Cuidar nuestro jardín

 

Cuidar nuestro  jardín

Llegó un momento en que permanecer encerrado en el capullo era más doloroso que eclosionar. (Anaïs Nin)

Preparar el terreno, quitar las hierbas y cuidar del jardín significa fundamentalmente desalojar de la conciencia los viejos mecanismos del ego, no dejarnos invadir por el sistema mental-emocional programado, y adquirir el dominio necesario para dejar que florezcan las más hermosas flores de nuestra alma; es poner los medios para no volver a dejarnos prender por el circuito inferior de la conciencia.

Para conseguirlo, primero tenemos que quitar las malas hierbas (desalojar las memorias contenidas en el inconsciente), y luego cuidar la tierra (estar atentos a todo cuanto hacemos de modo consciente). Después podremos cultivar las flores, es decir, podremos abrirnos al contacto con nuestra parte supraconsciente y expresar en la vida cotidiana la belleza y la luz del alma.

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En mi obra anterior, la libertad de ser, presenté de manera exhaustiva el trabajo que hay que realizar en los tres niveles del ser: consciente, inconsciente y supraconsciente. Aunque la presentación se hacía por separado, es evidente que para facilitar un verdadero cambio de conciencia deben ponerse en prácticas los tres simultáneamente. Porque si no trabajamos al mismo tiempo todos los aspectos de la conciencia, nos arriesgamos a dar vueltas como una peonza. El enfoque consciente se queda entonces en lo estrictamente mental, un puro proceso filosófico e intelectual que niega el poder de las emociones. El simple desbloqueo del inconsciente puede quedar en una terapia emocional de alcance muy limitado. Y el enfoque exclusivamente superconsciente corre el riesgo de dejarnos desconectados de la realidad del mundo.

En la actualidad son muchos los métodos de desarrollo interior que trabajan en los tres niveles, aunque con frecuencia no se asimilan bien. Sin embargo, es muy importante hacer de ello una síntesis. Recordaremos aquí algunos aspectos que están relacionados con nuestro tema de un modo especial. Son éstos: adquirir dominio mental-emocional, no dejar que nos invada el caos, y vivir en el estado de coherencia y bienestar que nos proporciona el Maestro que reside en el Corazón. Comencemos pues por quitar las hierbas del jardín. Aunque el trabajo parezca duro e ingrato, es indispensable; además sabiendo lo hermoso que va a ser el jardín que preparamos, puede que incluso lo hagamos con placer. Luego vendrán las flores…

Annie Marquier: El maestro del corazón, cap. 17