Escuelas espirituales

 

Las escuelas no son necesarias para la vasta mayoría de las personas. Son sólo necesarias para quienes ya comprendieron lo inadecuado del conocimiento reunido por la mente corriente y que sienten, por si mismos, que con su propia fuerza no pueden resolver los problemas que los rodean ni encontrar el camino correcto. Sólo tales personas son capaces de vencer las dificultades conectadas con el trabajo de una escuela, y sólo para ellas las escuelas son necesarias.

Y a fin de entender por qué las escuelas son necesarias, uno deberá comprender que el conocimiento que proviene de hombres de mente superior puede transmitirse sólo a una cantidad muy limitada de personas simultáneamente y que es necesaria la observancia de toda una serie de condiciones definidas, sin lo cual el conocimiento no puede transmitirse correctamente.

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Las escuelas son necesarias para evitar tal desarrollo unilateral y los resultados indeseables conectados con esto. Las condiciones de la enseñanza de la escuela son tales que, desde los primeros pasos mismos, el trabajo progresa simultáneamente a lo largo de dos líneas, la línea del conocimiento y la línea del ser. Desde los primeros días en la escuela, el hombre empieza a estudiar la mecanicidad y a luchar contra la mecanicidad en él mismo, contra las acciones involuntarias, contra la charla innecesaria, contra la imaginación, contra la expresión de las emociones negativas, contra las quimeras y contra el sueño. Al dar un paso a lo largo de la línea del conocimiento, el hombre debe dar un paso a lo largo de la línea del ser. Los principios de la escuela funcionan, todas las exigencias se efectúan sobre él, todos le ayudan a estudiar su ser y a trabajar para cambiarlo.

Una escuela puede ayudar a las personas que están cansadas de ser máquinas; puede mostrarles el camino para que cesen de ser máquinas y enseñarles cómo puede hacerse eso. Eso es todo lo que una escuela puede hacer, y, sin una escuela, eso no puede lograrse.

Lamentablemente, la influencia C se convierte muy a menudo en la influencia B si las personas acuden a una escuela sin estar preparadas. Después, tal vez luego de largo tiempo, pueden oír las mismas cosas que oyeron cuando llegaron por primera vez y descubrir en ellas un nuevo significado. Entonces esto se convierte en la influencia C. Hay muchas ideas que, si se las entiende correctamente, pueden convertirse en la influencia C.

El desarrollo correcto del ser es imposible sin escuelas, porque uno no puede vigilarse, no puede ser suficientemente estricto consigo mismo. Y no es sólo cuestión de ser estricto: uno simplemente no puede recordar las cosas en el tiempo correcto, olvidará o hará las cosas fáciles para sí. Si fuese posible trabajar por uno mismo, las escuelas serían desperdiciar el tiempo y los sistemas no serían necesarios; pero puesto que existen, esto significa que, sin ellas, es imposible. Uno no puede tener ningún plan, ningún sistema por uno mismo. ¿Cómo puede uno desarrollarse sin un plan o sistema? ¿Cómo puede hacerse algún trabajo? ¿Cómo puede uno obtener el conocimiento necesario, entender la propia posición, saber qué hacer? Uno no puede siquiera obtener el conocimiento preliminar con el cual empezar.

Las escuelas no son todas las mismas. Para una clase de gente es necesaria una clase de escuela, para otra clase de gente hay otra clase de escuela. No hay una escuela universal para todas las clases de gente. Esto nos trae al tema de los diferentes caminos. Pero antes de hablar de los caminos, es necesario comprender que, hace miles de años, la gente llegó a la idea de que el hombre puede cambiar, que puede adquirir algo que no obtuvo. Lo que podemos adquirir fue expresado de distintas maneras y encarado desde diferentes ángulos, pero la idea general fue siempre la misma: que el hombre puede desarrollarse, que puede adquirir algo nuevo. De modo que se formaron tres caminos correspondientes a la división del hombre en hombre nº 1, nº 2 y nº 3.

