Errores espirituales

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 Errores espirituales

Lo que viene a continuación puede sonar abstracto. Los errores se producen dentro de la misma consciencia, antes incluso de que haya ninguna “persona” involucrada. La consciencia puede experimentarse bien como singularidad o bien como unidad. Sin embargo, su conciencia se engaña al creer que solo tiene dos opciones, la de la existencia, como singularidad, o la de la no existencia, como vacío. El error consiste en creer que hay un opuesto a la verdad.

Esto puede sonar difícil de entender a menos que volvamos a comprender la idea básica de que solo la Verdad, la Totalidad, Dios y la existencia constituyen posibilidades reales. La no existencia, la nada, el vacío y la falsedad no son posibles en la Realidad. Todo esto solo tiene existencia como conceptos, en la mente.

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Si la consciencia cree que todo esto son posibilidades reales, aparecerá el miedo a la no existencia o al vacío. El error estriba en que la consciencia confunde la Totalidad con la nada. Este error no es en modo alguno abstracto, pero impregna la totalidad del pensamiento humano y constituye la base del miedo a la muerte. Tiene existencia en nuestro lenguaje en los términos “verdadero frente a falso”. En la prueba kinesiológica, vemos demostrado este fenómeno. Cuando el brazo se fortalece, decimos en nuestro lenguaje que la respuesta es “positiva”, “sí” o “verdadera”.

Ahora, preste mucha atención a este hecho. Con el lenguaje, calificamos una respuesta débil como “negativa”, “no” o “falsa”. Esto representa perfectamente la naturaleza del error. En realidad, la respuesta débil no proviene de una realidad llamada “falsedad”, sino que es una no respuesta. Para aclararlo, podemos decir que solo es posible la respuesta de “si”. Disponemos de una analogía en la electricidad que discurre por los circuitos de un aparato eléctrico; o esté presente o no lo esté. Si está presente, decimos que está “encendido”. Si no está presente, decimos que está “apagado”. Aquí, el error se nos muestra con el fin de revelar el error básico: ¡no existe la calidad de “apagado”!

Es crucial comprender esto, pues es el fundamento de toda ilusión. No existe nada opuesto a Dios. Nada opuesto a la existencia tiene posibilidad real alguna. Solo la verdad dispone de la capacidad de existir. Solo la Totalidad es una posibilidad. Esto es difícil de entender, pero resuelve todas las cuestiones y errores.

Para terminar de comprender este error, diremos que la creencia puede generar la experiencia. Lo que se cree que es cierto dentro de la mente se percibe como existente fuera de ella debido a que se proyecta, y la mente no es consciente de los mecanismos de proyección. Esta percepción se refuerza a sí misma. Así, la imaginación se convierte tanto en el producto como en el origen del error.

Vamos a comparar esto con un simple esbozo:

Realidad

Imposibilidad

Vida

Muerte

Existencia

No existencia

Totalidad

vacío

Verdad

Falsedad

Bien

Mal

Inocencia

Pecado

Si

No

Cualquier experiencia de “realidad” de lo que aparece arriba, en la lista de la derecha, proviene solo del sistema de creencias, pero no tiene una verdadera existencia, una existencia independiente, en la Realidad. No tienen una existencia sustancial e independiente; dependen únicamente de la imaginación y de la creencia.

Todas estas imaginaciones son fantasías, un producto del miedo y la distorsión. Son productos de la mente únicamente. La mente incluye a la forma; sin embargo, y por extraño que parezca, incluso el vacío es imaginación. Para experimentarlo, hay que pensarlo, negando todos los atributos en las realidades de la verdad.

El vacío es un estado creado únicamente por la mente, que cree en el como una posibilidad real. La única posibilidad real en la Realidad es la “Ser-idad”, la Totalidad y el Ser. Es obvio que los teóricos opuestos de estos se concebirían como “no Dios-idad”, no Totalidad, y que lo que ni siquiera es posible puede “existir”.

El dilema de la aparente opción entre la existencia como cuerpo frente a la ilusión de la no existencia es que se cree que es una posibilidad. Esto es algo que se experimenta en esta vida, a la edad de tres años. De repente, desde la no conciencia, vino a la conciencia y a la experiencia la presencia de un “yo” como un cuerpo sentado en un cochecito. Antes de aquel instante, todo era olvido.

Con la conciencia de que “yo existo”, apareció inmediatamente el miedo a la no existencia; apareció la posibilidad en esta mente de que “podría haber sucedido que yo no hubiera venido a la existencia”. No era un miedo a la muerte, sino un miedo a la posibilidad (a la imaginación) de no ser y de la nada.

Después, la mente comenzó a temer la posibilidad, tal como la vela, del vacío como realidad. El miedo a la no existencia frente a la existencia se hallaba por detrás de la poderosa experiencia real. No era miedo a no tener un cuerpo, sino a no experimentar un “yo”.

La existencia se experimenta, por tanto, como el sentido de “Yo-idad”. ¡Evidentemente, si no hubiera habido un “yo”, el hecho no habría sido conocido, dado que no habría habido ningún “yo” que pudiera saber que no existía! Sin embargo, a los tres años de edad, esto no era evidente.

El estado previo a la conciencia de la existencia era, ciertamente, un estado de olvido. El olvido tendría existencia sin la conciencia de esa existencia. En la vida ordinaria, denominamos a ese estado “inconsciencia” o “sueño”. Durante el sueño, todavía “somos”, pero no somos conscientes de que somos. Sin embargo, no parece haber ningún sufrimiento posible en ese estado de olvido; de hecho, lo buscamos cada noche y nos quejamos si no llegamos por completo al olvido durante la noche.

La consciencia parece feliz con esos periodos donde no hay memoria, así como con los periodos de paz. La posibilidad de sufrir no aparece hasta que vuelve la identificación con la singularidad (yo, el cuerpo). Por tanto, el fundamento de todo sufrimiento lo constituye la creencia en la separatividad y la singularidad. En el estado de Totalidad, no es posible el sufrimiento.

La reencarnación, por tanto, es el renacimiento del sentido del “yo” como singularidad diferenciada. Es una repetición que es independiente de tener o no un cuerpo físico. En las experiencias extracorporales y en las experiencias cercanas a la muerte, solo permanece el sentido del “yo”, sin necesidad alguna de cuerpo físico. El sentido de la vida, de estar vivo, la conciencia de la existencia es un fenómeno que tiene lugar dentro de la consciencia. Es igualmente evidente en los estados meditativos, donde la conciencia del cuerpo desaparece y uno se disuelve en la consciencia, sin sensación alguna de situación, tiempo, espacio, dimensión o duración.

La iluminación se convierte en un estado evidente, una realización subjetiva de la existencia de la conciencia sin identificaciones limitadoras. La subjetividad pura es autogratificante, total y completa, radicalmente idéntica solo como conocimiento de la Totalidad de la existencia más allá del tiempo y el espacio. Es inviolada, permanente, independiente, omnipresente, omnisciente y omnipotente, plenamente gratificante y sin opuestos. Colma en absoluto la totalidad de toda posibilidad, y reduce toda posible potencialidad al máximo.

El Yo es la conciencia, su origen, su culminación, su totalidad, su realización y su esencia. Es la Realidad de la Realidad, la Unidad y la Totalidad de la Identidad. Es la “Yo-idad” definitiva de la misma consciencia como manifestación de lo no manifiesto. Solo así se puede describir lo indescriptible. Amen.

David R. Hawkins: El ojo del Yo, cap. 18

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