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El mundo real

Si quieres alcanzar el mundo real, debes negar este, que es simplemente darte cuenta que no es lo que eres, y más aún, que no tiene el poder de dictarte lo que eres, y más importante para ti en el espacio y el tiempo, que no tiene el poder de dictarte lo que tu experiencies. Eres libre de experienciar la paz, independientemente de las imágenes del espacio y del tiempo. Así como eres libre de experienciar la ausencia de la paz, independientemente, de las imáge­nes de tu espacio y tiempo.

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¿Pero qué si tu deseo real es ir más allá de este mundo, ir, si quieres, de la percepción al conocimiento? ¿Cuál es la diferencia entre los dos? Si puedes empezar a alcanzar el mundo real y entender que lo que ven tus ojos no es ver, y entender que este mundo de espacio y tiempo no es lo que tú eres, y no determina lo que eres, si puedes llegar a ese lugar, ¿es eso suficiente? Muchos de ustedes se han sentido frustrados en este punto. Porque aquí en tu es­pacio y tiempo es más que suficiente. De hecho, es lo mejor que puedes hacer. Si tu percibes, la percepción requiere que veas a tu mundo con tus ojos, aparentemente como un ser aislado. Y así no es posible percibir tu libertad en ningún sentido, excepto tener la comprensión de que eres TÚ quien está percibiendo.

¿Y qué pasa cuando experiencias el conocimiento que está más allá de este mundo? Cuan­do experiencias el conocimiento, la percepción se va a la nada, que es lo que ella es. Te abres a la presencia de la Creación, que es simplemente el discernimiento de que todo es UNO, y que no hay separación de ninguna clase, dentro de cualquier cosa que crea el Hijo de Dios, dentro de cualquier cosa que el Hijo de Dios experiencie.

Si percibieras verdaderamente, verías aspectos de tu mundo, y sentirías que eres UNO con ellos. Eso tomará la forma en tu discernimiento de que la voluntad de tu hermano y la tuya es lo mismo, que estás en perfecta armonía. Entonces verás cada circunstancia desde ese punto de ventaja, que será el lugar del Amor, que solo puede encontrarse en el presente, libre de pa­sado y libre de culpa.

Sin embargo, aun desde el punto de ventaja pareces estar viéndote a ti mismo y a tu her­mano y decir: «Estoy en armonía CON mi hermano». Y aún esas palabras hablan de separa­ción, ¿no es cierto? En el estado de conocimiento hay discernimiento total de que no hay nin­gún aspecto absolutamente. Tú y tu hermano LITERALMENTE se hacen UNO. Tú y toda la Creación, sin excepción, SON la Integración que es Dios.

Tú has diseñado este mundo de espacio y tiempo de tal manera que no puedes, desde den­tro de la percepción, experienciar el conocimiento. Porque si pudieras, en un momento de conocimiento, verías la verdad completamente y se iría. Y eso no fue lo que tú deseaste cuando hiciste este mundo de ilusión. Por eso es que él último paso debe ser tomado por Dios. Pero recuerda no hay separación entre tú y Dios. Así el último paso debe ser tomado por ti.

¿Cómo das el último paso desde la percepción al conocimiento? ¿Cómo vas completa­mente más allá de cualquier percepción, dentro del discernimiento total y perfecto, a la pre­sencia de Dios? Lo haces cuando renuncias total y completamente a cualquier deseo de con­servar el ego. Vas de la percepción al conocimiento al dejar ir completamente cualquier nece­sidad de tener respuestas a la pregunta «Quien soy yo». Vas de la percepción al conocimiento al dejar ir completamente cualquier deseo de existir como un «yo» que parezca estar separado del resto de tu mundo.

Y en ese lugar, cuando has liberado, si quieres, las ataduras al ego en cualquier forma, en­tonces, desde lo que parece como un lugar más allá del espacio y tiempo, te trasladarás rápi­damente y lleno de gozo, al conocimiento, más allá del espacio y tiempo, literalmente fuera de este mundo, a un lugar donde las palabras que he hablado hoy te harían mirar hacia atrás y sonreír a la necedad, al juego de miedo y culpa que pareces haber jugado, en todos aquellos minutos, días, y años de tu tiempo.

Si quisieras alcanzar el mundo real, empieza por negar el mundo que ves. Y cuando lo niegues, simplemente te darás cuenta que él no es lo que tú eres, y más aún, no puede deter­minar lo que eres. Simplemente entiendes que tú, en este momento, eres libre de cualquier pasado que hayas imaginado.

Y en ese discernimiento liberarás a tus hermanos de cualquier pasado que puedas haber imaginado acerca de ellos, o que ellos hayan imaginado de ellos mismos. Y en ese momento libre de pasado, ocurre la curación. La curación será solo tu unión con tus hermanos en el lu­gar del Amor, que es simplemente entender que tú compartes una voluntad y que no hay dife­rencias entre ustedes.

Y cuando tú, en tu espacio y tiempo, evoluciones más y más hacia ese discernimiento, to­das las ataduras que pareces tener con el ego, para definir lo que tú eres, lentamente se disol­verán hasta el día cuando, completamente, en un instante, se van definitivamente. Y en ese instante tú, en tu apertura, sentirás como si fueras llevado, llevado en los brazos de Dios ha­cia un nuevo mundo de conocimiento completo, de paz perfecta, de Integración perfecta y de armonía perfecta más allá de cualquier cosa que puedas imaginar con tu mente pensante.

Y en el momento, cuando eso suceda, celebrarás, con la mayor alegría, que estás de nue­vo, totalmente, en la presencia de Dios. Y con la misma alegría, te darás cuenta que nunca te habías ido absolutamente, debido a que tú y Dios son Uno y lo mismo, y siempre ha sido así.

Brent A. Haskell: La otra voz