El progreso espiritual puede parecer lento

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Progreso espiritual

El progreso espiritual puede parecer lento o volverse de repente rápido e inesperado. La humildad, la entrega muy profunda, y también la oración, pueden acortar el proceso. La aparente duración de tiempo se debe a que estás buscando un resultado. Incluso cuando las energías del ego han sido “desconectadas”, su impulso parece necesitar agotarse. Por ejemplo, cuando un buque gigante, como un gran carguero, detiene sus motores, a menudo sigue varias millas más hasta que finalmente se detiene. El ego a menudo parece colapsar por partes. Una vez que la fe en la realidad del ego como verdadero yo es socavada, su disolución ya ha comenzado. Cuando la propia lealtad y orientación son cambiadas del ego hacia la realidad última de Dios, se crea un espacio. En esa apertura fluye la Gracia de Dios, representada por el Espíritu Santo.

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Hay una tradición de dejar totalmente el mundo ordinario y convertirse en un recluso solitario o unirse a una orden de silencio solitario o incluso una orden monástica formal. El monje y la monja han sido respetados a lo largo de la historia por su dedicación espiritual que ha requerido abstinencia, pobreza, castidad, humildad, servicio y sencillez. Para el aspirante espiritual promedio, una parte o incluso todos estos elementos pueden ser adheridos en varios periodos, incluso si sólo son retiros formales de duración limitada. Deshacerse de las propias posesiones mundanas sucede comúnmente, al igual que la retirada del glamour del mundo y el trasladarse a lugares y estilos de vida más tranquilos.

En su sentido más amplio y básico, la renuncia significa el descarte de la ilusión y la obstrucción a la realización de la verdad y la Realidad de Dios. Así, todas las vías hacia la renuncia de Dios son falsas y son devotas las que irradian amor, paz, santidad, compasión, perdón, misericordia y la caridad. También significa la opción de renunciar a la ignorancia por la Verdad, la oscuridad por Luz, y las tentaciones del ego, tales como el odio, la ira, el orgullo, la maldad, la codicia y el egoísmo. La renuncia también implica la libertad de la trampa dualista de la denuncia, o convertirse en polarizados y atrapados en los posicionamientos de las “polaridades de los opuestos”. La renuncia más simple es sencillamente la negación o no aceptación. Para elegir “lo elevado”, no es necesario “luchar con lo bajo” sino simplemente declinar la alternativa.

David R. Hawkins: Yo: Realidad y Subjetividad, cap. VI