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Gratitud

La gratitud crea un estado vibratorio excepcionalmente sanador, a menudo mucho más eficaz que el amor, sentimiento mucho más complejo, que en nosotros, seres humanos, suele estar un poco mezclado con otras cosas. La gratitud apela directamente al Maestro del Corazón. Las experiencias de laboratorio han encontrado, no sin razón, que la gratitud era la cualidad más eficaz para crear el estado de coherencia; pues, en efecto, abre de par en par las puertas hacia el Maestro interior y hacia la unidad.

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Ya hemos visto cómo el ego, en su aspecto primario, nos mantiene prisioneros del ciclo de insatisfacción. La gratitud no existe en el camino inferior porque las memorias dolorosas relativas a decepciones, frustraciones e impotencia están fuertemente ancladas en el inconsciente. A ese nivel, con frecuencia es necesario realizar un buen trabajo de sanación para liberar las memorias de su carga, abandonar el camino de la amargura y emprender el de la gratitud.

¿Cómo hacer que surja la gratitud en nuestro corazón? Podemos hacer uso de la inteligencia para decidir conscientemente alimentar la gratitud siempre que podamos en nuestro quehacer cotidiano. Por ejemplo, una pequeña práctica que puede hacerse por la mañana, o en cualquier otro momento del día (incluso en medio de un atasco de tráfico), consiste en dar gracias durante un minuto o dos por todo lo que la vida nos ha regalado: por la casa, los hijos, el cónyuge, la relativa seguridad, el gato, las plantas, los amigos, el planeta…, por todas las cosas o seres que consideramos que nos pertenecen y que, en realidad, nos ha prestado la vida para que saboreemos su presencia… En un atasco de tráfico, por ejemplo, que nos hace llegar tarde a una cita, el ego se dispara y nos lleva inmediatamente al camino inferior. Ya sabemos cuáles son las consecuencias, ninguna de ellas positiva. Entonces podemos saludar a nuestro ego, reconocer su frustración, tener con él una conversación amistosa y ver si no podríamos tener juntos una percepción más amplia y relajada de la realidad. Cualquier frustración es una estupenda oportunidad para desmontar nuestros mecanismos interiores y partir de nuevo, consciente y voluntariamente, por el camino superior gracias a la gratitud.

La gratitud no es sólo para determinadas circunstancias. Podemos decidir, con plena conciencia, manifestar respeto y gratitud hacia todo lo que nos rodea, desde lo más extraordinario hasta lo más trivial. No hay nada en el mundo que no esté penetrado por la fuerza de unidad del campo quántico. Por tanto, en nuestro quehacer cotidiano, podríamos agradecerle a la cama que nos permita descansar tan bien, al coche, que nos lleve de acá para allá; a la escoba, que nos ayuda a limpiar el suelo, etc., a todos esos objetos inanimados que tienen también una “vida”, en cierta forma (cualquier músico nota perfectamente que su instrumento musical “tiene alma”…) Y también le daremos las gracias al ordenador, por supuesto, por los servicios que nos presta. Todo esto puede parecerle ridículo a la mente racional ordinaria porque corresponde a otra realidad, una realidad en la que podemos entrar si queremos. ¿Cuantos de nosotros hemos observado que el ordenador se estropeaba o hacía cosas raras precisamente cuando estábamos de malhumor? ¿Y nadie ha vivido el milagro de un coche al que tiene en gran estima y que responde a lo largo de los años a pesar de los avisos del mecánico de “muerte inminente”…? Esa forma de relacionarse con el mundo a través del respeto y del afecto alegre e incondicional, que procede de la gratitud, alimenta nuestro corazón y nos hace entrar en contacto directo con la magia quántica del universo. Es una práctica “espiritual” del más alto nivel. Adiós a las grandes filosofías; tengamos una buena conversación con el rastrillo del jardín, que tiene que enseñarnos algo muy importante…

Si somos capaces de mantener la frecuencia vibratoria de la gratitud, comprobaremos también hasta qué punto actúa el fenómeno de la sincronicidad. Observar cuidadosamente lo que ocurre en nuestro quehacer cotidiano en función de nuestro estado interior puede darnos algunas pistas muy interesantes.

Uno de los mayores regalos que aporta la gratitud es la abundancia. Es una de las paradojas de los mundos superiores: la abundancia no puede manifestarse realmente más que cuando uno se encuentra en estado de agradecimiento y de plenitud. Si nos sentimos frustrados o ansiosos o tenemos envidia, hacemos resonar esas vibraciones en el campo quántico, y la vida nos responde en función de lo que emitimos, o sea, con carencia. En cambio, al practicar la gratitud abrimos el Corazón a la silenciosa presencia del Maestro, y entonces tenemos la abundancia al alcance de la mano.

En definitiva, cada vez que cambiamos los pensamientos racionales limitados por otros como respeto, sentido de lo sagrado y gratitud, aportamos una gran sanación al corazón y abrimos la puerta a un flujo de energía positiva que nos lanza directamente al campo del amor, de la abundancia y del gozo.

También podemos llevar hacia los demás la energía bienhechora de la gratitud expresándoles con más frecuencia nuestro reconocimiento. Muchas veces estamos rodeados de personas agradables, afectuosas, que nos apoyan a lo largo del camino, y nos parece lo más normal. Expresarles claramente nuestra gratitud mediante un gesto o una palabra es muy provechoso para todos. Un cumplido sincero, una palabra de agradecimiento que abre el corazón, aumenta nuestra propia frecuencia vibratoria, da energía a todos los que nos rodean e ilumina nuestra jornada.

Annie Marquier: El maestro del corazón, cap. 18-II