La consciencia de sí

El estudio debe empezar de este modo: debemos darnos cuenta que no poseemos la consciencia de sí, que no podemos ser conscientes de nosotros mismos en los momentos de acción o pensamiento. Este es el primer paso. El segundo paso es darnos cuenta que no nos conocemos, que no conocemos nuestra máquina y cómo trabaja. Y el siguiente paso es darnos cuenta que hemos de estudiar los métodos del estudio de sí. Nos observamos toda nuestra vida, pero no sabemos qué significa la observación de sí. La real observación de sí debe basarse en los hechos.

De modo que una de las primeras cuestiones es: ¿cómo recordarse, cómo ser más conscientes? No basta admitir esta ausencia de la consciencia en uno mismo; uno ha de ver esto en concreto, verificarlo desde la observación personal.

No nos damos cuenta qué es la consciencia y qué implica. Si uno se vuelve consciente durante media hora, es increíble lo que puede ver y aprender. De modo que esto es un objetivo en sí mismo, debido al cual éste aporta y también significa un paso hacia la consciencia objetiva.

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La forma de las cosas es creada por nuestra vista, la superficie de las cosas por el tacto y, hasta cierto punto, podemos orientarnos por las percepciones de nuestros instrumentos sensorios. De modo que hay un elemento objetivo, pero nosotros permanecemos subjetivos respecto de nosotros mismos. Cuando nos volvemos conscientes, nos volvemos objetivos para con nosotros mismos, y en el consciente objetivo podemos conocer la verdad objetiva sobre todo. Estos son los grados de consciencia.

Hay diferentes modos de estudiar la consciencia en uno mismo. Al principio, lo primero es darse cuenta que uno no puede ser consciente cuando quiere. El tiempo mejor para darse cuenta de esto es después que usted estuvo hablando o haciendo algo. Suponga que estuvo hablando de algún negocio importante, o escribiendo una carta; entonces pregúntese: «¿En ese tiempo estuve consciente?» Lo segundo, al comienzo, es darse cuenta que usted no es uno solo que tiene muchos «yoes» diferentes.

Si trata de ser consciente por un momento y luego lo compara con otro momento en que no trató de estar consciente, verá la diferencia. Esto no puede describirse. En un momento usted está consciente de sí, en otro momento no lo está: hace cosas, habla, escribe, y no está consciente.

Sólo debe recordar que, desde el comienzo mismo, se dijo que debemos estudiar no sólo los estados de la consciencia sino también los obstáculos para la consciencia. De modo que debemos estudiarlos, y luego eliminarlos. Todos estos obstáculos están en nosotros mismos. Las circunstancias externas no pueden cambiar, hemos de tomarlas como son y cambiar interiormente en estas circunstancias.

El recuerdo de sí es un intento de estar consciente de usted mismo. La observación de sí está siempre dirigida hacia alguna función definida: usted observa sus pensamientos, o sus movimientos, o sus emociones, o sus sensaciones. Debe tener un objeto definido que observe en usted mismo. El recuerdo de sí no le divide, usted debe recordar el todo, es simplemente el sentimiento del «yo», de su propia persona. Pueden llegar juntos, particularmente en etapas posteriores, y entonces usted podrá hacer ambos al mismo tiempo: observar algo definido, o reconocer las manifestaciones en usted mismo, y recordarse; pero, al comienzo, las dos cosas son diferentes. Usted empieza con la observación de sí (este es el modo normal), y a través de la observación de sí, comprende que no se recuerda. Cuando se dé cuenta de esto, y que en momentos rarísimos usted se recuerda, entonces cualquier persona que no sea definidamente prejuiciosa, podrá entender que es posible aumentar estos momentos de recuerdo de sí. Y entonces usted trata de hacerlo.

Hay diferentes grados del hombre que pueden alcanzarse luego de un trabajo largo y persistente. Si podemos ser más conscientes, esto hará trabajar a los centros superiores. El funcionamiento de los centros superiores será milagroso en muchos sentidos. La idea del recuerdo de sí entra en muchos sistemas y enseñanzas de escuelas, pero no está en el lugar correcto, nunca se la pone en primer lugar. Pero este sistema dice que usted no se recuerda y que, si entiende que no se recuerda, puede lograr algo. La consciencia de sí es el máximo cambio posible, porque en condiciones corrientes de la vida nadie es consciente de sí, y, sin embargo, la gente no se da cuenta de esto.

Nada puede describir esto: es material para la observación y el estudio. Las descripciones no ayudarán, uno tiene que practicar. Normalmente, nadie se recuerda, nadie es consciente de sí. Pero si sabe sobre esto, lo comprende y piensa en esto, esto se torna posible. Sólo que, al comienzo, el recuerdo de sí es muy lento en llegar y muy pequeño, con largos lapsos de no recordar.

El rasgo esencial del estado de recuerdo de sí es un estado diferente, más diferente de nuestro estado actual que nuestro estado actual lo es respecto del sueño físico; pero hasta la comparación del sueño con el estado ordinario te da alguna posibilidad de entender la diferencia. Cuando usted está dormido, su mundo está limitado por las sensaciones reales, pero cuando despierta y se encuentra en el mundo objetivo (aunque ve a este mundo en categorías subjetivas) es mucho más limitado. Pero cuando se da cuenta que esto no es el despertar pleno, que en realidad está menos que semi-despierto, entenderá que, si está plenamente despierto, se hallará en un mundo más rico aún, y verá y entenderá muchas de sus características que ahora pasan inadvertidas.

Siempre hay algo que podemos hacer en ciertos momentos. Debe conocer estos momentos, y qué hacer, y cómo. Estamos estudiando las puertas. El recuerdo de sí es una puerta. Si el darse cuenta de que no nos recordamos se torna continuo, entonces podemos recordarnos. Cada día usted hallará tiempo para darse cuenta que no se recuerda; esto le llevará gradualmente al recuerdo de sí. No quiero decir recordar que usted no se recuerda sino darse cuenta de ello.

Repito, no es útil buscar definiciones; éstas harían más difícil entender. Lo que es realmente útil para entender es comparar los diferentes grados de la consciencia dentro de nuestro estado ordinario, pues hasta en nuestro estado ordinario de consciencia relativa hay diferentes grados, diferentes niveles: podemos estar más cerca del despertar o más lejos de éste.

Podemos ver esas grandes diferencias en nosotros cuando realmente aprendemos a observar; eso nos mostrará las posibilidades que tenemos. Es lo único inequívoco. Nos desplazamos siempre entre dos orillas: entre el sueño y el despertar. Desplazarse más hacia una orilla o más hacia la otra crea posibilidades diferentes: una es el desarrollo, la otra es la decadencia.

Cuando usted trató de estar consciente de sí, por un momento se volvió consciente y vio cosas que no había visto antes. Si pudiera mantener esta consciencia, digamos, durante diez minutos, vería muchas cosas que le dejarían atónito. Miramos con nuestros ojos pero no vemos; pero si nos volvemos conscientes, empezamos a ver cosas sobre las que no tenemos idea.

Esto es absolutamente normal, si sólo no deja que la imaginación entre en esto.

P. D. Ouspensky: El cuarto camino, cap. V