La iluminación es una verdadera posibilidad

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La iluminación es una verdadera posibilidad

La iluminación es una verdadera posibilidad  si se dispone de la información esencial y si se siguen determinadas líneas directrices. El propósito de estos capítulos es proporcionar la información necesaria. Pero esta meta debe excluir cualquier otra meta. No se puede perder el tiempo con distracciones astrales. El estudiante espiritual educado de hoy en día dispone de ciertas ventajas, ventajas decisivas y críticas, de las que no disponían los estudiantes del pasado. Del mismo modo que, antes de que se perfeccionaran los instrumentos de navegación, varias generaciones de marinos y exploradores perdieron la vida en sus intentos, la inmensa mayoría de la humanidad, a lo largo de los siglos, perdió el camino por carecer de la información necesaria para un desarrollo espiritual decisivo.

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Como sabemos por los estudios que hemos hecho, el nivel de consciencia de la humanidad ha permanecido durante muchos siglos en el 190, manteniéndose durante los últimos mil años en la esfera de la no integridad. Ha sido recientemente cuando ha cruzado la línea crucial del 200, hasta llegar al actual nivel en 207, lo cual supone una nueva era para el futuro de la humanidad.

Tradicionalmente, existen dos senderos espirituales en general: el de la iluminación gradual y el de la iluminación repentina. El sendero gradual es el de las religiones tradicionales, mediante las cuales uno busca la purificación espiritual con la ayuda de un maestro, un gran maestro o un avatar, como luz orientadora y salvador. El camino de la iluminación repentina se da a través de la estricta adherencia a la conciencia espiritual y a los datos de la consciencia, de tal modo que se trasciende la personalidad (el ego) en lugar de perfeccionarla. En la práctica, el sendero de la perfección gradual pasa por saltos súbitos de conciencia, y el sendero de la iluminación repentina (como el del Zen) viene acompañado por una progresiva perfección de la personalidad.

David R. Hawkins: El ojo del Yo, cap. 18