Distanciarse de las posesiones

 

Distanciarse de las posesiones

La misma palabra “posesiones” es ilusoria. En el mundo de la forma, las relaciones se expresan con palabras y conceptos cuya existencia es meramente operativa y lingüística. Pero, debido a la tendencia del ego a la concreción, el ego cree que este término debe tener una existencia independiente y objetiva.

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Toda relación no es más que un acuerdo social convencional y, dado que no tiene realidad independiente, solo se puede extinguir o cancelar mediante un cambio en el acuerdo. Por ejemplo, “poseer” algo es imposible. Lo que se pretende decir en realidad es que existe un derecho legal a utilizar o poseer cosas, pero eso es algo externo a la verdadera relación entre el objeto y su supuesto poseedor. El “derecho” a poseer no es más que un contrato social. Uno puede tomar un objeto, utilizarlo y ponerlo en algún sitio a resguardo, pero “poseer” es simplemente un concepto abstracto. En la Realidad radical, poseer significaría que uno tendría que ser el objeto.

En las culturas nativas, la tierra pertenece a todos, y nadie afirma poseer personalmente la tierra o parte de ella. La tribu conservaba sus tierras para todos sus miembros, y el uso de un área en concreto se realizaba por mutuo acuerdo. Para poder poseer realmente, uno debería tener un control absoluto e incondicional, mientras que, de hecho, lo único que podemos hacer es tener un dominio temporal.

Y lo mismo se puede decir de los llamados “derechos”, que no son otra cosa que acuerdos políticos, contractuales o legales que se basan en las arenas movedizas de la opinión popular y las decisiones de los tribunales. Muchos de los llamados derechos son, simplemente, convenciones arbitrarias cuya popularidad es pasajera.

En el mejor de los casos, la sociedad concede solo temporalmente su mayordomía.

David R. hawkins: El ojo del Yo, cap. 19