El trabajo sobre uno mismo

El trabajo sobre uno mismo disminuye las funciones de las partes mecánicas en el sentido de que disminuirá la mecanicidad donde la atención y la consciencia son útiles. Las partes mecánicas realizarán entonces su trabajo para el cual están destinadas, y tal vez lo hagan mejor que ahora, porque ahora están demasiado ocupadas con cosas que no les conciernen. Esto facilitará el trabajo de las mejores partes de los centros.

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Cuando vea, o descubra en su memoria, cuan mecánicamente puede usted cometer las cosas más abominables, que después no puede entender cómo pudo haberlas hecho, entonces sabrá qué es la mecanicidad. Toda nuestra vida hacemos mecánicamente lo que nunca haríamos conscientemente. Eso es lo que debemos entender. Si miramos a través de nuestra vida, año por año, mes por mes, vemos cosas que nunca hubiésemos hecho conscientemente, o cosas que no hicimos y tendríamos que haber hecho si estuviéramos conscientes. Este es el modo de pensar acerca de la mecanicidad.

Hay dos métodos de conclusiones mentales: «formación» y «formulación». La «formación» es una conclusión a la que se arriba por el camino de la menor resistencia, evitando las dificultades. Es más fácil porque se autocrea: frases hechas, opiniones hechas, como una estampilla. Por lo general, es defectuosa, con excepción de los casos más simples. La «formulación» es una conclusión a la que se arriba sobre la base de todo el material disponible; necesita esfuerzo y a veces es difícil, pero significa lo mejor que podemos hacer.

En el centro motor no puede confiarse mucho; aquél controla la imaginación y los sueños. De modo que, cuando trabaja, el que vigila es el centro intelectual. Si uno trabaja totalmente con el centro motor, está semidormido. Toda la cooperación de los centros es cierto grado de despertar. ¿Qué significa quedarse dormido? La desconexión de los centros.

La parte intelectual del centro motor puede controlar todos nuestros movimientos más complicados, cuando tenemos que inventar nuevos movimientos. Suponga que uno invente una máquina complicadísima, o que trabaje con una máquina muy difícil, o que realice un trabajo manual muy intrincado que necesite constante atención y constante recuerdo de sí incluso, a fin de no interrumpir la totalidad; ése sería el trabajo de la parte intelectual del centro motor.

Y la parte motora del centro intelectual es el aparato registrador o formativo: un sistema de fichero en el cerebro. Es muy útil en su sitio, pero se lo usa con finalidades equivocadas. Suponga, por ejemplo, que uno arroja esas fichas por el aire y trata de efectuar deducciones sobre el modo en que caen; ése sería un trabajo equivocado del aparato formativo: y eso es lo que habitualmente hacemos.

Lo que nos guiará hacia este trabajo mejor es el trabajo sobre uno mismo: el estudio de sí, el conocimiento de sí, el recuerdo de sí. Primero tenemos que conocer la máquina y luego tenemos que aprender a controlarla. Tenemos que reajustar las funciones de modo que cada una realice su propio trabajo correcto. La mayor parte de nuestra actividad consiste en un centro que efectúa el trabajo de otro centro. Nuestra incapacidad para alcanzar nuestro nivel normal radica en nuestra incapacidad para hacer que nuestros centros trabajen correctamente. Muchas cosas inexplicables, que observamos, se deben al trabajo equivocado de los centros.

P. D. Ouspensky: El Cuarto Camino, cap. 3