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Desprogramar el inconsciente

En las últimas décadas se han elaborado diversas técnicas para acceder al inconsciente, para “sanar el pasado”, para liberarse, en una palabra, para desprogramar el inconsciente. No se trata de enfoques mentales, sino energéticos. Considerados al principio con cierta condescendencia por la psicología convencional, están empezando a adquirir cartas de nobleza no sólo porque ahora se les da validez científica, sino también porque los resultados, cada vez más evidentes y conocidos, están demostrando ser poderosamente beneficiosos.

Aquí no vamos a describir ningún método concreto porque, de todas formas, ese tipo de enfoque sólo se conoce verdaderamente experimentándolo. Tampoco vamos a ofrecer el método milagro, sino lo que pueda facilitar una comprensión clara del proceso con el fin de que cualquier enfoque de calidad pueda ser utilizado de forma óptima. Después, que cada uno cree sus propios “milagros” con el método que elija.

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En primer lugar, hay que darse cuenta de que seguir durante años terapias cognitivas que expliquen cómo y por qué se es dependiente de tal o cual dinámica limitadora (mi padre, mi madre, mi infancia, mis vidas anteriores, mi historia, mi pasado, etc.) puede ser útil, pero insuficiente. Resulta tranquilizador en un primer momento, pero en general no cambia la dinámica interior, que resurgirá en cuanto se presente la “ocasión” ¿Por qué? Porque las memorias fueron grabadas en frecuencia delta y alfa, y no son accesibles desde el proceso consciente, que tiene lugar en frecuencia beta. Por eso es tan difícil desprender los mecanismos anclados en la parte inconsciente mediante un simple proceso consciente. Podríamos decir, parafraseando a Bruce Lipton, que no sirve de nada ponerse ante el ordenador y tratar de hacerle entrar en razón, demostrarle la nocividad de sus programaciones, enfadarse haciéndole reproches y mandarle que cambie sus programas, o exigir que Dios los cambie en nuestro lugar… La batalla entre la voluntad, el pequeño ordenador racional de dos mil bits, y el enorme ordenador de cuarenta mil millones de bits termina enseguida. El inconsciente se impone inmediatamente. Tenemos que actuar de otra manera.

En primer lugar, debemos reconocer que poseemos en nuestro interior un ordenador extraordinariamente potente; después tenemos que reconocer sus mecanismos, y asumir la responsabilidad de su contenido. No es un error si está programado así: forma parte de nuestro camino evolutivo y es nuestro deber trasformarlo, es la tarea que se nos ha encomendado. Luego hay que saber cómo acceder al ordenador, hay que atreverse a abrirlo para borrar de modo adecuado determinados programas y reprogramarlo después de forma consciente y voluntaria, abrir el ordenador significa situarse en el estado de apertura, de receptividad y de aprendizaje máximo en que nos encontrábamos cuando se grabaron las memorias. Sólo ese estado permite acceder al inconsciente. Desde luego no se trata de un estado de conciencia ordinario, sino ligeramente alterado; sólo en esas condiciones se pueden eliminar los programas indeseables. Ése es el nivel en el que intervienen los verdaderos métodos de liberación interior llamados energéticos.

El verdadero proceso de liberación del inconsciente sólo se da en esas condiciones. Es importante señalar que, cuando una persona se encuentra en semejante estado de receptividad y de aprendizaje máximo, es también muy vulnerable y muy sensible a cualquier sugerencia. La integridad del terapeuta y su respeto hacia el paciente son dos aspectos muy importantes a tener en cuenta. La persona que se presta a ese tipo de tratamiento debe ser pues consciente de ello.

El inconsciente no puede desactivarse desde la parte consciente. Hay que volver a situarse en el estado inicial de aprendizaje.

