultades. Solamente que ese lado de su vida permanece oculto. Así que, si has cometido un error grande y has fracasado, alégrate: estás en el camino hacia tu objetivo. Sin embargo, si em­piezas a flagelarte, lamentarte y quejarte de la vida, los fracasos se repetirán una y otra vez. Toda la experiencia, inútil desde tu punto de vista, te servirá sin falta en la línea de la vida hacia tu objetivo.

La apatía se va cuando aparece una esperanza nueva. Cuan­do hay esperanza, se libera energía de la intención.

La esperanza es imprescindible para comenzar a actuar. Empieza a actuar y verás cómo las manzanas caerán al cielo. Cuando la es­peranza acabe con su parte del trabajo, vendrá la comprensión de la libertad de elección. Es entonces cuando te dirás a ti mismo: no quiero y no espero: yo tengo intención.

Manejar tu destino I

La fe verdadera ya no es fe, es conocimiento. Si te ves obligado a convencerte, a per­suadirte no importa cómo, por entusiasmo o por fuerza, eso significa que es una fe falsa. El conocimiento no se forma por convicción, sino por los hechos. Cuando tu mente se encuentra ante un hecho, lo sabes sin más. Una fe falsa se mantiene por el control de la mente. La mente, al estar en una habitación ilusoria del laberinto, vigila para que allí no se cuele ninguna duda. Si la mente quiere tener espe­ranzas, no desea oír nada más.

El poder de las circunstancias

Hay que aprovechar la costumbre de la mente de tenerlo todo bajo control y ofrecerle un juego nuevo. La idea de ese juego es la siguiente: al surgir cualquier circunstancia desfavora­ble, despierta, valora conscientemente la importancia de lo ocurrido y cambia tu actitud. Tú mismo podrás persuadirte de que tal juego le gustará a tu mente. Ahora sabrás el principio general de la coordinación. Al guiarte por este principio, podrás obtener el mismo éxito en lo positivo, el que los negativistas obtienen en sus peores temores. Y suena así. Si te propones tener la intención de considerar el cambio de guion, aparentemente negativo, como algo positivo, todo será precisamente así.

Libertad de elección

Cuando desaparece la importancia, la determinación de obtener pasa a ser la determinación de tener y entonces empieza a funcionar la intención exterior.

Ya tienes el derecho de elegir. Y no tienes necesidad de luchar por este derecho. Si estás completamente decidido a conseguir tu derecho de elegir, prepárate para sufrir una decepción. Estar completamente decidido, significa tener firmeza. De nuevo, mantienes el agarre mortal. Las fuerzas equiponderantes enfriarán rápidamente tu ardor. Y los péndulos, al percibir tu importancia, enseguida empezarán a provocarte. Tú mismo te percatarás de qué es, exacta­mente, lo que va a pasar.

Todo lo que necesitas es, por enci­ma de todo, permitirte tener. No es algo a lo que estés acostumbra­do, ¿verdad? Aun así, atrévete y permítete tener. Que las manzanas de Newton y de otra gente caigan al suelo. A pesar de todo, permite a tus manzanas caer al cielo.

¿Deseas desesperadamente obtener la determinación de tener? Renuncia al deseo. Ya basta de desear: de todos modos recibirás lo necesario. Limítate a pensar que coges lo tuyo. Cógelo tranquila­mente, sin exigir ni insistir. Pues es lo que yo quiero, ¿pasa algo? Y lo voy a tener.