El progreso espiritual

El progreso espiritual

            La Realización es un proceso progresivo. El progreso espiritual es acelerado mediante la comprensión de la verdadera naturaleza del ego. No es un enemigo a ser atacado o derrotado, ni tampoco es un mal que debe ser vencido. Es disuelto por la comprensión compasiva.

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            Por tanto, es conveniente que el buscador espiritual esté familiarizado con la estructura del ego y sea consciente de que no es disuelto por ninguna negación o culpabilidad. Curiosamente, el ego mantenido es debilitado por la aceptación, la familiaridad y la comprensión compasiva; en cambio, se ve reforzada por la autocrítica, la condena, el miedo y la vergüenza.

            El ego es trascendido porque no es la realidad última, sino simplemente un conjunto de herramientas de supervivencia del mundo animal. Sus expresiones emocionales también son mostradas por los niños. El ego es por tanto no sólo el animal, sino también del niño. Freud demostró que el poder del inconsciente era deshecho en el psicoanálisis por el método de primeramente hacer consciente lo inconsciente.

            Anna Freud describió los mecanismos de defensa del ego. Debido a su trabajo, estamos familiarizados con los conceptos de represión, supresión, negación y proyección, así como la acción de devolver los impulsos instintivos hacia adentro contra el yo. Así, los instintos que fueron biológicamente innatos desde el mundo animal se ocultan en lo que el psicoanálisis llama el “id”. Los mecanismos de control del “superego” (la conciencia) se derivaron de los padres y la sociedad, y la consciencia del ego después tuvo la tarea de reconciliar estos instintos biológicos básicos con la sociedad. El “ego-ideal” fue la imagen idealizada de lo que el yo quiso llegar a ser. Incluidas las identificaciones positivas con héroes, rasgos idealizados, ideales espirituales, y estilos de personalidad. La “persona” era ese aspecto del ego que era presentado a la sociedad, y su estilo fue entonces llamado personalidad.

            El psicoanalista suizo Carl Jung, ampliaba este paradigma de la psique al incluir la dimensión espiritual del hombre que, curiosamente, al igual que los instintos biológicos, son también inherente como algo “dado”. Jung también vio lo común de la humanidad, que él llamó “inconsciente colectivo”, que operaba más por los símbolos que por conceptos.

            En los últimos años, la naturaleza del yo fue elaborada ​​en la llamada “psicología del yo”, y los aspectos espirituales fueron estudiados más como “psicología transpersonal”.

            Los consiguientes problemas por el mero hecho de la propia existencia se convirtió en el tema del “análisis existencial”, y así, la psicología sofisticada emergió en el área crítica que había preocupado a la filosofía durante siglos, a saber, el actual “humanismo”.

David R. Hawkins, cap. VI