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CERCA DEL BORDE

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A veces te encuentras cerca del borde.

La vieja existencia, la que ayer parecía tan sólida, tan fija como una constelación estelar de mil millones de años, se ha hecho añicos. Parece que no hay forma de volver a cómo eran las cosas. No hay forma de rebobinar la película y te apetece rebobinar. Una nostalgia terrible del “entonces” y su feliz olvido de cada mañana.

Una dolorosa sensación de arrepentimiento en el estómago y el pecho.

Y como el pasado se ha desintegrado, el futuro también. Ya no hay forma de saber «lo que sigue».

Todo se siente desincronizado, fuera de tus manos, fuera de balance y fuera de control.

Tus planes se han derrumbado en los sonidos del tráfico matutino.

Tus esperanzas y sueños se han reducido a las gotas de lluvia que repican en tu ventana.

Todo lo que te queda… es el momento presente.

E incluso ese ya no se siente como un lugar seguro para estar.

El cuerpo no comprende la vida en abstracto.

Estás en el tiempo, pero fuera de él, en tierra firme, pero ahora se siente tan infundado. Como si estuvieras viviendo en el sueño de otra persona.

Como si no pudieras reconocerte aquí.

Como si te pidieran que comenzaras de nuevo, pero no sabes dónde terminó todo.

Como si tu vida hubiera terminado, pero continúa.

Y vienen los visitantes. Una ansiedad profunda y terrible que no parece ser tuya. Un dolor terrible que destruiría o salvaría al mundo entero si pudiera. Una pérdida, una sensación de abandono, como un niño sin protección, como una luz sin su estrella.

Un corazón que late de formas desconocidas. Respiración que se siente más constreñida, tensa. Un malestar en todo el cuerpo.

No te sientes como en casa en tu propia casa.

 (“Ven a mí”, grita el Universo).

¿Qué haces aquí, cerca del borde de las cosas?

 Bueno, respiras tan bien como puedes. Preparas un poco de té. Hablas con un amigo o te unes a él en un silencio que comprende.

Haces lo siguiente, o te quedas sentado un rato, desesperado bajo un cielo desconocido.

Sin hogar, asustado, íntimo con una verdad dolorosa –

Sí, a veces, cerca del borde, te encuentras a ti mismo.

   Jeff Foster