El Proceso de Entrega

Los buscadores espirituales saben que el núcleo de todos los caminos a Dios es la entrega, pero a qué y cómo no está claro. Sin una técnica decisiva, muchos buscadores pasan años entregando el contenido y quejándose de que están tan lejos como antes. La mente lo confirma con sus interminables producciones y, por tanto, uno no puede entregar el contenido tan rápido como se produce, es un juego perdido.

            A continuación, oyes que no son los contenidos sino los apegos al contenido lo que es un problema. Esto trae un poco de alivio, pero también trae la siguiente pregunta: ¿Cómo puedo dejar los apegos?

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            Es necesario examinar la naturaleza de un apego. Se basa en una creencia y un deseo. La creencia es que un contenido mental traerá la felicidad y resolverá problemas; por tanto, el apego es a la promesa implícita de que es el propio pensamiento el camino hacia la felicidad (riqueza, éxito, amor, etc.)

            Dejar el pensamiento parece por tanto espantoso, porque también es visto como la principal herramienta para la supervivencia; además, es “mío”. En tanto que “mío”, es considerado como único, personal, y precioso, y constituye la base de datos principal de la identificación de “quién soy”.

            El temor a la pérdida de la propia identidad trae resistencias. A Medida que nos acercamos al descubrimiento del origen de la tenacidad del ego, hacemos el descubrimiento crítico sorprendente de que estamos enamorados de nosotros mismos.

            Incluso si los pensamientos están cargados de dolor y fracaso, y han sido un desastre y una fuente de sufrimiento, todavía nos aferramos a ellos porque “son quienes “yo soy”, resultando una relación de amor/odio con ellos. Para garantizar su supervivencia, el yo también aprendió a exprimir el “jugo” de la satisfacción y la energía de la emotividad negativa. Que se alimenta de la injusticia, el martirio, el fracaso, y la culpa. El ego secretamente “ama” y se aferra al papel de víctima y extrae un placer distorsionado y una nefasta justificación del dolor y el sufrimiento. Esto puede ser visto en muchos casos como una adicción y un estilo de vida. El “perdedor” es una figura casi romántica de la música y el folclore (por ejemplo, Mr. Bojangles, la “vagabunda”, el “tímido y excluido”, el amante rechazado, etc.)

            Siempre hemos estado “enamorados” de nuestros pensamientos y los hemos apreciado. Nos defendemos y excusamos por ellos. Somos celosos de nuestras creencias. Las apreciamos y alternativamente los despreciamos y castigamos con la culpa y el odio hacia nosotros mismos. En conjunto, sin embargo, se trata de un enamoramiento. La auto-imagen se engalana dado que es el escenario en el que el drama de nuestra vida desfila. Dejar lo que se ama lleva al miedo a la pérdida. Para el yo, todos aman los objetos que son vistos como una fuente de felicidad.

            El siguiente problema central, es la dificultad de dejar el amor emotivo, no por el amor en si, sino por el apego a lo que es amado. Creemos que la pérdida de un objeto amado traerá sufrimiento, pero en realidad, el sufrimiento es por la pérdida del propio apego, lo cual es debido a ver el objeto amado como fuente de la felicidad. El sufrimiento es debido a la ilusión de que has perdido una fuente de felicidad, y que esa fuente de la felicidad está “ahí fuera”.

            Si observas el sentimiento de felicidad, se pone de manifiesto que se encuentra realmente localizado en el interior, aunque el desencadenante pueda parecer venido de fuera de uno mismo; la sensación, sin embargo, es totalmente un sentimiento interior de placer. La fuente de la felicidad está por tanto en realidad en el interior y es liberada bajo circunstancias favorables cuando la mente experimenta un resultado deseado. Mediante un examen interior, descubrirás que la situación simplemente desencadena una capacidad innata interna. Con el descubrimiento de que la fuente de la felicidad está en realidad dentro del propio ser interior y por tanto no se puede perder, se da la reducción del miedo.

            Visto desde la Realidad, los pensamientos están en verdad “ahí fuera”. Aunque pueda parecer increíble, pueden ser totalmente prescindibles porque interfieren con el logro de la verdadera felicidad.

David R. Hawkins: Yo, Realidad y Subjetividad, cap. 3