Expiación

Si ves a tu hermano como que es diferente de ti, si le das el regalo de lo que TIENES, e intentas apartar lo que tú ERES, separado de lo que darás, entonces, en esa percepción sacas FUERA a tu hermano, fuera de la armonía de la integración del Amor. Lo expulsas del cír­culo de la Expiación, hacia el mundo imaginario del abandono, la soledad y la separación. Y allí en ese mundo, TÚ DEBES UNÍRTELE. Y ese es el retrato de la ilusión falsa, que tú lla­mas este mundo.

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Y si empiezas desde la premisa de la separación, lo que ves es el mundo que estás acos­tumbrado a ver, desde el punto de ventaja, el sistema de pensamientos del ego.

Así, tu función en la Expiación, es dar el regalo de la inocencia, la cual tú das al SER el regalo mismo y que das al traer a tu hermano al círculo de la Expiación, al hacer que tu her­mano se CONVIERTA en el regalo que das, que es solo tu SER.

¿Cómo puede parecer que haces eso, aquí en tu mundo? Porque dentro del mundo de la ilusión, donde ves imágenes de cuerpos, que parecen separados, ¿cómo puedes dar el regalo de la integración, que es verdaderamente el regalo del Amor, que es el regalo de la Expiación misma? ¿Cómo puedes hacer eso? LO HACES AL COMUNICARTE CON TU HERMANO.

Te he dicho que no puedes dar el regalo de la Expiación excepto que lo des con Dios. ¿Pero qué significa que lo des con Dios, con quien eres Uno? Así, si das el regalo de la co­municación, ella solo requiere que te abras, dentro del mundo de la forma, a la integración que compartes. Y si dieras la luz de la comunicación, es importante que escuches mis pala­bras, te comunicas al DAR la comunicación. Te comunicas al DAR la luz. Como te dije no puedes recibir nada a menos que lo des primero. ¿Y cómo das comunicación? Lo que das a tu hermano es el regalo de su libertad a estar completamente abierto en tu presencia, sin se­cretos, sin nada escondido, sin ningún deseo o necesidad de esconder algo. Y entonces, ¿cómo recibes la comunicación? Por supuesto, al darla.

¿Y cómo das esa comunicación a tu hermano? Al simplemente aceptarlo con apertura y amor, al aceptarlo con el discernimiento de que no hay culpa, que no hay separación entre tu hermano y tú. Ustedes lo hacen, desde el discernimiento de que la Expiación les ha enseñado que sus voluntades son la misma. Ustedes lo hacen, al reconocer que todo lo que observan en la forma, es solo una oportunidad PARA la Expiación.

Y cuando extiendas a tu hermano la completa apertura de ser, pensar, sentir, expresar y actuar cualquier cosa que él quiera, sin juicio, sin condenación, sin haber escrito ningún argu­mento de cualquier clase para ti mismo de lo que el proceso de la Expiación deba ser, cuando extiendas la aceptación completa a tu hermano, él se hace libre completamente en tu presen­cia. Y no hay ser que no responda al amor que requiere ofrecer tal apertura. ¿Pero qué tal, si encuentras que tu hermano no está dispuesto a ser abierto contigo? Entonces, mira adentro. Y puedes estar seguro que estas fomentando algún juicio, algún conflicto, acerca de tu herma­no. Porque si tienes, aunque sea sutilmente, un programa, si quieres, de cómo tú hermano debe vivir, entonces, él no puede ser abierto contigo. Más bien se sentirá atacado por ti. Él sentirá que quieres quitarle su libertad, que no confías en él, en su integración contigo, que no confías en la voluntad común, que compartes con él.

Y ASI, LA MEDIDA DE LA COMUNICACIÓN ES SIEMPRE, NO LO QUE CONSI­GUES, SINO LO QUE DAS.

Y cuando das a tu hermano libertad perfecta de ser, de ser cualquier cosa que elija experienciar sin juicio, sin condenación, su corazón, su ser, se abrirá hacia ti. Él se sentirá amado en tu presencia. Y te darás cuenta, de que TÚ, entonces, estás en presencia del Amor. Porque entenderás que eso es lo que tú eres.

Ese discernimiento traerá bendiciones sobre ti. Y te verás a ti mismo, abriéndote a tu her­mano. Y en esa integración perfecta, ustedes vivirán juntos, rodeados por la luz de la comu­nicación, que es la luz del Amor, pero que verdaderamente es sólo la Luz de Dios y la Luz de la Vida Misma. Porque definitivamente, es sólo lo que tu hermano y tú, son.

Brent A. Haskell: La Otra Voz