Deseo

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Deseo

El deseo es un querer que puede ser obsesivo y, cuando es excesivo, se le llama codicia. Es, sin embargo, un importante impulsor en los asuntos humanos y motiva toda la economía en un grado considerable. El deseo normal tiende a seguir su curso hasta que las necesidades se cumplen. Su origen primordial es el hambre de los organismos animales. El cumplimiento deriva en un sentimiento de culminación, por lo que la psique es libre de girar al interior y perseguir los valores espirituales. En sí y por sí mismo, el deseo, como el orgullo, no tiene que ser condenado malo porque es socialmente útil si es canalizado en actividades beneficiosas como la educación y la salud. La avaricia es condenada principalmente porque su motivación se ve egoísta y por tanto, de explotación de los demás. Lleva al deseo de controlar a otros y por tanto representa un apego.

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El deseo es impulsado por la ilusión de carencia y que la fuente de la felicidad está al exterior de uno mismo y por lo tanto ha de ser perseguida o adquirida. La importancia del objeto de deseo es de ese modo inflado y sobrevalorado por su simbolismo y mística. El placer del sentido del Ser es bloqueado por el deseo. Cuando ese deseo se ha cumplido, el ego se atribuye la resultante sensación de alegría por la adquisición de lo externo. Sin embargo, esto es una clara ilusión porque la verdadera fuente de placer está bloqueada a experimentar la alegría del Ser, ha sido solo retirada temporalmente. El origen de la felicidad experimentada es el resplandor del Ser que brilla cuando no es apagado por un malestar del ego.

Además, el deseo es muy poderoso y deriva en la obsesión y la compulsión de la ansiedad. Las drogas o el alcohol verdaderamente calibran muy bajo; sin embargo, se dan las vibraciones más bajas del ego, de manera que el Ser superior puede ser experimentado. Las drogas o el alcohol no son capaces de crear una “elevación”; la “elevación” es el resplandor del Ser. El ego le atribuye la sensación placentera a las propias drogas.

La alegría calibra a 540 y más; las drogas calibran a sólo 80 o menos. Entonces, ¿cómo podría una sustancia que se calibra a solo 75 “causar” una experiencia que puede estar en los altos 500s? La respuesta obvia es simplemente que no lo hace. Por analogía, las drogas disuelven brevemente las nubes para que el sol brille. El ego ingenuo atribuye el éxtasis, la alegría y la felicidad a las propias drogas. El adicto es verdaderamente adicto a la experiencia de gozo del Ser y por tanto repite lo que cree que es la única manera de tener esa experiencia. Incluso una única experiencia es inolvidable. La ansiedad es por la “elevación” del gozo, no por la droga en sí.

Para el aspirante espiritual, el deseo y los apegos disuaden el progreso, y cuando surgen, lo que simbolizan puede ser entregados a Dios. Al mismo tiempo, los posicionamientos que ellas significan pueden ser identificadas y entregadas porque se convierten en una carga progresiva. Con frecuencia, en una cierta fase de la evolución espiritual, es común que los aspirantes se alejen de toda posesión. Más tarde, las posesiones ya no son vistas como un obstáculo o una ventaja porque el sentido de la propiedad desaparece y las ilusiones ya no se proyectan sobre ellas.

Para deshacer las secuencias infinitas de querer y ansiar, es útil desmontarlas haciendo un ejercicio llamado “¿y luego qué?” Quiero (un mejor trabajo, más dinero, mejor coche, título universitario, o lo que sea), seguido de la pregunta “¿y entonces qué?” Se encontrará que la respuesta es siempre la creencia final de que “y entonces seré feliz”.

En la vida ordinaria, el cumplimiento y el deseo traen un alivio temporal, pero pronto lo deseado simplemente cambia a un nuevo deseo. El éxito y el dinero son las metas ilusorias más frecuentes y no pocas veces llegan a ser una obsesión.

Es útil comprender que si uno no es feliz con las actuales circunstancias, lo más probable es que la felicidad seguirá siendo difícil de alcanzar cuando las condiciones cambien al cumplir con tu deseo actual, es decir, si la felicidad es esquiva ahora, seguirá siendo así en el futuro, ya que la capacidad de localizar el origen de la felicidad no ha sido encontrado.

El valor del ascetismo es que descubres la capacidad de estar contento y feliz con sólo los elementos básicos de lo esencial para la supervivencia. Hay una gran alegría al saber que no necesitas nada para ser feliz, ni estímulos externos, como la televisión, la música, la conversación, o la presencia de otras personas o actividades. En un nivel más avanzado, aprendes que incluso el entretenimiento de la actividad mental y los pensamientos puede ser prescindida y que el conocimiento de la existencia es en sí mismo suficiente. Hay una alegría aún mayor cuando el Ser brilla como la Totalidad que excluye toda carencia o alternativa. No hay entonces nada que lleve a desear y ninguna fuente de deseo porque la Totalidad es completa en su identidad como el Infinito “Yo”.

En la vida ordinaria, el deseo por el éxito y el estatus como ambición es considerado normal y representa la cualidad de la actividad rajas1; por lo que es un signo de la evolución de la conciencia más allá de la resistencia del letargo. El buscador espiritual advierte que no es la actividad de éxito o la posición lo que es el obstáculo, sino el orgullo y el apego subyacente. Puedes trascender estos aspectos mediante la entrega y la dedicación de todas las acciones a Dios. La alegría de la excelencia es internamente gratificante, y el éxito va acompañado por la gratitud en vez del orgullo.

Con la plena evolución de la conciencia, la ilusión del “Yo” personal tras la actuación desaparece y la actividad es experimentada siendo autónoma y sin esfuerzo. Esta es una experiencia común que viene al esforzarse en los deportes y las artes. El corredor atraviesa la barrera del “no puedo” y experimenta un correr sin esfuerzo. El bailarín baila sin esfuerzo y es inagotable. El trabajador entra en un movimiento sin esfuerzo que está más allá del agotamiento. Cualquier actividad puede derivar en el descubrimiento repentino de la abnegación, que es alegre y puede volverse incluso éxtasis. La comprensión de que el Ser es el autor de las propias acciones y no el yo es una alegría transformadora.

La espontaneidad de la vida es una expresión de las esencias interactuando sin esfuerzo. El milagro de la Creación es continuo, y toda la vida se comparte en la Divinidad de su Origen, ya que nada viene a la existencia salvo por orden Divina. Una vez que lo sagrado de la vida es revelado, le sigue el saber interior de lo significado en la frase: “¡Gloria in Excelsis Deo!”

Se puede observar que cualquier así llamado defecto espiritual u obstáculo puede ser el punto de partida a la trascendencia. Por recontextualización, lo que fue negativo se convierte en positivo y una avenida para el descubrimiento de Dios. Cada defecto contiene un tesoro escondido, y todos los supuestos defectos son puertas.

1 Término sánscrito que se utiliza para clasificar, en términos generales, mayores niveles de influencia en el universo, incluyendo la psique humana. Rajas indica el nivel de actividad, acción, realización, ganancia y el cumplimiento de metas.

David R. Hawkins: Yo, Realidad y Subjetividad, cap. 12