Espejo dual

Cuando una oportunidad potencial es manifestada en la realidad, la superficie del espejo dual muestra una imagen simétrica. En un lado del espejo está el sector del espacio metafísico de variantes, y en otro lado está su manifestación material. Más aún, todos los seres vivos se están balanceando en el borde del espejo, porque su cuerpo y mente pertenecen al mundo material, mientras el alma sigue siendo inseparable del espacio de variantes.

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Todos nosotros venimos a esta vida desde el espacio de variantes y ahí es a donde volveremos, como yendo entre bastidores, para cambiar nuestra apariencia y reaparecer en la superficie del espejo con un nuevo aspecto. En este teatro de máscaras, los actores retornan en un interminable ciclo de papeles. Habiendo interpretado un papel, el actor va entre bastidores por un minuto, se pone una máscara diferente y vuelve a entrar en el juego, habiendo olvidado completamente las cosas que le sucedieron antes de su última aparición en el escenario. El actor se pone tan entusiasmado con la imagen de su personaje que pierde toda noción de quién es él realmente. Pero cuando las escamas caen de sus ojos, el súbitamente descubre, para su sorpresa, que esta vida está lejos de ser su primera.

¿Por qué los recuerdos de vidas anteriores aparecen en raros casos y en un número relativamente pequeño de gente? En su mayoría ocurren a una edad temprana, y con el tiempo tales recuerdos se llegan a borrar de la memoria completamente.

En verdad, los recuerdos no se borraron; más bien es nuestra conciencia la que se queda bloqueada. Todo el mundo es capaz de recordar su pasada encarnación si despiertan en esta vida, lo cual es bastante parecido a tener un sueño mientras se está durmiendo despierto. Es bien sabido que hasta los cuatro años un niño es incapaz de distinguir los sueños de la realidad. Quizás el niño de hecho recuerde sus vidas anteriores, pero él no tiene la oportunidad de hacerse consciente de este conocimiento, porque una percepción ‘sensata’ del mundo está siendo activamente forzada en él. Tampoco nadie puede acordarse de antes de los cuatro años. ¿Por qué crees que es esto? ¿Porque el niño es ‘irreflexivo’ y no es aún consciente de sí mismo? Seguramente, esa es una de las mayores ilusiones comunes. En verdad, los niveles de conciencia en los niños son mucho más altos que en los adultos. Así, que es totalmente lo contrario – los adultos son los que se han sumergido en los sueños que están teniendo mientras duermen despiertos, y por eso es por lo que no pueden acordarse de sus vidas anteriores ni de ellos mismos a una edad temprana. Veamos cómo sucede esto. Renacida en un nuevo cuerpo, el alma es llevada a un segundo plano, mientras la mente toma una posición dominante. ¿Y qué es la mente humana?

Desde el momento mismo de la vida, una plantilla es puesta en la pizarra, y de acuerdo con esta plantilla la persona se percibe a sí misma y a la realidad que le rodea. Y cuanto más específica y detallada la plantilla, más grande es la brecha entre el alma y la mente. Un ser humano se hace consciente de la realidad en el modo en que ha sido enseñado.

La conciencia puede ser dividida en dos niveles: el primero es la atención; y el segundo es la percepción. Justo después del nacimiento, la percepción está aún despejada. El niño tiene gran potencial hacia el conocimiento intuitivo y la clarividencia. En otras palabras, él tiene acceso directo a la información del espacio de variantes y percibe el mundo del modo que es.

Sin embargo, los adultos ‘soñadores’ inmediatamente toman al recién nacido a su cargo y lo reducen al estrecho marco de sueño que ellos consideran ser la existencia consciente. Esto es hecho limitando su libertad y fijando su atención. El niño es obligado a enfocar su atención en los atributos de la realidad física: ‘¡Mira esto!

¡Escúchame! ¡No hagas eso! ¡¡Haz esto!’ Una vez que la atención ha sido capturada, el espectro de la percepción es dramáticamente estrechado, la conciencia es perdida, y la individualidad inmersa en un estado que no es muy diferente de un sueño inconsciente. En realidad, si tu atención es enfocada en un estrecho ámbito de cosas, vas por ahí como si tu mirada fuera pegada al suelo, y naturalmente, eres incapaz de echar una mirada alrededor. La plantilla de la visión del mundo, a su vez, te pone en el lecho de los estereotipos, determinando ‘cómo debe ser todo’. En un sueño inconsciente, tal fijación de la atención y la percepción está a su máximo nivel. Tú aceptas la situación como es, asumiendo que eres completamente incapaz de influir en el giro de los acontecimientos. Como resultado, estás enteramente a merced de las circunstancias, el sueño te ‘sucede’, y tú no puedes hacer nada. El escenario se desarrolla espontáneamente, de acuerdo con tus miedos y expectativas. Las expectativas y los pensamientos fluyen incontrolablemente.

Continuará…

Vadim Zeland: Gobernando la realidad, cap. 2