Crear la luna en uno mismo

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Crear la luna en uno mismo

«Crear la luna en uno mismo». Charlemos sobre lo que esto puede significar. Es una expresión simbólica, y los símbolos en forma de diagramas o las expresiones simbólicas se usan con fines muy definidos. Un símbolo expresa muchas ideas a la vez. Si significase una sola idea, la respuesta sería simple; pero un símbolo se usa para evitar largas descripciones y para poner muchas ideas en una sola frase.

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¿Cómo descifrar un diagrama o una expresión simbólica? A fin de descifrar un símbolo, es necesario conocer el orden de las ideas incluidas en él.

Ahora bien, si preguntamos qué puede significar crear la luna en uno mismo, primero deberemos preguntarnos: ¿Cuál es la función de la Luna en relación con la vida orgánica? La Luna equilibra la vida orgánica: todos los movimientos externos son equilibrados por la Luna.

¿Qué sucederá si desaparece esta función de la Luna? ¿Será beneficiosa para un hombre individual, o lo contrario?

Debemos comprender que todo esto se refiere al ser. ¿Cuáles son los rasgos de nuestro ser? El rasgo principal de nuestro ser es que somos muchos. Si queremos trabajar sobre nuestro ser, hacerlo corresponder más con nuestro objetivo, debemos tratar de volvernos uno solo. Pero este es un objetivo muy distante. ¿Qué significa volverse uno solo? El primer paso, que es aún muy distante, es crear un centro permanente de gravedad. Esto es lo que significa crear la Luna en uno mismo. La Luna es un centro permanente de gravedad que equilibra nuestro cuerpo físico, pero en nosotros mismos no tenemos tal equilibrio, por lo que, cuando creamos este equilibrio o centro de gravedad en nosotros, no necesitamos a la Luna.

Pero primero deberemos decidir qué significa la ausencia del «yo» permanente. Se nos ha hablado sobre muchos rasgos de éste, pero deberán establecerse claramente mediante la observación, y a fin de aproximarnos más a la idea de crear la luna en uno mismo, deberemos distinguir qué es importante y qué no es importante. Entonces, deberemos empezar a luchar contra los rasgos que nos impiden volvernos uno solo. Deberemos luchar con la imaginación, con las emociones negativas y con la obstinación. Antes que esta lucha pueda ser afortunada, deberemos comprender que la peor clase posible de imaginación, desde el punto de vista de obtener un centro de gravedad, es la creencia de que uno puede hacer algo por sí mismo. Después de eso, deberemos encontrar las emociones negativas que nos impiden hacer lo que se sugiere en conexión con el sistema. Pues es necesario comprender que la obstinación sólo puede, interrumpirse haciendo lo que a uno le dicen. No puede interrumpirse con lo que uno mismo decide, pues entonces será todavía obstinación.

Permítaseme repetirlo. El trabajo sobre el ser es siempre una lucha: contra lo que a uno le gusta hacer o no le gusta hacer. Digamos que a usted le gusta patinar y le dicen que se recuerde. Entonces, deberá luchar contra su deseo de ir a patinar. ¿Hay algo más inocente que patinar? Pero usted deberá luchar contra eso lo mismo. Cada día y cada hora hay cosas que no podemos hacer, pero también hay cosas que podemos hacer. De modo que un día deberemos mirar y ver qué podemos hacer pero no hacemos.

No puede haber una regla de «Debe recordarse». Si se le dice que haga o no haga algo, y no lo intenta, eso significa que usted no quiere nada, no quiere trabajar.

Tiene suficiente conocimiento. Ahora es necesario impulsar el trabajo sobre el ser. Siempre tratamos de escapar de hacer lo que se sugiere.

Cuando empezamos, el objetivo era crear un centro de gravedad, crear una luna en nosotros mismos. No podremos hacerlo a través de la obstinación.

Crear la luna en nosotros mismos está conectado con la idea de sacrificar el sufrimiento. Cuando empezamos a sacrificar el sufrimiento, empezamos a crear la luna en nosotros mismos. Siempre queremos guardar nuestro sufrimiento, sin embargo, la luna sólo podrá crearse a partir de nuestro sufrimiento. Sólo deberemos recordar que renunciar al sufrimiento es una acción, y crear la luna es el resultado de una serie continua de acciones.

Pueden sucedemos cuatro clases de cosas: por accidente, causa y efecto, destino y voluntad. La lucha deberá ser por voluntad, por intención. Y deberá estar consciente de su atención. No podrá realizar el esfuerzo y no estar consciente de éste. Lo que es importante es la acción volitiva.

En el trabajo, uno debe tratar de usar la voluntad: en la medida en que uno la tenga. Si uno tiene una pulgada de voluntad y la usa, ésta crecerá y una voluntad tendrá dos pulgadas, luego tres pulgadas, y así sucesivamente. En el trabajo, debemos aprender a hacer superesfuerzos.

Un superesfuerzo puede tener muchas características, pero generalmente es no hacer lo que se piensa que es lo mejor, sino lo que se aconsejó que uno haga. Partiendo de nuestras propias intenciones, estamos dispuestos para hacer muchas cosas, pero no estamos dispuestos para hacer o no hacer lo que se nos dice.

El superesfuerzo difiere de un esfuerzo corriente en grado, pero no sólo en grado. El superesfuerzo es el esfuerzo hecho conscientemente, tanto como podemos, con una finalidad definida que no es requerida por ninguna circunstancia externa. Nunca realizamos realmente esfuerzos serios; todo es jactancia, pues no sabemos qué significa realizar esfuerzos. En condiciones excepcionales, cuando estamos obligados a hacer esfuerzos, los hacemos, pero no superesfuerzos. Además, los esfuerzos corrientes, que uno hace en la vida, son necesarios, útiles. Un superesfuerzo puede parecer inútil para su finalidad.

El estímulo para el trabajo lo crea la comprensión del propio estado actual. Cuando uno se da cuenta que se engaña, que está dormido y que su propia casa se incendia, que se incendia siempre, permanentemente, y que es sólo por accidente que el fuego no llegó en este momento a la habitación de uno, cuando uno se da cuenta de esto, uno querrá hacer esfuerzos para despertar y no esperará recompensa especial alguna. ¿Qué puede hacer uno durante el sueño? Sólo podrá tener sueños diferentes: sueños malos, sueños buenos, pero en el mismo lecho. Los sueños pueden ser diferentes, pero el lecho es el mismo.

P. D. Ouspensky: El Cuarto Camino, cap. X