La Falsa Personalidad III

Al tratar de recordarse, es necesario mantener la conexión con las otras ideas del sistema. Si uno toma una cosa y omite otra (por ejemplo, si uno trabaja seriamente sobre el recuerdo de sí sin conocer la idea de la división de los «yoes», de modo que uno se considera como uno solo —como una unidad— desde el principio), entonces el recuerdo de sí dará malos resultados e incluso puede tornar imposible el desarrollo.

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Sólo una pequeña parte de usted quiere recordarse, y las otras personalidades, o «yoes», no lo quieren para nada. Es necesario hallarlas y ponerlas al descubierto, ver cuáles son útiles para este trabajo, cuáles son indiferentes y cuáles están tan dormidas que no saben nada sobre eso. El objetivo es tener control sobre los propios «yoes», o personalidades, para poder educar una u otra, para ordenarlas de cierto modo. El «yo» que tiene el control no será uno de estos que usted tiene ahora. Esta idea de la formación del «yo» real es importantísima; no puede formarse accidentalmente. En la mayoría de los casos nos contentamos con una idea filosófica del «yo»; creemos que lo tenemos y no nos damos cuenta de que en realidad pasamos de un «yo» a otro.

Una cosa que la falsa personalidad no puede hacer es realizar esfuerzos. Este es el mejor modo de saber, si usted está en la duda. La falsa personalidad trata siempre de hacerlo todo tan fácil como sea posible, siempre escoge lo que requiere menos esfuerzo. Pero deberá entender que usted no podrá aprender nada ni cambiar nada sin esfuerzo. De modo que cuando encuentre un «yo» o un grupo de «yoes» que estén preparados para realizar esfuerzos, eso significa que no pertenecen a la falsa personalidad.

El deseo de conocer. A partir de esto, crecerá el «yo» real, si es que lo hace. Al comienzo es difícil de definir, es el objetivo. Si usted se conecta con cierto trabajo, con cierto sistema, empieza a crecer; pero no puede crecer por sí mismo meramente a través de circunstancias felices.

Es muy simple establecer que no tenemos un «yo» permanente. Trate de recordarse durante quince minutos; esto mostrará el grado de su ser. Si usted tuviera un «yo» permanente; ¡podría recordarse durante quince horas! Todo es muy simple, realmente, sólo que no tenemos las llaves de nuestra máquina. Si tuviéramos las llaves, sería fácil abrirla y ver qué hay adentro, y luego separar lo imaginario de lo real. Pero tenemos que aprender hasta eso: estamos demasiado acostumbrados a lo irreal.

De modo que el tópico de nuestro estudio debe ser la falsa personalidad, que está siempre allí. Sólo si usted la conoce en todas sus manifestaciones, puede separar cuál es el «yo». Estamos identificados con nuestro cuadro imaginario de nosotros mismos y esta es una forma peligrosísima de identificación.

Al principio, usted se estudia, se observa, etc.; luego, después de algún tiempo, si trabaja, el «yo» aparecerá por un segundo de tanto en tanto, pero usted no podrá retenerlo y desaparecerá otra vez. Esto seguirá durante algún tiempo, y luego, en cierto momento, aparecerá y se quedará bastante tiempo para que usted lo reconozca y recuerde. Este es el modo de todas las cosas nuevas: al principio llegan por momentos muy cortos, luego se quedan más tiempo. Es el modo natural del crecimiento, no puede ser de otra manera. También tenemos en nosotros demasiados impulsos de hábitos mecánicos de pensar y demasiadas otras cosas equivocadas. Aparece el «yo» real y es inmediatamente aplastado. Cuando usted entienda más respecto de la falsa personalidad, comprenderá que está rodeado por ella. No puede ver nada sin los ojos de la falsa personalidad, no puede oír sin los oídos de la falsa personalidad, ni hablar sin la voz de la falsa personalidad. Todo va a través de la falsa personalidad, y el primer paso es conocerla, porque entonces usted sabrá cuánto de su vida ella ocupa.

La falsa personalidad no existe realmente, pero imaginamos que existe. Existe en sus manifestaciones, pero no como parte real de nosotros mismos. Es una combinación de «yoes» que no tienen base real, pero actúan y producen ciertos efectos. No trate de definirla, o perderá su camino en palabras, y debemos tratar con hechos. Las emociones negativas existen; sin embargo, al mismo tiempo no existen, puesto que para ellas no hay un centro real. Lo mismo ocurre con la falsa personalidad. Es una de las desgracias de nuestro estado que estamos llenos de cosas inexistentes.

Todo lo que hablamos ahora se refiere a la primera etapa: entender que no conocemos a la falsa personalidad, que a fin de conocerla debemos estudiar, que todo el trabajo que realizamos se cumple a expensas de la falsa personalidad, que todo el trabajo que podemos hacer sobre nosotros mismos significa disminuir el poder de la falsa personalidad, y que si empezamos a tratar de trabajar, dejando a la falsa personalidad sin perturbarla, a nada llegará todo el trabajo.

Lo repito otra vez: debe entender que la falsa personalidad es una combinación de todas las mentiras, rasgos y «yoes» que nunca pueden ser útiles en ningún sentido, ni en la vida ni en el trabajo: tal como las emociones negativas. Empero, la falsa personalidad dice siempre «yo» y se atribuye siempre muchas capacidades, como la voluntad, la consciencia de si, etc., y si no se la controla, permanece como un obstáculo para todo el trabajo.

P. D. Ouspensky: El cuarto camino, cap. VII