Deformación de la realidad

El hombre no es capaz de percibir el mundo circundante de modo totalmente objetivo. Es como cuando introduces una diapositiva en un proyector de vídeo y ves la imagen. La luz uniforme normal, al atravesar la película, se convierte en una imagen en la pantalla. La percepción representa la pantalla, el mundo circundante es la luz, y nuestra concepción del mundo es la diapositiva, es decir, el modelo de nuestra comprensión de este mundo.

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Foto cedida por Isabel Romero

La idea de cada persona sobre sí misma y sobre el mundo circundante está en buena parte lejos de la verdad. Nuestras diapositivas alteran la realidad. Por ejemplo, te preocupan algunas imperfecciones personales, por culpa de las cuales experimentas un sentimiento de inferioridad, pues te parece que a los demás tampoco les gustan. Entonces, al relacionarte con la gente, introduces la diapositiva de tu complejo de inferioridad en tu «proyector» y ves todo de forma tergiversada.

Las diapositivas funcionan de doble manera. Por un lado, alteran la idea que tiene uno sobre su lugar en este mundo y sobre lo que los demás piensan de él. Por el otro lado, distorsionan su concepción sobre el mundo exterior. En particular, cada uno es propenso a ver las propiedades de su diapositiva en los demás. Por ejemplo, a uno no le gustan ciertas cualidades innatas de su carácter. El individuo intenta esconderlas lo más lejos posible de sí mismo para no verlas. Pero es imposible disimular una diapositiva poco atrayente, pues está metida en la cabeza y hace lo suyo. En la mente de ese individuo surge la ilusión de que los demás piensan y actúan aproximadamente del mismo modo que él. Y si no le gustan algunas cualidades propias, tiende a ver lo mismo en los demás; en otras palabras, proyecta sus cualidades sobre quienes le rodean.

Una proyección es cuando la insatisfacción por uno mismo, metida en el subconsciente, se derrama sobre las demás personas. El hombre no quiere regañarse a sí mismo por algunos rasgos malos de su carácter, por lo que tiende a verlos en el resto de mundo. Frecuentemente la gente injuria de buena gana a los demás por algo que no les gusta en sí mismos. También tú hiciste lo mismo sin darte cuenta. Por supuesto, eso no quiere decir que, si uno culpa a alguien por algo, automáticamente posea las mismas cualidades. Sin embargo, es lo que sucede con bastante frecuencia. Obsérvalo por tu cuenta. La postura de Celador en un juego de roles te permite determinar fácilmente cuándo alguien intenta atribuirte su proyección. Si alguien intenta inculparte injustamente de algo o atribuirte cualidades ajenas, plantéate la pregunta: ¿no tendrá el acusador lo mismo que intenta asignar a los demás? Lo más probable es que sea precisamente así, pues si realmente careces de esas cualidades, significa que en la cabeza del acusador está metida una diapositiva que proyecta toda la imagen.

La diapositiva está en tu cabeza, pero los demás carecen de ella, las diapositivas surgen sólo cuando atribuyes demasiado significado a lo que los demás piensan de ti.

La diapositiva negativa, como norma general, crea la unidad de la mente y el alma. Ella coge al propietario de la diapositiva negativa y le traslada al sector donde lo negativo se revela en toda su potencia. La transición no se realiza de una vez, sino poco a poco y se prolonga sin interrupción todo el tiempo mientras la diapositiva esté metida en la cabeza. Los trazos insignificantes que, como consecuencia de la importancia, el individuo bosquejó sobre su diapositiva al principio, se revelan cada vez con más evidencia y florecen «en toda su belleza». Al hombre no le gusta su gordura: se engorda más; le molesta un lunar: el lunar crece; se considera inferior: cada vez recibe más confirmaciones de ello; se preocupa por su falta de atractivo: se vuelve más desagradable aún; le atormenta el sentimiento de la culpa: los castigos llueven sobre su cabeza.

Así continúa hasta que el hombre deje de atribuir demasiado significado a la diapositiva, o hasta que no pase a la creación de una diapositiva positiva. En cuanto la importancia desaparece, la diapositiva negativa pierde la razón de existir, se esfuma y deja de funcionar.

Y tan pronto como introduzcas una diapositiva positiva a color, verás que funciona igual que la negativa, impecablemente.

Enséñate a ti mismo las cualidades positivas de tu personalidad, imagínate a ti con un aspecto mejor, y los demás te percibirán de la misma manera. En eso se revela otra cualidad positiva de una diapositiva, la que se puede y se debe utilizar.

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