La mente no es fiable

Una cosa es obvia: la mente no es nada fiable. No se puede depender de ella en absoluto. No es capaz de ser constante, y su actuación es esporádica, así como errática. Se olvidara de llevarse las llaves de la oficina, olvidara números de teléfono y direcciones, y será fuente de frustraciones y molestias. La mente está contaminada de emociones, sentimientos, prejuicios, puntos ciegos, negativas, proyecciones, paranoias, fobias, miedos, pesares, culpas, preocupaciones, ansiedad y de los temibles espectros de la pobreza, la vejez, la enfermedad, la muerte, el fracaso, el rechazo, la pérdida y el desastre. Y, además de todo lo anteriormente dicho, también se ha programado a la mente de forma inocente y errónea con multitud de propaganda, reclamos políticos, dogmas religiosos y sociales, y distorsiones constantes de hechos, por no mencionar las falsificaciones, los errores de juicio y la desinformación.

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Hasta las instituciones sociales tradicionales, cuidadosamente orquestadas y disciplinadas, como los procedimientos legales, los juicios y los procesos legales, están llenas de errores (como han demostrado con toda crudeza las pruebas de ADN). Hasta los testigos oculares se equivocan completamente una y otra vez. Pero, por encima de todo, el principal defecto de la mente no estriba solo en sus contenidos, normalmente irrelevantes o equivocados, sino en que no tiene modo de discernir la verdad de la falsedad. La mente no es más que un tablero de juego.

David R. Hawkins: El ojo del yo, cap. 7