El milagro de la existencia

El milagro de la existencia

Todas las cosas revelan el milagro de la existencia y, por tanto, todo, sin excepción, es igual a todo lo demás en virtud de su existencia. El milagro de la existencia es una cualidad que supera a todas las demás. La santidad de la Totalidad de la Creación permanece desde entonces como evidente por sí misma, y la manifestación de la capacidad de existir demuestra su innata divinidad. Cuando las presunciones no son ya proyectadas sobre lo observado, el resplandor de la Divinidad brilla entonces del mundo, así como del Ser. El Resplandor de Dios como Ser brilla entonces como el Infinito “Yo”.

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Independiente del contenido, la capacidad de ser, saber, existir, y ser consciente son los sustratos a priori para vida en su expresión como conciencia. Existir y ser consciente de la existencia supera toda lógica, razón o prueba. La consciencia es consciente de que es consciente. Para conocer a Dios, sólo es necesario conocer y comprender plenamente la relevancia de que uno existe. Date cuenta de que incluso el animal sabe que el “es” y ama su propia existencia.

El camino del corazón entonces no pasa por el intelecto y pone su fe en la perfección del amor en lugar de la búsqueda del intelecto y la razón. Para el amor, el intelecto y la lógica son simplemente herramientas, pero no son “quien Yo soy”. La “Mente” no puede trascender la mente al perseguir a la mente, sino sólo por la entrega de la ilusión de la mente como salvador. Es por el corazón del Amor que uno es salvado de las limitaciones de la mente por el propio amor. Sólo el amor tiene el poder para superar las creencias. En este punto, históricamente, el buscador es aconsejado “Tira a la basura todos los libros y solo se. Entrega todo a Dios sin reservas. Deja de pelear y permite la realización de lo que ya eres.”

El dejar ir la identificación del yo como pensamientos es facilitado al desligarse de los contenidos de las creencias del grupo, con sus bien conocidas y previsibles agendas, y reacciones. Uno se puede negar a identificarse con ellos como “míos”. Al entregar la identificación con lo que se presume que es “mío” permite que lo verdaderamente Mio brille desde entonces con la cualidad de la Divinidad inmanente que es la fuente de la realidad no comprometida del “Yo”.

David R. Hawkins: Yo, Realidad y Subjetividad, cap. 13