Intención y enfoque I

Perfeccionar la intencionalidad en tanto que mente centrada en un punto. Esta es la capacidad de concentración y una fijeza inquebrantable de enfoque. Esta capacidad es volitiva y el resultado de una decisión y es por tanto muy diferente de la obsesión religiosa o escrupulosidad.

Al efecto esta cualidad requiere una intensa motivación y dedicación que se convierte en focalizada. Representa el compromiso total a una tarea y su búsqueda incesante. Esta facultad adquirida puede ser utilizada tanto en la práctica de la meditación formal, como también en la vida diaria.

3 19 600x337 - Intención y enfoque I

Centrarse en un tema específico mientras atiendes la vida cotidiana es lo que generalmente se llama contemplación. Esto se puede hacer de dos maneras diferentes, dependiendo de las circunstancias o situaciones de la vida actual. Un aspirante experimentado las puede alternar conforme las situaciones de la vida la requieran. Los dos métodos difieren principalmente en su enfoque, en uno el foco se centra en el contexto y en el otro en el contenido.

La primera práctica es un estilo no enfocado, contemplativo, en el cual el cambio de enfoque es de la visión central a la visión periférica. En esta práctica, uno se mantiene consistentemente consciente de la totalidad de su entorno, sin focalizar, sin interés, o la selección de nada en particular. Este método no es adecuado, al menos en principio, para situaciones que requieren la presencia y participación de uno, tales como conducir. Más adelante se puede usar casi constantemente. Al permanecer fijamente en el campo de visión periférico sin favoritismo o rechazo de lo que es visto o escuchado, el desapego evoluciona. De repente, uno se da cuenta de la totalidad y la unidad de todo lo que existe, y de que cada elemento es la expresión perfecta de su propia esencia. Emerge ese todo seguido de perfecta serenidad y total armonía.

En este ejercicio, la intención y el enfoque están en la visión periférica y no en ningún pensamiento o juicio acerca de lo que se ve. Después de un período de tiempo, de repente te conviertes en testigo y luego te conviertes en consciencia, la cual está funcionando espontánea e impersonalmente, sin ningún “tu” involucrado. El presenciar sustituye a la ilusión “personal” de la consciencia. Entonces trasciendes la percepción, que es sustituida por la visión espiritual. El ejercicio se hace sin esfuerzo y revela la unidad de Todo Lo Que Existe como una perfección integrada y armoniosa, y la belleza de la gracia. Todo se mueve espontáneamente, y nada está causando ninguna otra cosa. Es la armoniosa danza del Universo.

Hay otro ejercicio que es igualmente gratificante, pero empieza en la dirección opuesta, sin embargo, es conveniente para el funcionamiento en el exigente mundo cotidiano. En este caso, la práctica es fijarte sin reservas sobre el foco central de la visión para estar al cien por cien focalizado en la acción intencionada en curso. Por tanto, es comparable a prácticas enfocadas a objetivos. Durante este ejercicio, todo el pensamiento comienza a detenerse, e intencionalmente está permitiendo centrarse plenamente en los detalles. Aunque el enfoque pueda cambiar de un objeto a otro según lo requiera la actividad involucrada, la cualidad de la absoluta atención y enfoque sigue siendo la misma, (es decir, el contenido). No puede haber una selección de “esto” o “aquello” siendo más importante que lo otro. Todo es lo mismo, tanto si uno está haciendo una venta de diez mil dólares o simplemente pelando una patata. Todas las actividades son igualmente importantes.

 No hay detención de los programas de pensamiento. Como cuando uno cava una zanja, cada palada es igualmente importante, y el compromiso con la actividad tiene que ser absoluta y total. A su debido tiempo, las facultades de la consciencia se hacen cargo y, de nuevo, son fundadas en lo impersonal. No hay un “tu” haciendo nada. Uno es el testimonio de la intencionalidad focalizada sobre sí mismo, y todo es observado sucediendo por sí mismo.

Toda acción se convierte en espontánea y sin esfuerzo con el tiempo.

Ambos métodos revelan la Realidad que está detrás de la forma. El cuerpo deja de ser considerado como el “yo” y se convierte en un objeto más en la imagen. Esta consciencia también ocurre con frecuencia espontáneamente en los deportes o con esfuerzos tales como correr. Cuando rompes la barrera de la creencia limitante, la actividad de repente se realiza sin esfuerzo y ocurre por sí sola. También puede ocurrir en el trabajo manual. Cuando dejas de lado la resistencia, puedes seguir sin esfuerzo, incluso mientras los demás trabajadores abandonan debido al agotamiento. Una vez que esta barrera y la manera de superarla han sido descubiertas, se puede aplicar a cualquier situación.

David R. Hawkins: Yo, Realidad y subjetividad, cap. 2