El primer camino es el camino del Faquir. Es un camino largo, difícil e incierto. El faquir trabaja sobre el cuerpo físico, sobre la conquista del dolor físico.

El segundo camino es el camino del Monje. Este camino es más corto, más seguro y más definido. Requiere ciertas condiciones, pero sobre todo requiere fe, porque si no hay fe, el hombre no puede ser un verdadero monje.

El tercer camino es el camino del Yogi, el camino del conocimiento y de la consciencia. Cuando hablamos de los tres caminos, hablamos de principios. En la vida actual, se los encuentra raras veces en forma pura, pues en su mayoría están mezclados. Pero si usted conoce el principio, cuando estudie las prácticas de la escuela podrá separar qué práctica pertenece a cada camino. Cuando hablamos de los yogis, en realidad sólo tratamos del Jnana-Yoga y del Raja-Yoga. El Jnana-Yoga es el yoga del conocimiento, de un nuevo modo de pensar. Enseña a pensar en diferentes categorías, no en las categorías del espacio y del tiempo, y de la causalidad. Y el Raja-Yoga es el trabajo sobre el ser, sobre la consciencia. Aunque en muchos aspectos estos caminos son muy diferentes, lo característico de ellos es que el primer paso es el más difícil. Desde el primer momento mismo tiene usted qué renunciar a todo y hacer lo que se le dice. Si conserva una sola cosa pequeña, no podrá seguir ninguno de estos caminos. De modo que, aunque los tres caminos son buenos en muchos otros aspectos, no son lo suficientemente elásticos. Por ejemplo, no se amoldan a nuestro actual modo de vida. El Faquir es un exagerado hombre nº 1 con pesado predominio del centro instintivo motor. El Monje es un exagerado hombre nº 2 con el centro emocional desarrollado y los otros subdesarrollados. El Yogi es un exagerado hombre nº 3 con el centro intelectual desarrollado y los otros no suficientemente desarrollados. Si sólo existiesen estos tres caminos tradicionales, no habría nada para nosotros, pues estamos demasiado sobre- educados para estos caminos. Pero existe un Cuarto Camino que es un camino especial, no una combinación de los otros tres. Es diferente de los otros, primero de todo, en que no hay un renunciamiento externo a las cosas, pues todo el trabajo es interior. El hombre debe empezar el trabajo en las mismas condiciones en que se halla cuando lo encuentra, porque estas condiciones son las mejores para él. Si empieza a trabajar y estudiar en estas condiciones, puede alcanzar algo, y después, si es necesario, podrá cambiarlas, pero no antes de que vea la necesidad de ello. De modo que, al principio, uno continúa viviendo la misma vida que antes, en las mismas circunstancias que antes. En muchos aspectos, este camino demuestra ser más difícil que los otros, pues no hay nada más difícil que cambiarse internamente sin cambiar externamente.

Luego, en el Cuarto Camino, el primer principio es que el hombre no debe creer nada; debe aprender; de manera que la fe no entra en el Cuarto Camino. Uno no debe creer lo que oiga o lo que se le aconseje; debe encontrar las pruebas de todo. Si se convence que algo es cierto, entonces puede creerlo, pero no antes. Este es un breve esbozo de la diferencia entre los cuatro caminos.

La gente cree o no cree cuando es demasiado perezosa para pensar. Usted debe escoger, tiene que convencerse. Se le dijo que debe recordarse, pero sería un error que se recordase porque se lo dijeron. Primero, debe comprender que no se recuerda y qué significa esto, y luego, si realmente comprende que lo necesita y le agradaría recordarse, lo hará del modo correcto. Si simplemente lo hace copiando a alguien, lo hará del modo incorrecto. Debe comprender que lo está haciendo por usted mismo, no porque alguien se lo dijo.

P. D. Ouspensky: El cuarto camino, cap. IV