La falsa personalidad

La vida aporta pruebas para las personalidades. Suponga que usted piensa que algo le gusta muchísimo y luego la vida le pone en condiciones en las que usted puede disfrutar lo que pensó que le gustaba, pero en vez de ello descubre que no lo disfruta para nada, que sólo imaginó que le gustaba. Entonces podrá ver que esta personalidad era imaginaria.

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Las personalidades pueden dividirse. El autodesarrollo comienza con el centro magnético, esto es, con un grupo de «yoes» o con la personalidad interesados en ciertas cosas. Cuando un hombre encuentra una escuela, su centro magnético empieza a acumular conocimiento práctico y teórico, y experiencia que provienen del estudio del ser, y de este modo éste se convierte eventualmente en el Sub-mayordomo. Además de esta personalidad, hay otras personalidades, algunas de las cuales pueden desarrollarse, y algunas no concuerdan con ella para nada. De modo que algunas personalidades pueden unirse en el trabajo, otras son neutrales y, mientras no estén en el camino, puede permitírseles permanecer por algún tiempo, y algunas han de ser eliminadas. Cuando el centro magnético se transforma en Sub- mayordomo, usted efectúa ciertas decisiones, formula cierto objetivo, emprende cierto trabajo. Luego, puede averiguar cuál personalidad puede trabajar con él y cuál no. Si una personalidad está contra su objetivo y puede dañarlo, o no lo quiere, o no sabe de él, entonces evidentemente no puede trabajar con el Sub-mayordomo. De modo que pueden ser clasificadas, pero primero uno deberá conocerlas. Luego, cuando las personalidades son puestas en orden y agrupadas en torno del centro magnético (que significa Sub-mayordomo) producirán un efecto sobre la esencia precisamente por la existencia de aquéllas.

La conciencia toma parte en la formación del Sub-mayordomo, pero no puede decir que es el Sub-mayordomo, porque la conciencia es mucho mayor.

El centro magnético es el terreno desde el cual crece el «yo» permanente. A través de diversas transformaciones, el centro magnético se convierte mucho después en «yo» permanente. Es la semilla del «yo» permanente, pero sólo la semilla: primero ha de convertirse en algo enteramente diferente.

Ahora trate de entender la división más importante de todas para uso práctico. Es la división en «yo» y (por mí) «Ouspensky». ¿Qué es el «yo»? No tenemos un «yo» permanente como si estuviese opuesto a «Ouspensky». Pero todo nuestro interés en el sistema, todos nuestros esfuerzos en el estudio de sí y el desarrollo de sí, y lo que a veces se llama el «yo observador»… todo esto es el comienzo del «yo». Todo el resto es «Ouspensky» o «falsa personalidad». «Ouspensky» es nuestro cuadro imaginario de nosotros mismos, porque en él ponemos todo lo que pensamos de nosotros, que por lo general es imaginario. Todo el estudio desciende al estudio de este cuadro imaginario y a separarnos de él. De modo que ahora usted puede llamar «yo» a su valuación del sistema. Esto es «usted». De su actitud hacia el sistema, hacia el trabajo en el sistema, hacia el interés por el sistema, puede crecer el «yo». Sobre esta base puede separar al «yo» de la falsa personalidad. No hay garantía de que esté absolutamente en lo cierto, pero este método tiene gran valor práctico.

La falsa personalidad está siempre contra el trabajo para el desarrollo de sí y arruina el trabajo de todas las demás personalidades. Nunca puede ser útil.

Las personalidades (en plural) se mencionan en relación con la esencia, pues dije que la personalidad puede dividirse en diferentes personalidades que la componen. La división en esencia y personalidad es ahora meramente teórica y es sólo útil como principio, pues es difícil verla en uno mismo. No conocemos nuestras personalidades, de modo que empezamos estudiando desde los dos extremos. Primero estudiamos la personalidad que está conectada con el trabajo y que se desarrolló desde el centro magnético; y luego estudiamos la falsa personalidad, sobre una escala enteramente diferente. La falsa personalidad es opuesta a «usted», es su idea equivocada sobre usted mismo: exactamente lo que usted no es. Esta división es práctica, pues es necesario conocer claramente a qué se parece la falsa personalidad.

De modo que no debemos confundir la falsa personalidad con las personalidades, porque, aunque no son muy reales, las personalidades pueden basarse en inclinaciones reales, en gustos y disgustos reales, mientras la falsa personalidad es toda falsa y puede incluso pretender gustar de algo que a «usted» le disgusta o no gustarle algo que a «usted» realmente le gusta. Cuando usted habla de falsa personalidad, toma a «usted» como existente y a la falsa personalidad como no existente; cuando hablamos sobre personalidades, dejamos a» la falsa personalidad fuera de las conversaciones y discutimos diferentes divisiones de lo que consideramos que es «usted».

P. D. Ouspensky: El cuarto camino, cap. VII