El proceso de reestructuración de la mente es pues mucho más complejo de lo que se ha dado en llamar el “pensamiento positivo” y requiere mucho más que buena voluntad para poner en orden los pensamientos. La buena voluntad y la comprensión no cambian el contenido del ordenador. ¿Entonces la parte consciente no sirve de nada? Desde luego que sí, tiene un papel que jugar, incluso es indispensable porque, cuando uno decide iniciar el proceso que llevará a borrar viejas memorias inútiles, lo hace de forma consciente y voluntaria. La voluntad consciente sirve para reconocer que tenemos un ordenador, y es ella la que decide buscar los medios para abrirlo y reprogramarlo conscientemente con unos programas más inteligentes, de mayor rendimiento y que estén alineados con la voluntad del alma. Es una opción de libertad, que sólo un córtex desarrollado puede ofrecer al ser humano. Así que, si decidimos emprender el proceso de liberación es gracias a la inteligencia de la mente. Pero una vez tomada la decisión, el proceso en sí requiere unas condiciones específicas, en concreto un cambio de las frecuencias del cerebro.

En la actualidad hay muchos métodos para “sanar” el pasado. No todos tienen el mismo valor: algunos son excelentes, otros tienen poca validez. Para que cualquiera de ellos resulte beneficioso, debe ser utilizado con discernimiento, sin apresuramiento, y desde luego con rigor y profesionalidad, y en un contexto consciente de conocimiento, respeto, integridad y responsabilidad. Y además, y esto es muy importante, debe ir acompañado de un trabajo realizado en la conciencia. En esas condiciones, puede ser fuente de liberación y de verdadera sanación, incluso en el plano físico. Pero, mal gestionado, puede mantener a la persona en una especie de hipnosis, aumentar el caos emocional en lugar de reducirlo y crear dependencia. Nos movemos en un terreno relativamente nuevo; así que es cosa de cada uno el experimentar, poner en práctica su intuición y dar prueba de discernimiento para elegir el método que considere más apropiado en su camino. La ausencia de referencia externa nos beneficia, en cierta forma, porque nos obliga a reflexionar, a informarnos, a responder de nuestras decisiones y, en definitiva, garantiza nuestra autonomía. Lo importante –insistimos en ello– no es tanto la técnica en sí como la integridad y el contexto consciente en el que tiene lugar.

En nuestro Instituto desarrollamos un programa de trasformación interior a través de la experiencia directa apoyándonos en un conocimiento profundo de los mecanismos del ser humano. El programa descansa sobre una síntesis de trabajo realizado a tres niveles (consciente, inconsciente y supraconsciente) en el que utilizamos enfoques muy variados y complementarios que van desde la meditación hasta procesos puramente físicos, pasando por el arte, la música, el contacto con la Naturaleza, etc. En cuanto concierne al aspecto inconsciente, utilizamos, entre otros el trabajo con la respiración en diversas formas (el trabajo con la respiración es potente pero delicado. No hay que olvidar que “la energía sigue al pensamiento”. Por eso, para asegurar una liberación real y segura gracias a la energía del aliento, hay que tomar precauciones de conciencia y claridad interior).

Las transformaciones profundas y concretas y las sanaciones que obtenemos regularmente desde hace más de veinte años (incluyendo sanaciones físicas duraderas) demuestran que es posible no sólo librarse de las memorias limitadoras del pasado y encontrar de nuevo la libertad, sino también crear una apertura sin precedentes que permite al potencial infinito del alma manifestarse plenamente.

El momento ha llegado, las herramientas están ahí. Cualquiera de nosotros, si tiene clara intención, puede realizar una verdadera transformación interior que cambiará radicalmente la calidad de su vida y la riqueza de lo que puede aportar al mundo en términos de creación y de contribución positiva.

Puesto que ya se han recordado algunas indicaciones para hacer disponible y fértil el terreno de nuestra conciencia, ahora sólo nos queda descubrir cómo cuidar las flores del alma para hacer de nuestro jardín interior un lugar excepcional que irradie belleza, vitalidad y profunda alegría.

Annie Marquier: El maestro del corazón, cap. 17-II