Intención

La intención convierte un deseo en objetivo. El deseo sin intención no se realizará nunca. Los sueños tampoco se cumplen. ¿Cuál es la diferencia entre un objetivo y un sueño?

La misma que distingue una intención de un deseo. Si tienes la intención, el sueño se convierte en objetivo. Los sueños vacíos y los castillos en el aire no pueden cambiar nada. Sólo la intención es capaz de cambiar la vida, es decir, la determinación de tener y actuar.

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Supongamos que has logrado definir tu objetivo y estás muy decidido a alcanzarlo. Estás que ardes de impaciencia por empezar a actuar lo más pronto posible. Pues bien, ahora suelta el agarre. Baja la importancia del objetivo, renuncia al deseo de conseguirlo y quédate sólo con la determinación de tener. Sólo resta actuar dentro de los marcos de la intención purificada, es decir, cumplir todo lo que es necesario sin desearlo ni tampoco insistiendo en ello.

Lo único que puede estropearte todo en el camino hacia tu objetivo es la responsabilidad sobrante, el empeño, el celo y el constreñimiento.

Al avanzar hacia el objetivo a través de tu puerta no tienes necesidad de aplicar demasiados esfuerzos. Tampoco tendrás que constreñirte. Si no es así, significa que el objetivo es ajeno o bien es ajena la puerta. Pero la mente está acostumbrada a luchar y superar obstáculos. La mente crea todos los problemas por sí misma cuando atribuye demasiada importancia a las cosas y lucha contra la corriente de las variantes. Tu línea de la vida tiene el mínimo de obstáculos, si dejas del lado la importancia.

El movimiento hacia el objetivo correcto a través de tu puerta se produce como sobre un camino allanado. No te molesta nada ni nadie, si tu importancia está en el nivel mínimo y no luchas contra la corriente de las variantes. Y ya que vas por tu camino, no tienes nada de qué preocuparte, incluso si aparecen dificultades pasajeras. Permítete disfrutar de la vida y acéptalo todo como un regalo. En cuanto la fiesta se te agüe por algo, intenta determinar en qué has rebasado la importancia. ¿Por qué sientes que algo te oprime? Para esta pregunta existe una respuesta estándar: ya te constriñes demasiado en algo, ya te impacientas por lograr el objetivo, ya atribuyes a algo demasiada importancia. Suelta el agarre.

Hay que mantener siempre la determinación de tener. Y no tendrás necesidad de obligarte a proyectar mentalmente la diapositiva del objetivo. Después de todo, te resulta agradable pensar en tu objetivo deseado. Sólo que no merece la pena persuadirte o convencerte. Puedes estar persuadiéndote mucho tiempo y sin resultado alguno. A diferencia de la autosugestión, la intención implica que la decisión ha sido tomada y no está sujeta a discusión. La obtención del objetivo es evidente. Cualquier duda desaparecerá por sí sola si amplías la zona de tu confort.

En la diapositiva de tu objetivo no tienes que incluir absolutamente ningún guión de obtención de este objetivo. La diapositiva dada debe contener sólo la imagen final de obtención del objetivo. Eso ya lo tienes. Todo lo que necesitas es disfrutar de la diapositiva y mover los pies con ayuda de la intención interior purificada. La visualización del proceso ya es un trabajo sobre el guión, pero en otro sentido completamente distinto. Convences a la mente de que todo está pasando sin complicaciones, en vez de repetirle que todo va a pasar sin complicaciones. La visualización del eslabón corriente de la cadena de trasferencia va al paso de lo que estás haciendo ahora, y sólo un paso adelante. En cambio, convenciéndote de que todo terminará con éxito te aferras a ti con el agarre mortal del control. Suelta el agarre, no pienses en problemas que todavía no han llegado y muévete tranquilamente según la corriente de las variantes.

Vadim Zeland: El susurro de las estrellas de madrugada, cap. IV