Cómo se trascienden los opuestos

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¿Cómo se trascienden los opuestos?

La consciencia lo hace de forma automática cuando se comprende, mediante la reflexión, la familiaridad, la oración, la meditación o la inspiración. También lo pueden facilitar las palabras o el nivel de consciencia del maestro. Lo que es imposible en un nivel de consciencia se hace obvio y simple en uno superior. El ser humano es tanto espíritu como cuerpo; por tanto, existe en todo momento tanto en los dominios lineales como en los no lineales. El cuerpo, a menos que este imbuido de consciencia y de conciencia subjetiva, no es consciente de su propia existencia. Emprende la acción solo cuando se le motiva y se le presenta algo de valor, como el deseo de disfrutar de la experiencia de vivir.

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Cuando una persona o un animal están “desanimados”, mueren. Si la fuerza vital o el espíritu ya no proporcionan energía al cuerpo, el espíritu parte y se va a una dimensión diferente. Pero, aunque sea una dimensión diferente, el nivel de consciencia del espíritu todavía se puede calibrar mediante una simple prueba kinesiológica. Hay espíritus que dejan el cuerpo en un estado de gozo, éxtasis o gloria. Otros lo hacen en estados inferiores descorazonadores, como con ira, culpabilidad u odio. Obviamente, estos estados tendrán un efecto posterior en el destino del espíritu, que ha recibido tradicionalmente el nombre de alma o aspecto no material de la vida. Cuando el espíritu deja el cuerpo, su destino guarda relación con su nivel concreto de consciencia, tal como lo determina su frecuencia calibrada, lo cual se supone que lleva a distintos niveles de infierno, purgatorio, limbo, cielos y reinos celestes, así como a niveles astrales (“planos interiores”) o estados descarnados.

Al igual que un corcho en el agua o un globo en la atmósfera, cada espíritu se eleva hasta su propio nivel de flotabilidad dentro de las esferas infinitas de los Campos de energía de la consciencia. Aquí, no hay “juicio” externo ni coerción divina alguna. Cada ser irradia su esencia y determina así su propio destino. Así, la justicia divina es perfecta. Sobre la base de sus propias decisiones, cada espíritu se convierte en lo que ha elegido. Dentro de todas las esferas, existe la elección momento a momento de la realidad absoluta, que está siempre presente, y cuya elección absoluta tiene como resultado la liberación.

De forma análoga, podemos decir que el alma, este o no unida al cuerpo físico, es como una especie de pequeña partícula dentro de un campo electromagnético. Las atracciones y Las repulsiones de la partícula dependen de su tamaño, carga, polaridad y posición dentro de un campo mayor, que tiene gradaciones de energía y poder, así como diferentes cualidades ante las cuales la partícula será atraída o repelida. Todas las posibilidades y eventualidades son, por tanto, un reflejo del estado de consciencia o nivel de evolución de la persona dentro del Todo. Se trata de algo ineludible, porque la persona es “parte” esencial del Todo. Se podría decir que cada nivel de consciencia se representa en el campo como un “atractor”, como en la teoria del caos.

Este diseño también se puede observar en la vida diaria, en la interacción humana, con sus simpatías y aversiones, junto con sus atracciones y repulsiones, tal como vienen expresadas en los estilos de vida, las decisiones vocacionales, los comportamientos sociales, los hábitos, las vulnerabilidades, las fortalezas y las identificaciones grupales.

David R. Hawkins: El ojo del Yo, cap. 20