El trabajo espiritual

El trabajo espiritual consiste en comprender, darse cuenta de cosas, y en una actitud general de dejar que sucedan las cosas más que de conseguirlas. Saber que lo que se está buscando es omnipresente, innato en  “Todo lo que es”, invisible y silencioso. Es la condición necesaria para la existencia misma. Esa es la cualidad, una cualidad de capital trascendencia, y es la matriz absoluta, irreducible para que cualquier cosa “sea”.

Esto es algo que se da por sentado hasta tal punto que su importancia suele pasarse por alto. Para aprehender la condición de la existencia en sí, el prerrequisito necesario es la Conciencia. Y la cualidad y la esencia intrínseca e innata de ese prerrequisito, conciencia/existencia, es la Divinidad. Cuando se descubre, no hay lugar a error. Su conocimiento es silencioso, sin palabras, y brilla como una revelación. Se presenta a sí misma en total integridad y finalidad. No es vaga ni oscura, sino poderosa y abrumadora.

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La Presencia disuelve toda separatividad. Se siente como si uno se hubiera salido del tiempo. Toda secuencia se detiene, como si todo el tiempo y toda la creación estuvieran totalmente presentes y por igual en el Ahora. Todo lo que fue o pudo ser esta ya totalmente presente y completo. Todo lo que es posible conocer se conoce ya. La potencialidad ya es. Todo pensamiento se detiene y, por tanto, todas las categorías de pensamiento, tales como el tiempo, el espacio, la distancia y la duración, cesan y no son aplicables.

El mundo parece literalmente distinto. Todo parece tener una profundidad mucho mayor. Todo está vivo y radiante con la consciencia. Todo es consciente de lo que es, y es consciente de que todo lo demás es consciente. Nada es inerte de forma innata.

El mejor enfoque espiritual, para esta investigación sobre uno mismo es una actitud, casi como un “mudra “, que consiste en una posición de conciencia y observación. Es activamente pasivo en la actitud de dejar que las cosas sucedan, la actitud Yin, es constante e inquebrantable.

No conviene “intentar” ver lo obvio, sino simplemente eliminar los obstáculos, como las opiniones, las creencias, las categorías mentales, los comentarios, la impaciencia o los intentos de la mente de anticipar o controlar la siguiente fracción de segundo.

Al igual que los niños, todos hemos intentado ver “la imagen escondida” en algún cuadro; y, cuando dejamos de intentarlo, se revela por si sola; el arbusto se convierte de repente en un león sonriente, por ejemplo. “Intentarlo” trae como resultado un reforzamiento de la percepción y un estrechamiento de la visión y, por tanto, una limitación mayor.

Es una paradoja buscar lo invisible. Se parece más a una identificación que tiene lugar con “Todo lo que es” y el mismo sustrato de la existencia. A través de la observación, queda claro que todo fenómeno emocional/mental/conceptual sucede espontáneamente por sí solo, y que no hay tal persona que lo provoque.

El Yo es el campo total, así como todo lo que contiene. La consciencia es la cualidad mediante la cual el Yo se conoce, es cognoscible y se expresa. Dios es “Todo lo que es”, sin ninguna exclusión (visión, sonido, espacio, objetos, forma, informe, visible, invisible, solidó, liquido, sin dimensión ni situación, e igual en todas partes). Dios no tiene opuesto. Dios es tanto la Totalidad como el vació, igualmente forma y no forma.

David R. Hawkins: El Ojo del Yo, cap. 13