La compasión a través de la comprensión

Lo que uno observa en el mundo de los acontecimientos humanos no es ni correcto ni erróneo; es la exteriorización de los campos de energía de la consciencia, que se afectan y expresan a través de individuos concretos bajo circunstancias específicas de tiempo y lugar. La gente no puede evitar ser de otra forma que como ya es. Si las personas pudieran ser diferentes, lo serian. Las limitaciones definen las posibilidades; lo hipotético no existe; no es realidad, sino imaginación. Es irracional condenar el comportamiento humano comparándolo con un ideal hipotético.

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La indignación deja su lugar a la compasión a través de la comprensión, y da realce a la verdad de grandes afirmaciones históricas, como “No saben lo que hacen” o “El único pecado es la falta de comprensión”.

No sirve de mucho ni resulta gratificante “combatir el pecado”, ni implicarse en una lucha para vencer los defectos a base de “fuerza de voluntad”. Esto no son más que posicionamientos y trampas que atan a la mente al error dualista de los “opuestos”.

La salida del conflicto no consiste en eliminar lo negativo, sino en adoptar y optar por lo positivo. Los dilemas morales se resuelven automáticamente tomando conciencia de que la misión de uno en la vida consiste en comprender más que juzgar. Los profesionales hacen esto a todas horas. Los médicos y los abogados pueden llegar a decir a sus pacientes y clientes que su trabajo es curar o defender, y no juzgar. El cirujano opera por igual la cadera rota del Santo que la del criminal. “No es función mía juzgar tales asuntos”, es una declaración bastante habitual.

Se siente un gran alivio cuando nos damos cuenta de que, al adoptar una vida espiritual, nos liberamos de la rígida condena y del odio que la propia vida genera. La búsqueda del “bien” espiritual beneficia a toda la humanidad, y de ahí que se pueda decir que es la vocación más digna de alabanza.

David Hawkins: El Ojo del Yo