El crecimiento espiritual

El crecimiento espiritual

Absolutamente ninguna fe, en nada, fue requerida para mi sanación. Más bien yo diría que fue una completa suspensión de todas las creencias, doctrinas y dogmas que tenía previamente lo que causó que mi cuerpo se sanara por sí mismo. En mi caso, la ECM fue el catalizador.

Desde mi punto de vista, aferrarme a mis ideas en verdad funcionó en mi contra. El tener creencias concretas limita mi experiencia de vida porque me mantienen encerrada en lo único que conozco y mi conocimiento en este mundo está limitado por mis sentidos físicos. Sentirme cómoda con la incertidumbre, por el contrario, me abre a todas las posibilidades. La ambigüedad está totalmente abierta a un potencial infinito.

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La necesidad de la certidumbre aprisiona mi potencial por lo inesperado. Sentimientos de No sé o Veamos qué pasa, le permiten a mí ser expandido proveer respuestas y soluciones que pueden ser, por completo, sincrónicas, sorpresivas, mágicas o exageradas. Cuando doy un paso en el reino de la ambigüedad, estoy realmente en mi nivel más alto de poder. El sólo soltar todas las creencias, no creencias, dogmas y doctrinas previas, pone al universo infinito a mi disposición y trabaja para darme el resultado mejor posible, para mi vida. Ahí es donde recibo la mayor claridad interna. ¡Es dónde la magia ocurre!

Soltar todos mis apegos previos es un abrazo a la libertad y demuestra confianza en mi propia divinidad y magnificencia. Esto, también es una forma de sanar. Cuando suelto la necesidad de sanar físicamente, la vida se vuelve más libre, completa y divertida.

P: La mayoría de la gente en un camino espiritual cree que el ego impide el crecimiento espiritual y que se supone que lo eliminemos. ¿Por qué no lo aconseja usted?

R: Porque si usted niega el ego, éste se volverá más fuerte contra usted. Entre más se rechaza algo, más fuerte será su pelea por sobrevivir. Pero cuando usted puede amar por completo su ego incondicionalmente y lo acepta como parte de cómo se expresa en esta vida, ya no tendrá problemas con él. No le impedirá su crecimiento -por el contrario, será una ganancia.

Todos nacemos con un ego; es una parte natural de quienes somos. Solamente estamos sin él por completo en la muerte. Luchar contra él durante la vida sólo hace que nos juzguemos más a nosotros mismos.

Además, sólo cuando amamos a nuestro ego incondicionalmente somos capaces de aceptar el de los demás. Aquí es cuando deja de ser un problema y la humildad y la magnificencia realmente brillan.

Anita Moorjani: Muero por ser Yo, cap. 18