La gran inclusión

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LA GRAN INCLUSIÓN

 La indagación la iniciamos descubriendo lo que no somos, pero no termina ahí. Después del sendero de eliminación viene lo que yo llamo la Gran Inclusión.

Al alejar nuestra identidad del pensamiento, de las creencias, de la personalidad y del ego, y al comprobar que existe algo más primario, nuestra identidad empieza a descansar en la conciencia.

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Tendríamos que impedir que la mente se aferrase a una idea que dijese:”Yo soy conciencia”. Aunque esa idea pudiese ser valiosa, sería otra limitación. Identificarse con la conciencia es, evidentemente, mucho más liberador que identificarse con una forma de pensamiento o con un ego o una personalidad. Que todos los demás sean conciencia también resulta muy liberador. Pero deberíamos evitar atascarnos en un nuevo concepto, en una nueva identificación. La “conciencia” no es más  que una palabra. También podríamos utilizar la palabra “espíritu”. La conciencia o espíritu es algo que no tiene forma, ni color, ni género ni edad o creencias. Trasciende todas esas cosas. La conciencia o el espíritu no es más que un modo de ser, una sensación vital que trasciende todas nuestras formas.

Yo estoy utilizando los conceptos de “conciencia” y “espíritu” con el mismo sentido. Si miras en tu interior te darás cuenta por ti mismo que la conciencia  o espíritu no ofrece resistencia alguna al pensamiento. El pensamiento existe, pero la conciencia no se resiste a él. La sensación existe, pero la conciencia no le ofrece resistencia. El ego-personalidad existe, pero la conciencia tampoco le ofrece resistencia. La conciencia no intenta cambiar las cosas; no intenta imponer nada. Empezarás a percibir en tu interior esta presencia de conciencia que no intenta alterar tu humanidad. No pretende alterarse y, lo que es igual de importante, tampoco pretende alterar a los demás. Esta conciencia es totalmente inclusiva. Es un estado de ser en el que toda está bien tal como está.

Paradójicamente, el ego-personalidad necesita aferrarse a este estado de no necesidad para lograr la armonía y la paz. El ego-personalidad necesita estar en permanente contacto directo con una presencia que no pretenda cambiarlo. A un ser humano le resulta sorprendente que su verdadera naturaleza no intente alterar su naturaleza humana. Así la naturaleza humana puede descansar y puede dejar de sentirse separada de su fuente. Comenzamos a sentir la unidad en nuestro interior. Dejamos de sentirnos divididos internamente porque podemos ver, en último término, que no existe ninguna línea de separación entre la conciencia, o espíritu, y nuestro ego-personalidad. En realidad no existe ninguna separación entre los dos.

Cuando nos relajamos en la conciencia o espíritu, empezamos a reconocer que eso es lo que somos, que eso es quien somos. Empezamos a ver que todo lo que existe es simplemente una manifestación del espíritu. Todo es una expresión del espíritu, ya sea la silla en la que estés sentado, el suelo sobre el que estés tumbado o los zapatos que lleves puestos. Todo es una expresión del espíritu: los árboles del exterior, el cielo, todo. Igualmente, tanto el cuerpo al que llamamos “tú”, como la mente, el ego y la personalidad son expresiones del espíritu.

Cuando nuestra identificación se queda atrapada en esta variedad de formas, el resultado no es otra cosa que el sufrimiento. Pero cuando nuestra identidad empieza a regresar al hogar de su conciencia, a través de la indagación y de la meditación, entonces todo queda incluido. Empezamos a verlo todo como una manifestación del espíritu, tu humanidad incluida, con sus respectivos puntos fuertes y débiles, y con todas sus extrañas peculiaridades. Te das cuenta de que tu humanidad no está separada en modo alguno de la divinidad de tu interior, que es lo que en realidad eres. Lo denomino la Gran Inclusión porque empezamos a darnos cuenta de que nuestra naturaleza más auténtica incluye la totalidad de nuestra experiencia humana, y que el cuerpo humano, la mente y la personalidad no son más que extensiones del espíritu, que de esta forma se puede mover por el mundo del tiempo y del espacio.

Pero hazme el favor de no intentar comprender esto con la mente. En realidad no podrás entenderlo con la mente. Este conocimiento reside en un lugar más profundo, en un sitio más profundo que nuestro interior. Existe algo más que lo entiende, algo más que sabe.

Adyashanti-MEDITACIÓN AUTÉNTICA