Liberarse de la culpa

 

Liberarse de la culpa

¿Y qué si deseas liberarte de la culpa? ¿Qué si deseas liberarte del descontento que te con­duce a casa? ¿Qué si decidieras estar libre de eso? ¿Cómo puedes hacerlo? TU LO HACES EN LA RELACIÓN CON EL HIJO DIOS. ¿Qué si fueras capaz de abrirte a la Visión del Es­píritu Santo, la Visión de Cristo? Que si fueras capaz de entender que no importa, no impor­ta la lección, no importa la acción, no importa el pensamiento, no importa la palabra, no im­porta nada, sin excepción. ¿Qué si fueras capaz de entender que cualquier cosa que parecie­ras experienciar en la presencia del Hijo de Dios, fue siempre, siempre impulsado por la se­ñal de luz, por la presencia del Amor que lenta e incesantemente está llevándote a tu casa?

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Recuerda, si encontraras el presente, si liberaras el pasado, si liberaras el futuro de la creencia de que lo ha causado el pasado, tú elegirías mirar al Amor en lugar del miedo. ¿Y qué si miras a tu propia vida, y fueras capaz de interpretar cada pensamiento, cada acción, cada palabra como nada más, como lo que has hecho solo para ayudarte a encontrar tu hogar adentro? ¿Entonces puedes mirar al Hijo de Dios con amor, ya sea a tu hermano o a ti mis­mo? Y te digo, por supuesto que puedes.

Si quisieras liberarte de la culpa, debes liberar a tu hermano de su culpa. Y haces eso al ver todo lo que te ofrece como un regalo de amor. Y aun cuando se haga difícil para ti hacer eso, comprende que cada acción tomada por el Hijo de Dios es con el propósito de guiarlo a casa. Algunas veces, de hecho a menudo, los caminos que puedes elegir son simplemente con el propósito de ayudarte a entender, que ese camino en particular NO es el camino a la paz. Y en tu tiempo, lo creas o no, cada uno de ustedes aprenderá que si no es de paz, no es digno de repetir.

Y así, es aún el Amor lo que te guía cuando ejecutas tu creencia en la separación, cuando eliges algunas calles ciegas con el propósito de aprender lo que no es el Amor. Y así aprende­rás que el descontento que tú sientes es solo eso que te guía de regreso a casa y te guía hacia la paz.

Es muy importante que entiendas que debes estar dispuesto a mirar a cada hermano, SIN EXCEPCIÓN, para que te líberes de la culpa. No puedes seleccionar ALGUNOS DE tus her­manos. No puedes seleccionar los que parecen ser parte del Hijo de Dios, ver sus acciones, palabras y pensamientos como amor y de otros decir que no son así. Porque si haces eso, es­tás haciendo al amor especial. Estas seleccionando. Y estás fortaleciendo tu creencia en la se­paración.

Para ser verdaderamente liberado de tu propia culpa, para ser liberado del descontento que te conduce a casa, si quieres descubrir la paz del Cielo, entonces hazlo así, entiende que no hay pasado, solo este momento. Y en este momento, el regalo que el Hijo de Dios te trae y que te traes a ti mismo, es y debe ser, un regalo de Amor. Porque no hay nada más que traer o dar. Comprende que todo, en espacio y tiempo, no importa lo torpe o tonto que parezca, es impulsado por la luz interna, que constantemente susurra en la mente del Hijo de Dios, «No estás en casa en este mundo. Y el camino a tu felicidad, el camino al Amor, el camino a la paz, es distinto del que sigues en este momento». Comprende que siempre es un regalo de Amor, puesto dentro de la mente del Hijo de Dios por EL Mismo, junto con la Voluntad de Dios. Y sobre todo, comprende que es el regalo de Amor a la Integración que es el Hijo de Dios.

Y cuando hagas eso, cuando te liberas de la culpa, al darte cuenta que la culpa imaginaria que te impulsaba a todo, es solo la presencia del Amor, susurrando en lo más profundo de tu mente, cuando puedas ver en cada hermano, cada acción, como Amor y te abras a eso, enton­ces eso es lo que tu verás, y lo que fomentarás. Y eso es lo que descubrirás que entra en tu vida. Porque tu fomentas a lo que le tienes fe, en lo que crees y en lo que experiencias. Por­que tal es la ley de la mente.

Entonces lo que vendrá a ti, sin esfuerzo, es la disposición a simplemente aceptar, con amor, al Hijo de Dios. Lo que vendrá a ti, sin esfuerzo, es la disposición a confiar en tus her­manos que verdaderamente son Uno contigo. Lo que vendrá a ti, sin esfuerzo, es la disposi­ción a, en cada circunstancia, abrir tu ser a la presencia del Amor, a la presencia del Espíritu Santo, al discernimiento de Dios. Porque no hay nada más que entender. Ya que Dios es Todo Lo Que Es.

Y en aquellos momentos cuando esa visión se hace tu elección, te darás cuenta que el des­contento intimo se ha ido. En esos momentos estarás en paz. Cuando te abres al Amor, cuan­do honras al Hijo de Dios que es Amor, cuando abres tu corazón y tu ser a él, te abres verda­deramente a la paz de Dios, a la paz del Cielo.

Y entenderás en esos momentos que, verdaderamente, la culpa se ha ido. Ya no necesita­rás más que te aguijonee hacia el descontento, que es el amor enmascarado. Ya no necesitas más eso, o todas esas historias que has hecho sobre seres separados de ti mismo, que han he­cho de ti lo que tú eres.

Solo estarás consciente de tu libertad. Profundo adentro te darás cuenta de una dulce voz que te habla de paz, que te canta una canción de integración y de unión que no sabe de sepa­ración, ni de la insanidad que tratas de imaginar. Simplemente sabrás, en esos momentos de paz, de silencio y de amor, lo que eres verdaderamente, que eres el Hijo de Dios.

Brent A. Haskell: La otra voz