Las cosas pueden cambiarse

El sistema muestra cómo las cosas pueden cambiarse y realizarse de modo diferente, y desde dónde puede empezarse. Incluso con el sistema esto es tremendamente difícil, pero sin el sistema es imposible, absolutamente imposible. Cuando comprendan eso, empezarán a entender el valor del sistema, porque con el sistema hay una oportunidad, sin el sistema no hay ninguna oportunidad.

 

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Esta idea de que no podemos «hacer» es importantísima y debemos volver a ella siempre. Todo «sucede». La gente no puede «hacer» nada. Desde el tiempo en que nacemos hasta el tiempo en que morimos suceden, suceden y suceden cosas, y pensamos que estamos haciendo. Este es nuestro estado natural en la vida, y hasta la mínima posibilidad de hacer algo llega solamente a través del trabajo, y primero solamente en uno mismo, no externamente. Incluso en uno mismo, «hacer» comienza muy a menudo con no hacer. Antes que puedan hacer algo que no pueden hacer, deberán no hacer muchas cosas que hicieron antes. Por ejemplo, no podrán despertarse queriendo tan sólo despertarse, pero podrán impedirse dormir demasiado y demasiado tiempo.

Sólo podemos «hacer» las cosas en relación con nosotros mismos: estas son las cosas con las que hemos de empezar. Pero nunca empezaremos a estudiarnos, mientras pensemos que podemos «hacer». Esta es una de nuestras máximas ilusiones.

Estas cosas pequeñas suceden de acuerdo con ciertas circunstancias definidas que las controlan. Piensa que usted las controla, pero en realidad ellas suceden. No podemos «hacer» porque estamos dormidos ¿Las personas dormidas cómo pueden «hacer»? Es necesario despertar; cuando uno está despierto, puede «hacer». «Hacer» es mágico.

Pensamos que podemos tomar cierta decisión y actuar en consecuencia. En realidad, no estamos controlados por las decisiones internas sino por las influencias externas. Si la decisión interna corresponde a la influencia externa, lo haremos; de otro modo, no lo haremos. Pero podemos crear en nosotros los poderes para «hacer». La naturaleza nos hizo máquinas que actúan bajo influencias externas, pero con una posibilidad de desarrollar nuestro propio motor. Si no hay un motor interior, estaremos siempre girando en el mismo lugar.

Las personas piensan que pueden «hacer» porque a veces hacen ciertos planes y realmente consiguen lo que querían. Pero esto sólo significa que se introdujeron en cierta corriente de acontecimientos y las cosas sucedieron de modo que coincidieron con su plan. Cuando las cosas suceden de esa manera pensamos que lo hicimos, que trazamos un plan e hicimos todo según este plan. En realidad eso no significa que eso lo hicimos adrede o a sabiendas, y eso no significa que uno pueda escoger una corriente de acontecimientos u otra corriente; es tan sólo un accidente. En toda clase de trabajo, en los negocios, en los viajes, etc., a veces sucede que las cosas marchan prósperamente, pero esto sólo significa que en un momento dado, en un lugar dado, las cosas marcharon mecánicamente en cierto sentido: nada más.

Nos es difícil comprender, por ejemplo, que cuando las personas construyen un puente eso no es «hacer»; es sólo el resultado de todos los esfuerzos anteriores. Es accidental. Para entender esto, deberá pensar en el primer puente que Adán construyó y en toda la evolución del puente. Al principio, eso es accidental: un árbol cae a través de un río, luego el hombre construye algo por el estilo, etc. La gente no está «haciendo»; una cosa proviene de otra.

Estamos tan acostumbrados a pensar que las cosas podrían ser diferentes que no tratamos de cambiar las cosas que podríamos cambiar. Podemos cambiar hoy, pero ayer terminó. Si cambiamos hoy, mañana las cosas pueden suceder de manera diferente. Esto parece una contradicción, pero es precisamente nuestra creencia de que las cosas pueden ser diferentes lo que nos impide hacer lo que podemos para tornarlas diferentes.

Cuando uno empiece realmente a entender que no puede «hacer», necesitará una gran cantidad de valor. Eso provendrá de librarse de la falsa personalidad. Uno no llega a este entendimiento tan sólo de ese modo. Aquello llega luego de algún tiempo de trabajo sobre uno mismo, de modo que cuando uno llega a darse cuenta de esto, tiene además muchas otras captaciones; principalmente, que hay modos de cambiar si uno aplica el instrumento correcto en el lugar correcto y en el tiempo correcto. Uno deberá tener estos instrumentos, y asimismo, éstos sólo los da el trabajo. Es importantísimo llegar a darse cuenta de esto. Sin ello, uno no podrá hacer las cosas correctamente; uno se excusará.

P. D. Ouspensky: El Cuarto Camino, cap. X