La vida despierta

 

¿Qué se siente al vivir una vida despierta?

Mientras el mundo está tratando de resolver sus problemas y  todos los que te rodean están ocupados en lo mismo, tú no. Mientras todos a tu  alrededor están tratando de entender, tratando de llegar, tratando de  «llegar allí», tratando de ser digno, tú no. Mientras que todos  piensan que el despertar es una gran cosa, noble y misteriosa, tú no. Aunque  todos están huyendo de esta vida ahora mismo, en este momento, tratando de  llegar allí, tú no. Cuando todos discuten con algún otro, en su mayoría con  todo el mundo, empezando por ellos mismos, tú no. Cuando todos están tan  seguros de que la felicidad llegará cuando algo sea diferente de lo que es  ahora, tú sabes que no. Cuando todos están tratando de alcanzar el estado perfecto  y aferrarse a él, tú no.

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Cuando todos los que te rodean tienen una gran cantidad de  ideas y creencias acerca de una gran variedad de cosas, tú no. Todos en el  camino tratan de llegar allí; tú no has llegado a ninguna parte. Todos están  subiendo la montaña; tú estás abajo vendiendo botas de montaña y piquetas con  la esperanza de que si suben y vuelven a bajar, puedan estar demasiado cansados  como para subir de nuevo. Cuando todos están buscando el próximo libro, el  próximo maestro, al próximo gurú que les diga lo que es real, que les de la  llave secreta para una vida despierta, tú no. Tú no tienes una llave porque no  hay una cerradura donde meterla.

Cuando estás viviendo lo que eres de manera despierta,  siendo simplemente lo que siempre has sido, eres realmente muy sencillo.  Básicamente te sientas preguntándote por qué tanto alboroto.

Cuando todos están por ahí diciendo: «Espero que me  ocurra a mí,» tu recuerdas cuando hacías eso. Te acuerdas de que no  encontraste una solución para eso. Te acuerdas de que toda la idea de que había  un problema creó todo eso.

Cuando estás siendo lo que eres, cuando estás viviendo la  vida despierta, no hay nadie a quien perdonar, porque no hay lugar para el  resentimiento, no importa lo que pase.

La verdad de tu ser no anhela la felicidad; realmente le  trae sin cuidado. No anhela el amor, no porque estés lleno de amor, sino porque  simplemente no anhela el amor. Es muy sencillo. No trata de llamar la atención,  ni ser bien considerado, ni comprendido. Cuando estás viviendo lo que eres de  manera despierta, ya no hay ideal que alcanzar. Has recorrido todo el ciclo del  sufrimiento, del llegar a ser; no estás interesado.

Es una curiosa vida en la que te encuentras. Te  encuentras… donde tú estás. No donde yo estoy, donde tú estás. Donde tú  realmente estás. Donde realmente somos. Es un lugar curioso para ser/estar  (sobre todo al principio), no para ser dirigido por nada, placer o desagrado,  ayuda o dolor, amar u odiar. Lo única cosa que te mueve (y no pretendo ser  demasiado poético con esto) es la misma cosa que mueve una hoja que pende de un  árbol. Es simplemente porque la brisa sopla de esa manera. Así que siempre  sabes lo que hacer: La brisa sopla de esa manera, y esa es la manera que tú  vas. Ya no haces más preguntas. No evalúas por qué el viento sopla de esa  manera porque sabes que no sabes por qué. Y sabes que no puedes saber por qué.  Nunca ha habido una hoja en cualquier parte que sepa por qué el viento sopla de  esa manera en ese día en ese momento. Esa brisa cambia la orientación de tu  vida, momento a momento a momento, simplemente porque esa es la manera que la  vida se mueve. Y cuando estás viviendo en tu ser despierto no tienes ningún  argumento con la manera en que (la vida) se está moviendo, porque es lo mismo  que tú eres.

Y sabes que la brisa siempre estuvo ahí, desde el principio,  y que no estaba reservada para gente especial. Si no te diste cuenta en algún  momento de tu vida, sabes que fue porque no estabas escuchando, o porque  pensabas que tenías que encontrar algo mejor antes de que pudieras escuchar, o  porque pensabas que tenía que haber alguna conclusión antes de poder escuchar  tan profundamente, sin prioridades, sin esperanza de un futuro mejor para  sentir el movimiento.

Muchos de ustedes saben de lo que estoy hablando.

La verdad nunca explica por qué se está moviendo de esa  manera en ese momento. Y si le preguntas, no dará ninguna información. Sería  como una hoja preguntando al viento, «¿Por qué te estás moviendo de esta  manera en este momento?» La pregunta no tiene ningún sentido para el  viento.

Pero tu argumento con la manera como la verdad se mueve —lo  que sea que esa manera es— ya no está ahí para ti. Ya no discutes sobre ello.  Ya no estás tratando de entenderlo. La Madre María no lo entendió. Buda no lo  entendió. Ramana no lo entendió. Ninguno de ellos lo entendió. Ellos sólo se  convirtieron en Eso. Simple. Ordinario —de la misma manera que una hoja es  ordinaria.

Cuando vives en tu ser despierto y vives de una manera  despierta, el poder a cualquier nivel no es un problema para ti. No es  interesante. El poder de controlar a otro ser humano no es interesante. El  poder intelectual no es interesante. El poder de controlarse a uno mismo no es  interesante. El poder que la gente quiere darte no es interesante para ti —no porque  no debería ser; sino sólo que no. ¿Qué te gustaría hacer con él? Ya ves que no  hay nada que quieras hacer con él.

Te das cuenta, en la verdad de tu ser, que eres la totalidad  misma, pero que no tienes ningún interés en absoluto en hacer algo con ese conocimiento,  con el uso de ese conocimiento.

Por último, te das cuenta de que realmente no quieres  cambiar a nadie, no porque no deberías querer cambiarlos, sino porque  simplemente no lo haces. Es posible que no quieras andar por ahí con todo el  mundo, pero aun así no quieres cambiarlos.

Nada de esto es un ideal —es el final de los ideales. Nada  de esto es santo, es el final de la santidad. Es el principio de la totalidad  (1). Nada de esto es algo que alcanzar, porque no es alcanzable. Es simplemente  lo que es en la verdad de tu ser. Es simplemente lo que es. No se puede  alcanzar lo que naturalmente es. Y nadie en ningún lugar nunca puede decirte  cuándo ni por qué, ni en qué medida dejaste la mentira; la dejaste cuando la  dejaste, generalmente cuando nada más funciona.

Cuando vives de manera despierta, en el ser despierto que  eres, estás solo, pero al fin y al cabo estás confortable de esa manera. Estás  solo, pero no estás solo en absoluto, porque el único que se supone que te  conoce donde estás —el único que alguna vez podría conocerte donde estás al  cien por cien— eres tú. Nadie más podría conocerte plenamente dónde estás —tal  vez al noventa por ciento, tal vez noventa y cinco. Nadie puede conocerte  plenamente más que tú. Cuando finalmente lo haces, entonces no necesitas a  nadie más que lo haga por ti. Entonces estás solo, más solo de lo que podrías  imaginar. Y extrañamente —muy extrañamente— estás más conectado, más íntimo,  más en unidad con todo. Más. Y nunca habrías pensado que ambos podrían de  alguna manera estar juntos: soledad total y unidad total. Nunca hubieras  adivinado que esa es la forma en que terminaría. Pero lo hace, y siempre lo  hará.

Escrito por Adyashanti