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Idealización del mundo

Una idealización del mundo es el lado inverso del descontento. Lo vemos todo color de rosa y muchas cosas parecen mejores de lo que son en realidad. Como ya sabes, si parece que en algún lugar haya algo cuando en realidad no lo hay, en tal caso surge el potencial excesivo.

Idealizar significa sobreestimar, subir al pedestal, adorar, crear un ídolo. El amor que crea y dirige el mundo se distingue de la idealización en que en el fondo es, por muy paradójicamente que suene, impasible. El amor absoluto es un sentimiento sin derecho de posesión, admiración sin adoración. En otras palabras, no causa relaciones de dependencia entre el que ama y el objeto de su amor. Esta fórmula tan simple te ayudará a determinar dónde acaba el sentimiento y comienza la idealización.

Abstract Lights

Imagínate que paseas por un valle entre montañas, cubierto de verdor y flores. Admiras ese paisaje tan maravilloso, aspiras el aroma del aire fresco, tu alma está pletórica de felicidad y tranquilidad. Esto es amor.

A continuación empiezas a recoger flores: las arrancas, las estrujas con las manos sin pensar que están vivas. Las flores empiezan a morir lentamente. Luego se te ocurre que puedes elaborar perfumes y productos de belleza con esas flores o, simplemente, venderlas; o en general, fundar el culto de las flores y adorarlas como si fueran ídolos. Eso es la idealización, porque en cualquier caso surge una relación de dependencia entre tú y el objeto de tu ex amor: las flores. De aquel amor que existía en el momento en el que tú simplemente contemplabas la vista del valle de las flores, no quedó ni rastro. ¿Sientes la diferencia?

Así, el amor genera energía positiva que te llevará a la línea de la vida correspondiente; y la idealización crea el potencial excesivo que dará lugar a las fuerzas equilibrantes que intentarán eliminar ese potencial. En cada caso las fuerzas actúan de manera distinta, pero siempre con un único resultado, al que, a grandes rasgos, se le puede caracterizar como «desmitificación». La desmitificación sucede siempre y, dependiendo del objeto y el grado de idealización, obtienes un resultado considerable o pequeño, pero siempre negativo. Así se recuperará el equilibrio.

Si el amor se convierte en una relación de dependencia, inevitablemente se creará el potencial excesivo. El deseo de tener lo que no tienes causa el «salto de presión» energético. Una relación de dependencia se determina por la manera de plantear la cuestión: «si haces tal, yo haré cual». Podemos poner ejemplos cualesquiera. «Si me quieres; entonces te dejas todo y vienes conmigo al fin del mundo. Si no te casas conmigo, entonces no me quieres. Si me alabas, eres mi amigo (amiga). Si no me das tu pala, no te dejo jugar con la arena.» Y etcétera, etcétera.

La comparación o la contraposición también rompen el equilibrio. «¡Somos de esta manera, y los otros son de otra!» Por ejemplo, el orgullo nacional: ¿comparando con qué nación? El complejo de inferioridad: ¿comparando con quién? Al existir la contraposición, las fuerzas equilibrantes infaliblemente se incorporarán al trabajo para eliminar el potencial: tanto positivo como negativo. Ya que el potencial lo creas tú, las fuerzas se volverán ante todo contra ti. Y éstas actúan, ya sea para «separar» a los sujetos de la contradicción, ya sea para unirlos en un acuerdo común o para una colisión.

Todos los conflictos se basan en la comparación o en la contraposición. Primero se nace una confirmación principal: «Ellos no son como nosotros». A continuación la confirmación se desarrolla: «Ellos tienen más que nosotros, hay que despojarlos de eso». «Ellos tienen menos que nosotros, debemos darles.» «Son peores que nosotros, tenemos que cambiarlos.» «Son mejores que nosotros, debemos luchar contra nosotros mismos.» «Ellos no actúan igual que nosotros, es preciso hacer algo con eso.» Todas estas comparaciones, en versiones diferentes, de uno u otro modo llevan al conflicto: empezando por una incomodidad personal y terminando por las guerras y revoluciones. Surge la contraposición que las fuerzas equilibrantes intentarán eliminar con la reconciliación o confrontación de las partes.

Y como en esas situaciones existe siempre la posibilidad de lucrar con energía, sucede más frecuentemente que los péndulos llevan los asuntos hasta la confrontación.

Vadim Zeland: El espacio de las variantes, cap. IV