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El espíritu de un guerrero

Un guerrero trata todo con respeto y no pisotea nada a menos que tenga que hacerlo.

Un guerrero no se abandona a nada, ni siquiera a su muerte. Un guerrero no es un socio voluntario; un guerrero no está disponible, y si se mete con algo, puedes tener la certeza de que sabe lo que está haciendo.

La vida, para un guerrero, es un ejercicio de estrate­gia.

El espíritu de un guerrero no está engranado para la entrega y la queja, ni está engranado para ganar o perder. El espíritu de un guerrero sólo está engranado para la lu­cha, y cada lucha es la última batalla del guerrero sobre la tierra. De allí que el resultado le importa muy poco. En su última batalla sobre la tierra, el guerrero deja fluir su espíritu libre y claro. Y mientras libra su batalla, sa­biendo que su voluntad es impecable, el guerrero ríe y ríe.

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…Nos hablamos de nuestro mundo. Es más, mantenemos nuestro mundo con nuestra conversación interna.

Cuando terminamos de hablar con nosotros mismos, el mundo es siempre como debería ser. Lo renovamos, lo encendemos de vida, lo sostenemos con nuestra conversa­ción interna. No sólo eso, sino que también escogemos nuestros caminos al hablarnos a nosotros mismos. De allí que repetimos las mismas preferencias una y otra vez hasta el día en que morimos, porque seguimos repitiendo la misma conversación interna una y otra vez hasta el día en que morimos.

‑¿Cómo puedo dejar de hablar conmigo mismo?

Antes que nada debes usar tus oídos a fin de quitar a tus ojos parte de la carga. Desde que nacimos hemos es­tado usando los ojos para juzgar el mundo. Hablamos a los demás, y nos hablamos a nosotros mismos, acerca de lo que vemos. Un guerrero se da cuenta de esto y escucha el mundo; escucha los sonidos del mundo.

Un guerrero se da cuenta de que el mundo cambiará tan pronto como deje de hablarse a sí mismo, y debe estar preparado para esa sacudida monumental.

Para la humanidad, lo que la gente hace es más grande y más importante que el mundo mismo.

El mundo es todo lo que está encajado aquí. La vida, la muerte, la gente, los aliados y todo lo demás que nos rodea. El mundo es incomprensible. Jamás lo entenderemos; jamás desenredaremos sus secretos. Por eso, debemos tratarlo como lo que es: ¡un absoluto misterio!

Las cosas que la gente hace no pueden, bajo ninguna condición, ser más importan­tes que el mundo. De modo que un guerrero trata el mundo como un interminable misterio, y lo que la gente hace como un desatino sin fin.

Carlos Castaneda: Una Realidad Aparte, Cap. XIV