La presencia

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La Presencia

La mente y toda sensación de un yo personal desaparecieron. Durante un instante abrumador, todo aquello fue sustituido por una omniabarcante consciencia, una conciencia radiante, completa, total, silenciosa y serena, como la esencia prometida de “Todo lo que es”. El exquisito esplendor, la belleza y la paz de la Divinidad brillaron con intensidad. Era algo autónomo, final, intemporal, perfecto, el Yo de lo manifestado y lo no manifestado, la Divinidad Suprema, y así permaneció…

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La Presencia es un continuo que ocupa por completo lo que previamente, para la percepción ordinaria, parecía un espacio vació. Esa Conciencia interior no es diferente del Yo, pues impregna la esencia de todo. La Conciencia es consciente de su propia consciencia y omnipresencia. La existencia y su expresión, tanto en su forma como en su informalidad, es Dios, e impera igualmente en todos los objetos, personas, plantas y animales. Todo se halla unido por la divinidad de la existencia.

Esa Esencia penetrante lo incluye todo sin excepción. Los muebles de la habitación son iguales a las rocas o a las plantas en su importancia o trascendencia. Nada queda fuera de la Totalidad omniabarcante, total, completa, que no carece de nada. Todo es de igual valor, porque el único valor real es la divinidad de la existencia.

Eso que es el Yo es total y completo, y está igualmente presente en todas partes. No existen necesidades, deseos o carencias. Ninguna imperfección ni discordia es posible, y todo objeto parece una obra de arte, una escultura de belleza y armonía perfectas. La Sacralidad de toda la Creación es la reverencia que todas y cada una de las cosas muestran por todas y cada una de las demás. Todo se halla imbuido de un gran esplendor, y todo guarda silencio en su sobrecogimiento y reverencia. La Revelación infunde una serenidad y una Paz infinitas.

DAVID R. HAWKINS: EL OJO DEL YO

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