Los Ángeles y el cuerpo astral. Ariman

Todo esto guarda relación con algunos secretos específicos de la evolución. Tal como sabéis, los seres Luciféricos han permanecido inamovibles en otras etapas de la evolución e introducen un elemento que resulta totalmente extraño al proceso evolutivo considerado como normal. Si están tan interesados en apoderarse del ser humano para que este no pueda desarrollar su libre albedrío es porque ellos mismos no han logrado conseguirlo.

Advenimiento01 - Los Ángeles y el cuerpo astral. Ariman

El libre albedrío únicamente puede adquirse en la tierra, pero los seres Luciféricos no quieren tener nada que ver con la Tierra; tan sólo desean involucrarse en la evolución de Saturno, el Sol y de la Luna, y permanecer en estas fases. En cierto sentido, odian el libre albedrío del hombre. Su forma de actuar es muy espiritual, pero es automática- este es un punto muy significativo- y quieren elevar al ser humano hacia su propias cumbres espirituales, convirtiéndolo en un autómata, en un ser espiritual, si, pero automáticamente espiritual. Este es uno de los motivos por los que puede existir el peligro de que, de forma prematura, y antes de que su alma espiritual funcione plenamente, el hombre pase a convertirse en un ser cuyas acciones sean de un niño espiritual y permanezca dormido ante la inminente revelación.

Pero además, los seres Arimánicos intentan ocultar esta revelación. No se esfuerzan en absoluto por conseguir que los humanos sean particularmente espirituales, sino que más bien pretenden apagar en él la conciencia de su propia espiritualidad. Se empeñan en infundirle la convicción de que no es más que un animal desarrollado, es decir, un animal racional. En realidad, Ariman (1) es el maestro par excellence del darwinismo materialista también es un gran maestro en todas estas búsquedas técnicas y prácticas relacionadas con la evolución de la tierra en las que impera un rechazo por reconocer la validez de todo, a excepción de la vida externa de los sentidos, donde el único deseo es el de lograr una avanzada tecnología que permita que la humanidad pueda satisfacer su hambre, su sed y otras necesidades de la misma forma que los animales, aunque con mayor refinamiento. Destruir y nublar en el hombre la consciencia de que está hecho a imagen y semejanza de Dios, este es el esfuerzo que están realizando los seres Arimánicos, a través de todo tipo de sutiles medios científicos, para poder alcanzar su objetivo durante nuestra época del Alma espiritual.

En épocas anteriores, a los seres Arimánicos les habría resultado totalmente inútil intentar disimular la verdad por medio de este tipo de teorías. ¿Y por qué? Incluso durante la época Greco-Latina, y aún más en la época anterior, cuando todavía se conservaba las imágenes de la clarividencia atávica, el hecho de cómo se pensase resultaba totalmente indiferente: poseía sus propias imágenes y estas imágenes eran como ventanas a través de las cuales examinaba el mundo espiritual. Todo cuanto Ariman hubiese podido insinuar al hombre con respecto a su relación con los animales no hubiese afectado en nada su modo de vida. Por primera vez, durante nuestra quinta época Post-Atlántica, a partir del siglo XV, el pensamiento pasaba a convertirse en algo poderoso, aunque también podríamos decir que poderoso… ¡a causa de su ineptitud!

Tan sólo a parir de entonces, el pensamiento ha sido capaz de conducir al Alma espiritual hacia el reino del espíritu pero, al mismo tiempo, y como contrapartida, a veces también le ha impedido el acceso al mundo espiritual. Únicamente ahora estamos experimentando la época en la que una teoría o una ciencia, por medio de la consciencia, despoja al ser humano de su divinidad, de su consciencia de lo Divino. Esto es sólo posible en la época del Alma Consciente o Espiritual. Por ello, los espíritus Arimánicos se esfuerzan por propagar unas enseñanzas que ocultan el origen divino del ser humano.

(1)   «Ahriman» (del nombre de la antigua Persia «Angra Mainyu», dado por el prehistórico Zarathrustra.) Podríamos considerar que Ahriman es el mismo al que normalmente se llama «Satanás», sólo que el concepto «Satanás» está muy confundido y mal entendido.

Rudolf Steiner: Los Ángeles y el cuerpo astral