El hombre es una máquina

El hombre es una máquina, pero hay diferentes máquinas, y las máquinas pueden ser fabricadas con una finalidad especial. Si la máquina es usada para la finalidad por la que fue fabricada, está en el sitio correcto, pero si es fabricada para una finalidad y usada para otra, está en un sitio incorrecto. El hombre es una máquina especial, fabricada para cierta finalidad; se le convierte en recipiente de ciertas influencias superiores provenientes de los mundos nº 3, nº 6 y nº 12 y porque puede recibir estas influencias de los mundos superiores, puede volverse independiente del mundo que le rodea.

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La mayoría de las leyes que tenemos que obedecer son el resultado de nuestro sueño y nuestra inconsciencia. Cada paso que damos para volvernos más conscientes nos pone más libres. Suponga que un hombre se contenta con la vida mecánica; entonces, se segrega de las influencias superiores y recibe sólo las influencias que comienzan con el mundo n° 24. Ciertamente, entonces está en peor situación que un hombre que recibe influencias de mundos superiores. Las leyes o influencias de los mundos nº 3 y nº 6 sólo pueden llegar a través del centro mental superior, y las influencias del mundo nº 12, a través del centro emocional superior.

Además, debe entender que muchas influencias pueden recibirse mecánicamente, pero muchas otras necesitan esfuerzo. O sea, las influencias no permanecen como son en el hombre: se transforman en él. Todo depende de cómo se transforman.

Cuando el hombre empezó a crecer, tiene que pagar por todo error que cometa. Si uno no tiene control, no tiene responsabilidad, pero si tiene siquiera una pequeña posibilidad de control, una posibilidad de estar más despierto o menos despierto, como en nuestro caso, uno ya es responsable.

Muy a menudo, nuestra idea de la injusticia se basa en un criterio muy estrecho. No comparamos las cosas ni vemos que ese es el orden natural de las cosas. No podemos hablar de injusticia mientras pensemos en ella como una excepción. Cuando la vemos como la regla, podemos pensar cómo escapar de ella. No puede haber justicia en nuestro estado actual, no puede haber justicia en prisión. Lo único que uno puede pensar seriamente cuando comprende que está en prisión es cómo escapar, no sentarse y llorar por la injusticia en prisión. Las personas son máquinas, son empujadas en cierto sentido y ruedan, y cuando golpean una pared, se detienen y, luego, empiezan a rodar hacia atrás. La justicia, como muchas otras cosas, depende del lugar. Empecemos colocándola desde el punto de vista del sistema. Empezamos con la división de la humanidad en diferentes círculos. Ahora podemos ver dónde surge el malentendido acerca de la justicia. La justicia empieza realmente en el segundo círculo, cuando las personas empiezan a entenderse mejor entre ellas; y hay más justicia en el círculo interior, y más aún en el círculo más interior. En el círculo exterior, la justicia sólo puede ser accidental, como todo lo demás. La justicia, como muchas otras cosas reales e imaginarias, como la emoción positiva, el conocimiento de ciertas cosas como la vida futura, el entendimiento entre las personas, etc., que queremos encontrar aquí en el círculo exterior, existen, si es que existen, sólo en los círculos interiores, y aquí son imposibles.

Las cosas permanecerán como son mientras seamos máquinas, a menos que cada uno sea consciente, no podremos escapar. Requiere mucho conocimiento saber de qué podemos escapar y de qué no podemos escapar. Pero la primera lección que debemos aprender, lo primero que nos impide escapar, es que ni siquiera comprendemos la necesidad de conocer nuestra posición. Quienquiera la conozca, ya está en una posición mejor.

P. D. Ouspensky: El Cuarto Camino, cap. VIII