Espejismos I

A lo largo de toda la vida al hombre intentan inculcarle la idea de que el éxito, la riqueza, la fama son la suerte de algunos elegidos.

En los centros de enseñanza, en competiciones y concursos, en diferentes certificaciones, siempre le dan a entender que está lejos de ser perfecto, que los demás son mejores y más merecedores. El que no lo creyó obtiene éxito, riqueza y fama en abundancia. Es así de simple. Lo único que no es tan simple es creer que cualquiera de nosotros merece todo eso y que es capaz de conseguirlo. Pero realmente podrás creerlo si tienes esa intención.

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Mucha gente quiere llegar a ser una estrella y lograr éxitos remarcables. Por lo general, el patrón del éxito se difunde muy activa y ampliamente. A los péndulos les encanta exhibir los logros de sus favoritos a los partidarios corrientes. Los péndulos intentan presentar a sus favoritos como un modelo de éxito al que uno ha de aspirar para obtener todos los beneficios de la vida. Una estrella obtiene todo lo que es posible tener en esta vida. Las estrellas nadan en el brillo de la riqueza y la fama. ¿Quién no quiere todo eso? Aun si no deseas lograr la fama clamorosa y no necesitas mucha riqueza, seguramente no rechazarías la holgura material ni la satisfacción por tus logros.

Las estrellas nacen por iniciativa propia. Pero son los péndulos quienes las encienden. Quiero decir que el culto de adoración a las estrellas se establece y prospera precisamente gracias a los péndulos. Y ellos lo hacen con premeditación.

En el cine, en el escenario, desde las pantallas de la tele, nos ofrecen constantemente a los mejores representantes, a los elegidos. Se destaca, sobre todo, con qué entusiasmo las estrellas son aceptadas por sus seguidores, qué espléndidos son, qué brillantes son sus logros. Nos inculcan constantemente un hecho irrevocable: las estrellas les gustan a todos, y es a lo que deberíamos aspirar.

¿Qué fin persiguen los péndulos al elevar a sus favoritos al pedestal? ¿Tal vez les preocupan los logros y el bienestar personal de sus partidarios? Nada de eso. Ellos exhiben los logros de sus favoritos para que los partidarios corrientes se vean estimulados a servirles, a los péndulos, con más diligencia. Pues ¿cómo se convierte una persona normal en estrella? Trabajando mucho. Los mejores de los mejores se tornan estrellas. Cualquiera puede llegar a ser estrella, pero para eso debe trabajar duro. Sigue su ejemplo, haz como ellos y tú también obtendrás éxito. Las estrellas poseen capacidades y cualidades únicas. Eso no se les da a todos; por tanto debes trabajar con más obstinación aún para lograr el éxito.

Así son los lemas proclamados por los péndulos. Ellos no niegan que cada uno pueda lograr el éxito, pero ocultan celosamente el hecho de que todas las personas, sin excepción, poseen capacidades y cualidades únicas. Para los péndulos sería como la propia muerte si cada persona descubriera en sí esas capacidades únicas. En tal caso todos los partidarios se tornarían personas libres, escaparían del control y el péndulo simplemente se vendría abajo. Al contrario, se siente mucho mejor cuando todos los partidarios piensan y actúan en una misma dirección. La uniformidad en los pensamientos de los partidarios es la condición de nacimiento y existencia de un péndulo. La distintiva personalidad de una estrella es una excepción que más bien confirma la regla, precisamente porque es una excepción. Y la regla dice: «¡Haz como yo!».

Pues exactamente por esa razón muchos jóvenes caen en esta trampa de los péndulos y procuran parecerse a sus ídolos, los imitan, cuelgan los pósteres con sus imágenes en sus cuartos. Su mente se deja llevar ciegamente por los péndulos. La torpe mente da a entender al alma que ésta es imperfecta. Como si le dijera: «Ni yo, con mis capacidades, soy capaz de lograr el éxito. ¡Y tú, pobrecita, menos aún! Pero esta gente es otra cosa. ¡¿Yes cómo son?! Debemos tomarlos como ejemplo. Así que tú, con tu imperfección, estate calladita y yo, con todos mis esfuerzos, intentaré parecerme a ellos».

Al imitar a sus ídolos, los jóvenes intentan atrapar el espejismo. El propósito de tomarlos como ejemplo y parecerse a los que han logrado el éxito es el trabajo de la intención interior de una mosca que se golpea contra el cristal. Ellos se sintonizan con el sector ajeno, donde no serán más que una parodia. La mente es capaz de crear diferentes versiones de las copias, pero con eso no sorprenderás a nadie. La estrella se convirtió en estrella precisamente gracias a su singularidad, a su originalidad, a que no se parecía ni imitaba a nadie. El alma de cada persona es irrepetible a su manera.

En el espacio de las variantes, el alma única tiene su sector único, donde sus cualidades únicas se revelan en toda su magnificencia.

Cada alma tiene su sector «estrella» individual. Claro está que puede haber una infinita multitud de tales sectores. Pero nosotros consideraremos temporalmente que cada alma en particular tiene su sector único: un objetivo personal o un camino. La mente, al dejarse arrastrar por el cebo de los péndulos, estará de plantón en un sector de alguien, intentando copiar cualidades ajenas o repetir el guión del éxito ajeno. Pero la imitación de un guión ajeno siempre crea una parodia. El alma no es capaz de realizarse en un sector ajeno. Pero, ¿cómo encontrar tu propio sector? Tu mente puede dejar de preocuparse por eso, ya que el alma por sí misma encontrará el camino para poder expresarse. La tarea de tu mente está en olvidar la experiencia ajena, reconocer la singularidad del alma y permitirle seguir su camino.

Vadim Zeland: El susurro de las estrellas de madrugada, cap. 3