EL SER HUMANO QUE NO PIENSA POR SÍ MISMO, NO PIENSA EN ABSOLUTO
Oscar Wilde

8 - El ser humano que no piensa por sí mismo, no piensa en absoluto

“La pereza y la cobardía son las causas de que una gran parte de los seres humanos permanezca, gustosamente, en la minoría de edad a lo largo de su vida, a pesar de que ya hace tiempo que la naturaleza los liberó de la dirección ajena (haciéndoles físicamente adultos); y por eso les ha resultado tan fácil a otros en erigirse en sus tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad!
Si tengo un libro que piensa por mí, un director espiritual que reemplaza mi consciencia moral, un médico que me prescribe la dieta, etc. entonces no necesito esforzarme. Si puedo pagar, no tengo necesidad de pensar: otro asumirá por mí tan fastidiosa tarea. Aquellos tutores que tan bondadosamente han tomado sobre sí la tarea de superintendencia se encargan ya de que el paso hacia la mayoría de edad, además de difícil, sea considerado peligroso por la mayoría de los seres humanos.
Después de haber entontecido a sus animales domésticos, y de procurar cuidadosamente que estas pacíficas criaturas no puedan atreverse a dar un paso sin las andaderas en las que han sido encerradas, les muestran el peligro que les amenaza si intentan caminar solos. Lo cierto es que este peligro no es tan grande, pues ellos aprenderían a caminar solos después de unas cuantas caídas, pero el ejemplo de un simple tropiezo basta con intimidar y, por lo general, les sirve como escarmiento para desistir de todo nuevo intento.
Por tanto, es difícil para todo individuo lograr salir de esa minoría de edad, casi convertida ya en una segunda naturaleza. Incluso le ha tomado afición y se siente realmente incapaz de valerse de su propio entendimiento, porque nunca se le ha dejado hacer dicho intento. Principios y fórmulas, instrumentos mecánicos de uso racional –o más bien, abuso- de sus dotes naturales, son los grilletes de una permanente minoría de edad.
Quien se desprendiera de ellos apenas daría un salto inseguro para salvar la más pequeña zanja, porque no está habituado a tales movimientos libres. Por eso, pocos son los que, por esfuerzo del propio espíritu, han conseguido salir de esa minoría de edad y proseguir, sin embargo, con paso seguro.
{…}Más escucho exclamar por doquier: ¡No razonéis!
El oficial dice: ¡No razones, adiéstrate! El funcionario de hacienda: ¡No razones, paga! El sacerdote: ¡No razones, ten fe! Por todas partes encontramos limitaciones de la libertad”

IMMANUEL KANT

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Kant enumera en estos párrafos factores externos e internos que obstaculizan la tarea de servirnos de nuestro propio entendimiento. Y compendia los obstáculos exteriores en la expresión “tutores”. Tutores son todas aquellas personas e instancias conniventes con la tendencia del ser humano a evitar el esfuerzo que supone pensar por cuenta propia y responsabilizarse de su propia vida; quienes están sorprendentemente bien dispuestos a asumir esas labores en nuestro lugar; aquellos –comenta el filósofo alemán con ironía- “que tan amablemente han tomado sobre sí la tarea de superintendencia”. En ocasiones, Kant resume dichas figuras en tres fundamentales: el sacerdote, el abogado-jurista y el médico; pues la mayoría de las personas –afirma- no aspiran a alcanzar los fines superiores de la vida humana, como la plena libertad interior que proporciona el amor desinteresado a la verdad, sino que se hallan apegados a sus fines más básicos y súper-vivenciales, muy en particular, al deseo de gozar siempre de salud, de proteger su patrimonio y garantizarse la felicidad en el más allá; y, por ello, buscan tutores que les enseñen: “¿Cómo podría, aun cuando hubiese vivido como un desalmado, procurarme a última hora un billete de ingreso en el reino de los cielos? ¿Cómo podría, aun cuando no tuviese razón, ganar mi proceso o mi pleito? ¿Y cómo podría, aun cuando hubiese usado y abusado a mi antojo de mis fuerzas físicas, seguir estando sano y tener una larga vida?
Kant invita, en cambio, a que cada cual se responsabilice plenamente de sí mismo, a que sea su propio sacerdote, su propio abogado y su propio médico, es decir, su propio guía en el cuidado de sí y en el arte de vivir.
Trasladando la invitación kantiana a emanciparnos de todas las tutelas a nuestras circunstancias, a nuestro contexto, reflexionaremos sobre algunos obstáculos, tanto externos como internos, que encontramos habitualmente en la tareas de pensar por nosotros mismos.

EL ARTE DE SER
Mónica Cavallé