Espiritualizar la vida

            Para espiritualizar la propia vida, sólo es necesario cambiar la propia motivación. Para ser constantemente conscientes del motivo real de alguien tiende a abrir los posicionamientos y los pares de opuestos, tales como ganar frente a servir o el amor frente a la codicia. Estos entonces se hacen visibles y están disponibles para el trabajo espiritual porque uno es consciente de ellos.

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            Los países occidentales son meritocracias en las cuales el esfuerzo se antepone por el bien del beneficio; esta es una función innata del sistema de recompensa del cerebro. (Como el Presidente Mao descubrió con su experimento agrícola colectivista, al ignorar el sistema de recompensa innato del cerebro, los campesinos colectivistas perdieron su motivación, lo que resultó en la mayor hambruna del mundo. Treinta millones de personas murieron como consecuencia esa ideología política.)

            En el trabajo espiritual, no hay ganancia mundana tangible a adquirir, pero hay en cambio una recompensa interna de placer, satisfacción, deleite e incluso alegría. Los objetivos reemplazan a las ganancias como motivo.

            La realidad espiritual es la mayor fuente de placer y satisfacción que el mundo puede proporcionar. Es interminable y siempre disponible en el presente y no en el futuro. En realidad, es más emocionante porque uno aprende a vivir en la cima del momento actual en lugar de detrás de la ola, que es el pasado, o el frente de la ola, que es el futuro. Hay una mayor libertad al vivir en el excitante filo de la navaja del momento que siendo un prisionero del pasado o teniendo expectativas de futuro.

            Si el objetivo de la vida es hacer lo mejor que puedes hacer en cada momento de existencia, entonces, a través del trabajo espiritual, ya has escapado a la primera causa de sufrimiento. En la foto fija del presente radical, no hay historia de la vida a la que reaccionar o editar. Con esta unificación de la mente, se hace evidente que todo lo demás “es como es”, sin comentarios ni adjetivos.

            Si en el momento exacto de cada instante que pasa, hay una total disposición a entregarse totalmente, puedes repentinamente, en un instante, trascender el ego, y abrir el camino para la Realización en donde la Luz de Dios como Ser revela la Fuente de Toda Existencia y Realidad. Si el ego no tiene pasado, presente ni futuro al que enfocarse, se queda en silencio. Es reemplazado por el Silencio de la Presencia, y así, el camino hacia la iluminación repentina está disponible en todo momento. Ocurre naturalmente cuando la fascinación por “mi” historia del pasado, presente o futuro es abandonada. La ilusión del “Ahora” es sustituida por la realidad de “siempre”.

David R. Hawkins: Yo, Realidad y Subjetividad, cap. V