Escuelas superiores

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Escuelas superiores

Una escuela es un lugar en el que se aprende algo. Pero deberá haber siempre cierto orden en las cosas, y no se podrá aprender sin seguir este orden. Al hablar de escuelas conectadas con alguna clase de escuelas superiores (sin esta conexión, una escuela no tiene significado) dije que en tales escuelas se deberá trabajar sobre el ser, al mismo tiempo que sobre el conocimiento, porque de otro modo todo el conocimiento será absolutamente inútil y no se extraerá provecho de él. Las ideas esotéricas que no se toman prácticamente, se vuelven mera filosofía, gimnasia simplemente intelectual que no puede llevar a ninguna parte.

 

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Para el desarrollo del ser es necesaria una escuela: muchas personas que trabajen en la misma dirección de acuerdo con los principios y métodos de la escuela. Lo que un solo hombre no puede hacer, muchos hombres que trabajen juntos pueden hacerlo. Cuando me encontré con este sistema, me convencí muy pronto que estaba conectado con escuelas y que, de esta manera, ha pasado a través de la historia documentada e indocumentada. Durante este tiempo se inventaron y se perfeccionaron métodos.

Lo que es importante entender es que hay una especie de secreto en el trabajo de la escuela, no en el sentido de algo realmente oculto, sino de algo que ha de explicarse. La idea es ésta: si tomamos el trabajo de la escuela como una octava ascendente, sabemos que en cada octava hay dos intervalos o espacios, entre mí y fa, y entre si y do. A fin de pasar a través de estos espacios, sin cambiar el carácter o la línea del trabajo, es necesario saber cómo llenarlos. De modo que, si queremos garantizar la dirección del trabajo en una línea recta, deberemos trabajar sobre tres líneas simultáneamente. Si trabajo sólo en una línea, o en dos líneas, la dirección cambiará. Si trabajo en tres líneas, o tres octavas, una línea ayudará a la otra a pasar el intervalo, dando el choque necesario. Es importantísimo entender esto. El trabajo de la escuela usa muchas ideas cósmicas, y las tres líneas del trabajo son un ordenamiento especial para salvaguardar la dirección correcta del trabajo y tornarlo exitoso.

La primera línea es el trabajo sobre uno mismo: el estudio de sí, el estudio del sistema, y tratar de cambiar, por lo menos, las manifestaciones más mecánicas. Esta es la línea más importante. La segunda línea es el trabajo con las otras personas. Uno no puede trabajar por sí mismo; cierta fricción, cierta inconveniencia y dificultad de trabajar con otras personas crea los choques necesarios. La tercera línea es el trabajo para la escuela, para la organización. Esta última línea asume distintos aspectos para diferentes personas.

El principio de las tres líneas es que las tres octavas deberán seguir simultáneamente y paralelas una con otra, pero no todas empiezan al mismo tiempo y, por tanto, cuando una línea llega a un intervalo, otra línea entra en su ayuda, puesto que los lugares de estos intervalos no coinciden. Si un hombre es igualmente enérgico en las tres líneas, eso le conduce fuera de muchos sucesos accidentales. Naturalmente, la primera línea empieza primero. En la línea del trabajo usted toma: conocimiento, ideas, ayuda. Esta línea le concierne solamente a usted, es enteramente egocéntrica. En la segunda línea, uno no sólo debe tomar sino también dar, comunicar conocimiento e ideas, servir como ejemplo y muchas otras cosas. Concierne a las personas que están en el trabajo, de modo que en esta línea uno trabaja mitad para sí y mitad para los demás. En la tercera línea, uno debe pensar en el trabajo en general, sobre la escuela o la organización como un todo. Uno debe pensar sobre lo que es útil, lo que es necesario para la escuela, lo que la escuela necesita, de modo que la tercera línea concierne a la idea total de la escuela y a todo el presente y el futuro del trabajo. Si un hombre no piensa sobre esto y no lo entiende, entonces las primeras dos líneas no producirán su efecto completo. He aquí cómo está ordenado el trabajo de la escuela y he aquí por qué son necesarias tres líneas: uno puede obtener choques adicionales, y el beneficio pleno del trabajo, solamente si trabaja en las tres líneas.

Si conectamos las tres líneas del trabajo con la idea de lo bueno y lo malo, entonces todo lo que ayude a la primera línea, esto es, al propio trabajo personal, está bien. Pero en la segunda línea no se podrá tener todo para sí; hay que pensar en los demás que están en el trabajo, hay que aprender no sólo a entender sino también a explicar, uno deberá darse a los demás. Y pronto se verá que es posible entender ciertas cosas sólo explicándoselas a los demás. El círculo se amplía, el bien y el mal se agrandan. La tercera línea ya se relaciona con el mundo exterior, y lo bueno y lo malo se convierten en lo que ayuda o estorba a la existencia y al trabajo de toda la escuela, de modo que el círculo se agranda aún más. Este es el modo de pensar sobre esto.

El primer principio del trabajo es que los esfuerzos dan respuesta proporcionada al entendimiento. Si no se entiende, no habrá resultados; si no se entiende, los resultados serán de acuerdo a cuánto se entienda. De modo que la primera condición es entender, e incluso antes de eso, uno deberá saber qué entender y cómo obtener el entendimiento correcto. El trabajo real deberá ser trabajo sobre el ser, pero el trabajo sobre el ser requiere entender los objetivos, las condiciones y los métodos del trabajo. El objetivo del trabajo es establecer una escuela. Para esta finalidad es necesario trabajar según los métodos y las reglas de la escuela, y trabajar en las tres líneas. Establecer una escuela significa muchas cosas.

En el trabajo hay dos condiciones con las que uno deberá empezar; la primera, que uno no deberá creer nada, deberá verificarlo todo; la segunda, una condición más importante todavía, se refiere a hacer. Uno no deberá hacer nada hasta que entienda por qué lo hace y con qué finalidad. Estas dos condiciones deberán entenderse y recordarse. Es cierto que uno puede darse cuenta que no sabe nada y que no sabe qué hacer. Entonces, uno siempre puede pedir consejo, pero si lo pide, tiene que aceptarlo y seguirlo.

P. D. Ouspensky: El cuarto camino, cap. XI