El mundo, taller espiritual

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El mundo, taller espiritual

            Este mundo puede ser visto como un taller espiritual en donde las consecuencias de los errores del pasado pueden ser de nuevo trabajadas para que, con suerte, “elijas diferente esta vez”. Las consecuencias de acciones pasadas no se deben a algún juicio o el mecanismo de “castigo” por parte del universo espiritual; en cambio, ellas son simplemente innatas por su diseño intrínseco. No son ni buenas ni malas. No recibes castigos por parte de algún Dios arbitrario por los errores del pasado, sino que simplemente las sigues a través de sus consecuencias y aprendes que lo se representa como “pecado” es esencialmente el error basado en la ignorancia. La civilización es la evolución desde lo primitivo hacia la cada vez mayor consciencia y comprensión. Continentes enteros siguen viviendo en la miseria, la pobreza y destrucción caótica. Este mundo podría ser descrito como el purgatorio, ya que incluye todo el espectro de posibilidades, desde la bajeza extrema a la santidad. Los patrones son identificables en el inconsciente colectivo de los arquetipos que fueron identificados por el psicoanalista suizo Carl Jung.

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            Digamos que por descuido tiras una cerilla a un pajar y el establo se incendia. El incendio que recorre el granero de heno no es un castigo por el descuido al caer la cerilla, es simplemente que la cerilla puso en movimiento la condición que desató una cadena de acontecimientos. Si uno desea quemar el pajar, entonces el efecto sería considerado una recompensa. Si no es deseado, sería una pérdida. En realidad, no lo es.

            El espíritu evoluciona en grandes períodos de tiempo, con reencarnaciones periódicas en el taller espiritual de la tierra para el crecimiento y la reparación. Cuando todas las reparaciones hayan sido hechas, la vida en la tierra perderá su valor y atracción y el renacimiento en el dominio humano cesará.

            Los patrones kármicos son influyentes, pero no inmutables, debido a las opciones disponibles para la voluntad espiritual. La corrección se produce como un asunto de la intención por la elección de lo superior en lugar de una opción inferior. La tentación es el resurgimiento del viejo patrón que se presenta varias veces hasta que una decisión esté finalizada y resuelta. Un error kármico no resuelto tiende a repetirse, de tal manera que pueda ser reconocido e identificado su posicionamiento subyacente. Un acercamiento más útil es investigar posibles papeles inversos -alguien es la víctima en esta vida de lo que fue perpetrado en los demás en vidas pasadas, y ahora las ondas en el agua simplemente regresan como las olas de esta vida.

            Si te siente incómodo con el concepto del término “karma”, entonces es igualmente útil llámalo simplemente “el inconsciente”. Si lo hacemos así, podríamos decir en lenguaje psicológico que en la víctima de esta vida se encuentra el perpetrador oculto en el inconsciente personal o colectivo de vidas anteriores, quien ahora inconscientemente provoca ataques de los demás.

            Rara vez está una persona dispuesta a buscar dentro de sí mismas el origen de sus dificultades, ya que tienden a ser proyectada sobre los demás en el juego interminable de la víctima y el agresor. El posicionamiento de víctima egoísta del ego es tenaz, y el ego jugará el juego hasta el punto de su propia muerte física. Para protegerse a sí mismo, el ego llegará a cualquier extremo.

            En la práctica clínica, ves el interminable desfile de los dúos mortales del agresor y la víctima. El patrón no se resuelve ya sea por experiencia, psicología, o espiritualmente hasta que la víctima se hace responsable de algún aspecto de su propia personalidad, aunque representado, interpretó el papel del provocador. Es muy informativo ver el grado de tenacidad por el cual la víctima se niega a reconocer cualquier responsabilidad.

David R. Hawkins: Yo, Realidad y Subjetividad, cap. V

           

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