El estado de no saber

El estado de no saber
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El estado de no saber

¿Cuándo aprende usted? Aprende cuando no sabe nada. Aprendo un idioma cuando no lo sé. ¿Correcto? ¡Si ya conozco un idioma no puedo aprenderlo! Experimentemos con esto. ¿Estamos aprendiendo ahora, o sea, en el presente activo, o sólo estamos acumulando lo que ya ha sido dicho a fin de guardarlo y después pensar al respecto? ¿Ve la diferencia?

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Cuando me miro a mí mismo estoy aprendiendo acerca de mí. ¿Acumulo el conocimiento acerca de mí y después, con ese conocimiento, observo? Ése es el mismo proceso que mirarme a través de Freud. ¿Entiende? ¿Puedo, pues, aprender acerca de mí mismo pero sin acumulación alguna? Es el único modo de aprender, porque el “mí mismo” está siempre en movimiento, se halla tremendamente activo todo el tiempo; y yo no puedo aprender acerca de esta actividad a través de algo estático, ya sea que se trate del conocimiento que he acumulado acerca de mí o del conocimiento de Freud. Por lo tanto, tengo que estar libre, no sólo de Freud sino también del conocimiento que ayer he adquirido con respecto a mí mismo. Esto es algo muy complicado, no es un mero juego de palabras.

Cuando uno observa el hecho sin el conocimiento, entonces puede aprender. De lo contrario, uno “sabe”, o piensa que sabe. De este modo el aprender es creativo, es algo nuevo. Todo el tiempo está uno aprendiendo.

Investigue, por favor, el estado de la mente que dice: “No sé”.

Hay dos millones de años de herencia, miles y miles de experiencias, impresiones, circunstancias, conocimientos. Todo eso es mi trasfondo y yo quiero aprender al respecto, hacerlo todo accesible y librarme de ello, porque esas cosas están controlando mi presente y moldeando el futuro, y por eso continúo viviendo en una jaula. Me digo, pues: “Esto es terrible. Tengo que librarme de ello”. No sé qué hacer. No lo sé. Entonces me pregunto: ¿Cuál es el estado de mi mente cuando digo que en verdad no sé? Ustedes y yo somos el resultado de dos millones de años de condicionamiento. ¿Correcto? En esos dos millones de años está no solamente la herencia animal, sino el empeño humano por prosperar, por llegar a ser esto o aquello… cientos de cosas. Nosotros somos eso. Y todo eso está operando en el presente y en el futuro. Ésta es la feroz competencia en que he estado viviendo. Miro, pues, esta competencia feroz y me digo: “Tengo que librarme de eso”. Le pregunto a usted al respecto y usted no sabe; le pregunto al Papa, a docenas de personas y no saben. Ellos saben solamente de acuerdo con sus terminologías; o sea, que si usted cree en Jesús, si cree en Dios, piensa que sabe conforme a eso. Así que ahora estoy en condiciones de descubrir cuál es el estado de mi mente cuando digo: “Realmente, no sé”. ¿Dicen ustedes eso alguna vez?

He mirado al norte, al sur, al este y al oeste, arriba y abajo, y realmente no sé. ¿Qué ocurre entonces?

Uno sigue buscando un modo de… Entonces ya no está diciendo: “No sé”.

No sé cómo. Entonces está buscando el “cómo”. Estoy preso en una trampa de dos millones de años. No puedo tener fe en nadie, salvadores, maestros, instructores, sacerdotes, porque todos ellos me han metido en esta trampa y yo soy parte de esta trampa. No sé cómo salir. Cuando digo: “No sé”, ¿quiero decir realmente eso o estoy buscando una salida?

Quiero decir que no hay una respuesta en el catálogo. Eso es todo. Su catálogo no tiene la respuesta y, por lo tanto, usted quiere encontrar otro catálogo que la tenga.

Uno sigue tratando de encontrar un modo. Entonces está de vuelta en la trampa. Señores, hemos dicho: “No sé”. Nuestras mentes están confusas y, desde esa confusión, buscamos a los sacerdotes, a los psicólogos, a los políticos. La confusión crea más confusión. ¿Por qué no decimos: “Muy bien, estoy confuso, no actuaré”? Por supuesto, iré a la oficina, continuaré con las actividades de todos los días pero no actuaré para nada sobre mi confusión psicológica, porque veo que cualquier cosa que haga creará más confusión. Por lo tanto, psicológicamente no me moveré en absoluto. Cualquier movimiento conduce a una trampa. ¿Pueden, pues, no hacer nada psicológicamente respecto de la trampa?

Si uno no hace nada en relación con la trampa, está libre de ella. Es sólo la incesante actividad de hacer algo respecto de la trampa la que los mantiene en ella. Cuando vean que es así, se detendrán, ¿no es cierto? Cesará toda actividad al respecto. ¿Y qué es lo que eso significa? Significa que están dispuestos a morir psicológicamente. De modo que cuando no saben, y es realmente eso lo que quieren decir, están fuera de la trampa, porque el pasado ha llegado a su fin. Es cuando dicen continuamente: “Miro, pregunto, debo saber”, que el pasado sigue y sigue repitiéndose a sí mismo.

Pero cuando uno se queda quieto… ¡Ah! Eso no es quedarse quieto, es la más intensa de las acciones.

Pero cuando uno no sabe nada en absoluto… Entonces se tiene a sí mismo.

Parece que eso es muy poco. Aunque no es tan poco. Es lo que ha sido por dos millones de años. Es la cosa más tremendamente compleja y usted tiene que aprender al respecto. O puede aprender sobre eso instantáneamente, o eso continuará por otros dos millones de años. Pero tomemos sólo cincuenta años. En ellos hemos acumulado muchísimo: ha habido dos guerras espantosas con sus matanzas, su brutalidad, sus disputas, sus divisiones, sus insultos… Está todo ahí. Ésa es la trampa. Nosotros somos la trampa y, por lo tanto, ¿es posible estar fuera de ella inmediatamente? ¿En un instante? Por supuesto que tiene que ser en un instante. Y si usted dice que no puede, entonces se terminó, no hay problema para usted. Y si dice: “Es posible”, eso tampoco significa nada. Pero si dice: “Realmente, no sé qué hacer”, si lo dice sin desesperación, sin amargura, sin ira, entonces en ese estado no hay en absoluto ningún movimiento entonces la puerta se abre.

Jiddu Krishnamurti: Encuentro con la Vida

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